Teoría de la Conciencia, DAVID CHALMERS

BARBARA GOJLIK
BOUCHRA OUKACHA
CRISTINA DUMITRACHE
PAULA SÁNCHEZ PIAZUELO

  1. LA TEORÍA DE LA CONCIENCIA

¿Qué es la conciencia? ¿Cómo podemos entenderla?

La experiencia consciente es, al mismo tiempo, lo más familiar del mundo y lo más misterioso. De ninguna otra cosa tenemos un conocimiento más directo que de la conciencia, pero al mismo tiempo es un tema que para la ciencia ha sido muy difícil para estudiar y conceptualizar; varias disciplinas han intentando estudiar este fenómeno, una de ella es la filosofía, la cual se ha propuesto encontrar una teoría y una explicación satisfactoria de la conciencia.

Uno de los autores más destacados en el estudio de la conciencia es David Chalmers, a continuación vamos a exponer su teoría de la conciencia.

Para Chalmers lo más importante en la conciencia, es la experiencia consciente, en otras palabras, “la cualidad subjetiva de la experiencia”. Es un aspecto interno de la experiencia consciente. Para plantearlo de otra manera, podemos decir que un estado mental es consciente si está ligado a una sensación cualitativa, que se conoce también como cualidad fenoménica o cualia.

Una buena teoría de la conciencia, según este autor debería responder al menos a estas preguntas:

1) ¿por qué existe la conciencia?

2) ¿por qué las experiencias individuales tienen una naturaleza particular?

3) ¿cuáles son las condiciones bajo las cuales los procesos físicos dan origen a la conciencia y cómo surge ésta de ellos?

Hay dos conceptos fundamentales de la mente:

– El concepto fenoménico de la mente: la mente como experiencia consciente y estado mental conscientemente experimentado.

-El concepto psicológico de la mente: la mente como base causal o explicativa de la conducta.

Estos dos aspectos de la mente, el fenoménico y el psicológico, tienen una larga historia de fusión. Parece ser un hecho empírico que ocurran juntos, sin embargo, existe por lo menos una distinción conceptual entre ellos, y para los propósitos filosóficos fusionar estas propiedades no es lo mas adecuado.

Los aspectos psicológicos de la mente no plantean ningún enigma metafísico profundo. Esto es el aspecto menos complicado del problema mente-cuerpo. La parte más complicada de ello trata sobre los aspectos fenoménicos y se ve reflejada en la pregunta:

-¿cómo podría un sistema físico originar la experiencia consciente?

El problema del vínculo entre lo físico y lo psicológico se ha disuelto gracias al avance del conocimiento de las ciencias contemporáneas. Lo que persiste es la cuestión del vínculo entre lo psicológico y lo fenoménico, que parece ser profundo y comprenderlo sería crucial para comprender la experiencia consciente. Este problema no ha sido tocado por las explicaciones de la conciencia hasta ahora.

El notable progreso de la ciencia durante los últimos siglos nos ha dado buenas razones para creer que para casi todo fenómeno natural parece existir en principio una explicación reductiva: esto es, una explicación completa en términos de entidades más simples.

Sin embargo, la conciencia escapa a la red de las explicaciones reductivas. La conciencia no es lógicamente superveniente a lo físico (el término de superveniencia se refiere a que un conjunto de hechos puede determinar por completo otro). No existe ninguna implicación a priori de los hechos físicos a los hechos fenoménicos. Para demostrarlo, Chalmers formula una serie de argumentos que utilizan las tres estrategias:

– La posibilidad lógica de los zombis (de la existencia de seres físicamente idéntico a un ser consciente, pero que carecen por completo de experiencias subjetivas conscientes).

– El “espectro invertido” o “qualia ausente” (la posibilidad lógica de un ser físicamente idéntico a una persona pero con experiencias conscientes meramente diferentes o invertidas, por ejemplo, cuando la persona ve rojo el ser idéntico, desde punto de vista físico, ve “azul”).

-El argumento a partir del conocimiento, es decir, una vez que tenemos todos los hechos físicos acerca de un ser como por ejemplo un ratón, la naturaleza de su experiencia consciente sigue siendo una pregunta abierta.

-El argumento a partir de la ausencia de análisis plantea que no existe ninguna concepción de cómo la existencia de la conciencia podría estar implicada por hechos físicos; el análisis funcional, para el cual ser consciente significaría desempeñar un cierto papel funcional, sería cambiar de tema o definir de forma eliminatoria el problema.

