La Granja Humana – texte 11/19

dilluns, 30/09/2019

EL MISTERIO DE UMMO

Puesto que a lo largo del libro en varias ocasiones hacemos referencia al caso UMMO, creemos oportuno dedicarle unas cuantas páginas ya que consideramos que es uno de los casos más extraños en toda la extraña fenomenología ovnistica.

Aunque la presencia de estos extraterrestres ha sido detectada en unas cuantas naciones, y por las décadas del 60 y 70 la jefa de los catorce ummitas que residían en nuestro planeta estaba en Australia, fue en España donde sus actividades y sus comunicaciones adquirieron mayor notoriedad, no sabemos si por haberse ellos manifestado más abiertamente entre nosotros o por la mayor locuacidad de sus contactados ibéricos. Lo cierto es que por aquellas fechas circularon por España muchos informes con una temática muy diversa que supuestamente procedían de los exploradores que el planeta UMMO había enviado a la Tierra.

De ser esto cierto nos encontramos ante un caso que cae de lleno en el tema de este libro. Se trataría de unos seres inteligentes no humanos —unos auténticos extraterrestres— que no pertenecen a otra dimensión sino que son poco más o menos como nosotros pero con mil años de adelanto en todos los sentidos.

Según ellos su planeta gira alrededor de la estrella Wolf 424, de la constelación Virgo, a unos 14 años-luz de nuestro sistema solar.

Llegaron a nuestro planeta el año 1950, haciendo su primer contacto con el suelo en el sur de Francia. Sus primeras impresiones e incidentes en su trato con los humanos son de un interés que supera al de cualquier novela de aventuras.

Son más bien altos y rubios, y su físico en general no se diferencia mayormente del de los nórdicos, por lo cual no les es difícil pasar inadvertidos entre los humanos, presentándose ordinariamente como «noruegos» que están realizando algún trabajo de investigación.

Así por lo menos fue cómo se comportaron en España el tiempo que estuvieron entre nosotros.

Tenían en Madrid dos secretarios que eran los que les escribían las cartas e informes que ellos dictaban para sus amigos españoles. Estos dos secretarios eran los únicos que conocían su verdadera identidad, y a ruego suyo nunca se comunicaron personalmente con las personas a las que iban dirigidas las cartas.

Poco a poco han ido explorando los cinco continentes de nuestro planeta; según ellos, en las computadoras de UMMO hay en estos momentos más datos sobre la Tierra que en todas nuestras bibliotecas.

Pero no sólo se han dedicado a estudiarnos, sino que también nos han dado abundante información sobre su planeta y vehículos en que viajan, así como sobre el espacio sideral y sobre la constitución básica de la materia. En este particular nos dicen que estamos bastante perdidos en cuanto a las ideas que tenemos sobre su composición en niveles subatómicos. Sus explicaciones acerca de cómo realizan el viaje valiéndose para ello de la curvatura del espacio y de una especie de «latir» del Cosmos son realmente fascinantes.

Pero como no encaja con lo que los astrónomos saben, éstos no le prestan mucha atención.

La documentación ya es en la actualidad bastante abundante, muy variada y en muchos aspectos interesantísima. Ha sido recopilada y parcialmente publicada por varios autores entre los que destacan el doctor Juan Aguirre, que fue el primero que la organizó, y los escritores Antonio RiberaRafael Farriols y el padre López Guerrero.

Todos estos informes se han ido recibiendo a lo largo de unos 20 años, de ordinario en forma de cartas que llegan por correo normal y escritas no sólo por los dos secretarios de Madrid, sino por otros que tienen en otras naciones, ya que en muchas ocasiones el original del informe está en otra lengua, tal como consta al principio del escrito.

Yo mismo, cuando residía en San Juan de Puerto Rico, y estando totalmente ajeno al asunto, recibí un buen día una carta cuyo fotografía podrá ver el lector en estas páginas. En su parte superior izquierda tenía el conocido emblema de UMMO que consiste en una H mayúscula cuyo travesaño horizontal está cruzado por un trazo vertical. No sale en Ia foto porque es repujado.

El texto de la carta es el siguiente:

Isla de Puerto Rico

X-IV-MCMLXXXI

Señor Salvador Freixedo

Colegio Católico Aurora

Calle Wilson 1366

Santurce

Puerto Rico

Señor: Nuestro UMMOAELEWE Superior de UMMO nos ha enviado su nombre y señas junto a los de otros dos OEMII (hombres) de esa OYALII (sociedad) para nosotros iniciar y mantener en lo posible comunicación con ustedes en una sola dirección.

Sabemos su interés en nosotros a raíz de uno de sus viajes a Barcelona, en España. Entonces nos limitamos a estudiarlo a través de nuestras UULEWA (especie de pantallas que ellos tienen aquí) pasando el informe a las XANMMO ISOO en UMMO (las grandes computadoras centrales que ellos tienen en su planeta). Su análisis resultó favorable y por tal ha sido incluido como uno de nuestros posibles contactos aquí, sujeto a su aceptación.

Cada contacto tendrá una misión distinta y la de usted, como hombre de letras, será la de divulgar el contenido de toda la información científica que le suministremos, sin necesariamente descubrir la fuente de donde emana, nosotros no nos oponemos a que así lo haga sí así lo desea, aunque tampoco lo recomendamos, ya que podría afectar negativamente su imagen (en sí ya bastante controversial) pasando a formar parte de los mal llamados «Chiflados de UMMO», por lo que lo dejamos a su mejor discreción.

