El Mensaje de Otros Mundos, [audio 1/2]

Eduardo Pons Prades falleció en 2007 dejando tras de si una vida de absoluto compromiso libertario, una dilatada bibliografía y siendo la voz más autorizada dentro de la historiografía de la lucha republicana. Su libro “El mensaje de otros mundos”, alejada en temática del resto de su obra, fue publicado en 1982 y no volvió a ser reeditado.

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El Mensaje de Otros Mundos

Uno de los aspectos más fascinantes del complejo y polifacético fenómeno ovni está representado por las abducciones, o supuestos secuestros de seres  humanos a bordo de naves extraterrestres. Existen actualmente varios centenares de casos conocidos y estudiados de abducción en todo el mundo, pero es posible que su número sea muy superior, atendiendo a las características intrínsecas de la abducción. Entre éstas, figura la «amnesia» del sujeto abducído que en ocasiones es total y en otras solamente parcial. Gracias a las técnicas de la regresión hipnótica, en muchos de estos casos se ha conseguido extraer de la mente subconsciente del testigo los recuerdos bloqueados en ella. El cuadro que entonces aparece a nuestros ojos presenta siempre unas impresionantes concordancias: el sujeto se encuentra en el interior de una nave espacial donde unos seres humanoides (generalmente de pequeña estatura y gran cabeza) lo someten a un «reconocimiento médico» detallado, antes de soltarlo tras borrarle todo recuerdo de  lo  sucedido  de su mente consciente. Por primera vez en España se recogen en esta obra los mejores casos mundiales de abducción, más tres casos españoles prácticamente inéditos, entre los que figura el de Julio F., el cazador abducído con su perro en Soria. ¿Estamos siendo estudiados y examinados, pues, por unos misteriosos visitantes del espacio exterior? Esta es una posibilidad que no puede descartarse en absoluto, después de leer este libro documentadísimo y apasionante… uno de los más comprometidos de este investigador serio y riguroso que es Antonio Ribera.

PRÓLOGO
Vivimos una época maravillosa, pero el espíritu del hombre está tan ocupado en el rendimiento, el éxito, la destrucción, que descuida lo que acaso sea la mayor posibilidad del género humano.
Genevieve Venquelef, profesora universitaria.
Si hace tan sólo cuatro o cinco años alguien me hubiese dicho que un día yo prologaría un libro como éste, hubiera creído que se burlaba de mí. De mí, sí, del «investigador serio, aséptico». (no escéptico) que lo tomaba todo a beneficio de inventario, y que consideraba delirantes la mayoría de las historias de contactees, por decirlo con la palabreja norteamericana. Pues hete aquí que ahora estoy prologando el libro de un contactee. ¿Qué puede haber ocurrido para que Antonio Ribera se decida a dar tal paso? Pues han ocurrido muchas cosas: Antonio Ribera ha escrito, para empezar, un libro[1] sobre abducciones, sobre posibles secuestros de seres humanos por extraterrestres. La preparación de este libro me ha puesto en contacto con casos y personas que relatan historias increíbles. («Personas creíbles cuentan historias increíbles», según la afortunada frase del doctor Hynek). Por otra parte, a mi conocimiento han llegado cada vez más noticias acerca de personas que, muchas veces sin ellas saberlo, al parecer han sido contactadas. Se diría que una vasta operación se está desarrollando en el planeta Tierra, cuyo objetivo, como señala el doctor Leo Sprinkle, sea acaso el de crear «ciudadanos cósmicos». Pero por lo menos es el de «programar» —la palabra «manipular» no me gusta— a determinados semejantes nuestros, con finalidades que por ahora se nos escapan. Uno de ellos, Julio F., del cual me ocupo extensamente en mi libro citado, se ha convertido ya, según las certeras palabras de José Antonio Campaña, en una especie de «centralita galáctica». Algo está pasando, desde luego, y algo muy gordo. Algo que discurre por cauces semiocultos por ahora, por debajo de la «historia oficial» que creen vivir los políticos vocingleros y escribir los historiadores al uso. Porque yo creo que ésta es —y ésta será— la verdadera historia de nuestra época. A principios del siglo XXI —tan cercano ya— quizá sea ésta la historia que se recuerde y no la de las politiquerías.Y de esta historia oculta, subterránea, acaso formará parte importante el encuentro de Pons Prades con unos «extraterrestres» en las montañas de la Cataluña Norte, cerca del núcleo magnético del Canigó, donde se sitúa el encuentro, también, del montañero Jaume Bordas Bley con un ser que quizá venía, también, «de arriba». Treinta años después, el encuentro se ha repetido, pero esta vez con «bombo y platillo» (perdón por el chiste facilón). Alguien, procedente del Cosmos, dio un mensaje a un hombre sencillo, inteligente, honrado (por favor, dejémonos de una vez del extranjerismo honesto, que antaño sólo tenía que ver con el pudor); viejo luchador por causas nobles y perdidas; quijote él, como buen celtíbero, puro de corazón, como ellos los quieren. (Que yo sepa jamás han contactado con un político, con un militar de alta graduación o con un obispo; ni, curiosamente, tampoco con un científico; quizá porque a la ciencia terrestre la ahoga la soberbia).
¿Es «verdad» lo que contaron Cyrano, Fontenelle o Voltaire? ¿O, antes que ellos, lo que contó Luciano de Samosata?[2] ¿Los Viajes de Gulliver fueron de verdad? ¿Y él Quijote? Ya sé, por supuesto, que luego vendrán los sempiternos santotomases, preguntando: «Pero esto, ¿es verdad?». «Si no es verdad —les contestaría yo—, merece serlo». ¿Son «verdad» las historias de Shakespeare? ¿Es verdad lo que pasa en el mundo de la fábula? El largo historial libertario de Pons Prades hace que algunas de las cosas que nos cuenta puedan parecer sospechosas, y se puedan atribuir a su ideología. ¿Pero, es esto así, o fue «escogido» precisamente por eso, en base a esa ideología? ¿Cómo podemos saberlo? ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? Es la primera vez, que yo sepa, que ellos —sean quienquiera que sean ellos— han contactado a un hombre de matiz ideológico definido. Pero se da la casualidad —¿o no es casualidad?— que esa ideología, que esa forma de ver y entender la vida, se «imbrica». (sé que este verbo le gusta a Pons Prades) maravillosamente con lo que pudiéramos llamar «la sociedad cósmica». Si no nos atrevemos a más, pues dejémoslo así: como lo que antaño se llamaba una «fábula moralizante». Aunque yo creo que es más, mucho más. Yo, repito, no creía, hasta hace muy poco, en los mensajes «mesiánicos». Pero es que en el que ese «alguien» confió a Pons Prades hay algo que lo hace diferente. Señores, no estamos en presencia de un Siragusa[3] cualquiera. Aún hay clases. Pons Prades no se ha apresurado a montar un tinglado publicitario, una «Hermandad Cósmica» cualquiera, con su alucinante experiencia. Se ha limitado a recoger el mensaje, a transcribirlo y a relatar el episodio, humildemente, sabiéndose transmisor, y nada más que transmisor, en este libro que da tanto que pensar. Porque es eso lo que todos tenemos que hacer: ponernos a pensar… y a andar. Eso sí, recordando siempre la advertencia de Antonio Machado: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar».

Antonio Ribera, Sant Feliu de Codinas, febrero de 1982.

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