La explicación física es muy apropiada para la explicación de la estructura y de la función de la conciencia, y casi todos los fenómenos de alto nivel (entendidos como fenómenos complejos) que debemos explicar, se reducen en última instancia a estructura o función. Pero la explicación de la conciencia no es sólo una cuestión de explicar la estructura y función de la misma. Una vez que explicamos toda la estructura física y diversas funciones cerebrales, queda una pregunta:

-¿Por qué ellos deberían dar origen a la experiencia consciente? Existe, según el autor, una brecha explicativa entre el nivel físico y la experiencia consciente.

Aun así, los hechos físicos siguen siendo relevantes para la explicación de la conciencia. Quizá pudiésemos obtener algún tipo de explicación combinando los hechos físicos subyacentes con ciertos principios puente que vinculan los hechos físicos con la conciencia, pero esta explicación no será reductiva. Estas leyes puentes pueden derivarse de los fenómenos de alto nivel, pero también pueden derivarse a partir de hechos físicos. Para la conciencia, en cambio, esos principios puente deben tomarse como principios fundamentales.

Ni las concepciones de la conciencia, basadas en las teorías cognitivas (p. e. las de Baars o Dennett), ni las concepciones neurobiológicas nos proporcionan una explicación de los cualia.

A veces se sostiene que la clave de la explicación de la conciencia puede encontrarse en un nuevo tipo de teoría física. No podemos descartar la posibilidad de que teorías físicas fundamentales como la mecánica cuántica, desempeñen un papel clave en una teoría de la conciencia. Por ejemplo, quizá la conciencia resulte estar asociada a ciertas propiedades físicas fundamentales o a ciertas configuraciones de aquellas propiedades, tal vez haya un vínculo aún más sutil. Pero, de cualquier forma, hay pocas esperanzas de que este tipo de teorías proporcione una explicación satisfactoria de la conciencia.

La idea de una explicación evolutiva de la conciencia se basa en que al ser una característica ubicua y fundamental, debería haber surgido durante el proceso evolutivo por alguna razón. Pero la evolución selecciona propiedades según su papel funcional y es irrelevante para la explicación de los principios puente en virtud de los cuales algunos de estos sistemas son conscientes.

Es inevitable que se formulen “explicaciones” reduccionistas cada vez más sofisticadas de la conciencia, pero éstas sólo producirán explicaciones crecientemente sofisticadas de las funciones cognitivas. Las dificultades con los modelos y teorías en cuestión, no se encuentran en los detalles; el problema está en la estrategia explicativageneral.

La posibilidad de explicación de la conciencia no reduccionista sería un tipo de explicación muy diferente, que requeriría de algunos cambios radicales en el modo como pensamos acerca de la estructura del mundo.

Las consecuencias ontológicas de los argumentos sobre la no superveniencia lógica de la conciencia a lo físico, implican directamente que el materialismo (como la doctrina de que todo hecho positivo está implicado por los hechos físicos) es falso. Este fracaso del materialismo lleva a una especie de dualismo: en el mundo hay características físicas y no físicas.

Pero la no superveniencia lógica no significa la no superveniencia en absoluto. Parece haber una dependencia sistemática de la experiencia consciente sobre la estructura física, pues sigue siendo plausible que la conciencia supervenga naturalmente a lo físico.

El dualismo implicado aquí no sería como el cartesiano, sino es una especie de dualismo de propiedades: la experiencia consciente involucra propiedades de un individuo que no están implicadas por las propiedades físicas de un individuo, aunque puede depender nomológicamente de esas propiedades. La conciencia no es una “sustancia” aparte de ese mundo, pero las propiedades fenoménicas son ontológicamente independientes de las propiedades físicas.

En cierto sentido, lo que ocurre aquí con la conciencia es análogo a lo que ocurrió con el electromagnetismo en el siglo XIX. Resultó que para explicar los fenómenos electromagnéticos debían considerarse como fundamentales características como la carga y las fuerzas electromagnéticas, e introducirse nuevas leyes electromagnéticas fundamentales. De la misma forma, para explicar la conciencia no son suficientes las características y leyes de la teoría física; se necesitan nuevas características y leyes fundamentales.

