LOS OVNIS EN LA MENTE, Conclusión

Estaba terminando de escribir este libro y estaba teniendo en cuenta el hecho de que toda esta historia me había cambiado profundamente. Ya no era el mismo que cuatro años antes, cuando me había hecho a la idea de ver claramente la abducción. La hipnosis hecha con Moretti me había llevado a desarrollar una especie de extraña atención a nuestros pacientes que, ahora me dirigía a todos, a todos los que conocía: los miraba, como posibles abducidos, con gran tristeza.

El trabajo en el Departamento se había vuelto cada vez más pesado y, a veces absurdo. Me preguntaba para qué servía trabajar en el campo de la investigación química, mi competencia, cuando en el exterior, más allá de la ventana, se hacían cosas atroces sobre las que no podía hacer absolutamente nada. A veces leo en los ojos de mis estudiantes una pregunta del tipo «¿Por qué me mira de esa manera?» y no sabía cómo responder, seguramente no podía decir que tenía miedo por ellos, no lo habrían entendido.

Estaba ensimismado en estas reflexiones cuando sonó el teléfono. Fui a contestar: se trataba de una amiga mía, periodista, a quien había introducido hace mucho tiempo en la problemática Ovni y las abducciones, con quien mantenía continuos debates sobre el tema. Beatrice Bardelli me telefoneaba para ponerme al corriente de una extraña historia que había oído durante la redacción de un artículo suyo sobre el aeropuerto de Pisa. En esa ocasión, me dijo, que habló con alguien que, entre otras cosas, había demostrado estar muy interesado en el problema OVNI del principiante.

Esta persona, por razones obvias, no me permitiré decir su nombre, le había confesado que siempre había estado interesada en este problema no sabiendo dar una explicación racional y plausible a tan desmesurado interés. Bardelli me dijo por teléfono que el interés en el problema OVNI nació en el hombre cuando era un niño, y que solía tener sueños extraños.

Algunos seres pequeños, grises, con ojos grandes, de poco más de un metro de altura y con cuatro dedos en las manos, le hacían extrañas operaciones quirúrgicas tendido en una extraña cama de hospital: una vez incluso soñó que con una extraña aguja le pincharon, por detrás, en la espalda, pero grande fue el asombro cuando al día siguiente, el inocente testigo descubrió que el punto donde, en el sueño, le había sido practicada la punción, allí, en el mismo lugar, había una cicatriz que daba un buen espectáculo por si misma.

Di gracias a mi amiga periodista, colgué el teléfono. La cabeza me daba vueltas …

 

1 comentari

  • Manel

    28/08/2018 21:34

    Hola, estic interessat en conèixer persones afins a la investigació del Dr. Corrado Malanga, el meu e-mail de contacte és manelroig@protonmail.com

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