Hay dos maneras en las que esto podría hacerse. Primero, podríamos tomar a ciertas propiedades fenoménicas como unas propiedades básicas del mundo, junto con el espacio y el tiempo etc. Alternativamente, quizá exista alguna otra clase de propiedades fundamentales nuevas de las que las propiedades fenoménicas se derivan.

Podríamos llamar a estas propiedades: protofenoménicas. Aquí las leyes fundamentales serán leyes psicofísicas, que especifican cómo las propiedades fenoménicas (o protofenoménicas) dependen de propiedades físicas. Estas leyes no interferirán con las leyes físicas.

Este enfoque, llamado dualismo naturalista, es totalmente compatible con una cosmovisión científica contemporánea. Es naturalista porque plantea que todo es una consecuencia de una red de propiedades y leyes básicas, y porque es compatible con todos los resultados de la ciencia contemporánea. No es necesario que haya nada especialmente trascendente acerca de la conciencia; sólo es otro fenómeno natural. Lo único que ocurrió es que nuestra imagen de la naturaleza se expandió.

También debería notarse que este enfoque, llamado una variedad de dualismo, puede resultar ser una especie de monismo. Es posible que lo físico y lo fenoménico resulten ser dos aspectos diferentes de una sola clase. Pero sigue vigente que si una variedad de monismo es verdadera, no puede ser un monismo materialista, debe ser algo más amplio.

La motivación principal que tienen algunos para rechazar el dualismo puede simplemente encontrarse en las connotaciones negativas del término y en el hecho de que va en contra de lo que a muchos de nosotros se nos enseñó.

Para construir una teoría no reduccionista de la conciencia, tenemos que admitir que la conciencia es fundamental y formular una concepción de cómo se relaciona con todo lo demás en el mundo. Una teoría de esta clase será de un tipo similar al de las teorías físicas de la materia, el movimiento o el espacio y el tiempo. Las teorías físicas no derivan la existencia de estas características de ninguna cosa más básica, sino que formulan concepciones detalladas y sustanciales de ellas y de cómo se interrelacionan.

Lo hacen mediante la formulación de un conjunto simple y potente de leyes que emplean esas diversas características, de las que todo tipo de fenómenos específicos surgen como consecuencia.

Por analogía, la piedra angular de una teoría de la conciencia será un conjunto de leyes psicofísicas que gobernaran la relación entre la conciencia y los sistemas físicos. Habrá algo “primitivo” en ellas, es cierto, porque puede resultar que en el estudio de la conciencia debemos presuponer algún aspecto de la relación entre los procesos físicos y la conciencia. Pero eso es el precio de construir una teoría: alguna cosa, en algún lugar debe presuponerse. Deberíamos intentar formular estas leyes en términos del conjunto más simple posible. Igual que los físicos, partiríamos de leyes no básicas en un nivel relativamente alto, que podrían ofrecernos un apoyo explicativo significativo en el ínterin y plantear fuertes restricciones sobre cualquier ley fundamental subyacente, guiándonos así en la búsqueda de una teoría última.

¿Cómo traducirlo en la práctica? Existe un problema enorme para una teoría de la conciencia: la ausencia de datos, debida a que la conciencia no es directamente observable en contextos experimentales. Esa no verificabilidad de cualquier teoría de la conciencia sólo la hace más difícil de captar que una teoría de la física. Para empezar, cada uno de nosotros tiene acceso a una rica fuente de datos en nuestra propia persona. Conocemos nuestras experiencias de un modo detallado y específico, y también conocemos los procesos físicos subyacentes, de modo que podemos invocar algún tipo de inferencia sobre las regularidades que existen precisamente allí.

Hay una restricción metodológica sobre el desarrollo de una teoría de la conciencia: el principio de tomar el informe verbal de alguien como un indicador de su experiencia consciente. Este no es un principio que podamos probar que sea verdadero, pero es a priori mucho más plausible que la alternativa.

Esto significa que nuestra teoría tendrá un carácter especulativo no compartido por las teorías de la mayoría de los dominios científicos. Debido a que la verificación íntersubjetiva rigurosa es imposible, es probable que la ciencia de la conciencia nunca posea las firmes credenciales empíricas de otras ciencias. Sin embargo, si puede diseñarse una teoría razonable de la conciencia y resulta ser superior a todas sus competidoras, esto será un logro de cierta importancia.

 


https://www.ugr.es/~setchift/docs/cualia/david_chalmers.pdf

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