Como esta relación ha de ser puramente voluntaria de parte de cada una de las partes destinatarias, es por lo que de encontrarse satisfecho de su elección, deberá publicar en el clasificado dominical, de su periódico local en inglés, la siguiente frase: OEMII-2 O.K.

Esperaremos un plazo de cuatro tirajes del citado dominical contando desde el próximo domingo, para conocer su respuesta. En el caso de no producirse el anuncio en el tiempo prefijado consideraremos su silencio como una negativa de su parte y no insistiremos más en ello.

Una vez aceptada su contactación tiene plena libertad para cancelar la misma cuando así lo desee, volviendo a publicar en el ya citado dominical: OEMII-2 K.O.

Nuestra presencia aquí no programada en principio por nuestros mayores data ya de un lustro, inicialmente fue motivada por un extraño fenómeno de carácter psíquico que emanaba de esta isla, causando graves perturbaciones a varios de nuestros hermanos, sobre lo cual le informaremos más adelante. Una vez logramos la motivación de nuestro inesperado viaje a Puerto Rico, nos fue encomendado el estudio geológico de su OYALII y muy especial la inspección in situ de la fosa abisal marítima existente al norte de la misma, lo cual estamos todavía realizando.

Sin más por ahora, le saluda

AUX 17

Por un lado me extrañó el recibir esta carta porque yo nunca había hecho nada por entrar en comunicación con ellos —aunque confieso que sí con otros—, pero por otro lado no me pareció demasiado raro ya que ellos acostumbraban a comunicarse con gentes que se distinguían por su estudio del fenómeno OVNI, y principalmente lo han hecho con dos grupos de personas, uno en Madrid y otro en Barcelona, la mayor parte de las cuales son amigos míos.

Como no me disgustaba nada entrar en contacto con ellos y por otro lado sabía que suministraban informaciones muy interesantes, hice lo que ellos decían.

Me fui al periódico The San Juan Star y redacté para los anuncios clasificados un breve texto que decía así:

Buy Radionics Machine OEMII-2 OK new or used. Interested also in Machine WOAI. Call 722-1366.

El encargado de los clasificados no me lo quería admitir porque no entendía lo que aquello significaba y pensaba que podrían ser claves para los traficantes de drogas. Tuve que recurrir a mi amistad personal con el director y el jefe de redacción del periódico para lograr que me lo admitiese, aunque antes tuve que hacerle alguna modificación y «explicarle» que OEMII —que en realidad significa «hombre» o «varón»— era una clase de máquinas de radiónica. Como tantas veces en la vida, con la mentira logré lo que no hubiera logrado con la verdad.

Sin embargo, a la semana exacta de la publicación del segundo anuncio, cogí el avión para Madrid tal como hacía tiempo había planeado, sin ver en qué paraba todo y si en realidad comenzaba a recibir alguna comunicación.

Me imagino que ante una cosa tan importante, otros hubiesen preferido quedarse y esperar. Pero yo siempre he pensado que si estos señores u otros por el estilo son tan superiores a nosotros y quieren de veras ayudarnos, tienen que atenerse a nuestro modo de vida y acomodarse a nuestras costumbres, en vez de hacer que nosotros nos pongamos a bailar al son de su pandero.

A mi vuelta a Puerto Rico, tras cuatro meses de ausencia, pensé que hallaría en medio de los dos sacos de correspondencia que me esperaban, alguna comunicación de los ummitas, pero no había absolutamente nada ni nunca volví a recibir cosa alguna de ellos. No sé si se habrán enfadado por mi desconsideración al no suspender mi viaje o si se habrá tratado de una broma de alguien, cosa que dudo mucho.

Las opiniones en cuanto a la veracidad de todo el caso UMMO varían mucho. Algunos juzgan que todo es real; y piensan así, entre otras cosas, por el gran impacto que las comunicaciones ummitas han causado en sus vidas; otros piensan que se trata de un gran montaje humano hecho por algún Gobierno o por alguna gran sociedad o institución con el fin de estudiar ciertas reacciones de la psicología humana o de boicotear o promover ciertas misteriosas «causas»; y por fin otros suspenden el juicio ante datos tan confusos. Me encuentro entre éstos.

El sentimiento me inclina a creer que es verdad porque no se puede negar que es fascinante la idea de que desde las lejanías del Universo vengan unos seres casi como nosotros a visitarnos y a levantarnos la moral aunque sólo sea indirectamente, viendo hasta dónde podemos llegar en nuestra evolución.

La razón, sin embargo, no acaba de dar su asentimiento total, a pesar de que hay aspectos en todo el fenómeno que me dicen que se trata de algo real y que no es un montaje humano. Sería demasiado largo ponerme ahora a detallar cuáles son esos aspectos, pero mi larga búsqueda en el terreno de lo paranormal me ha preparado para admitir cosas que de otra manera no hubiese admitido. Si creo en la existencia de otras entidades mucho más sutiles e «irreales», estoy lógicamente obligado a admitir la existencia de unos seres que son casi como nosotros aunque vengan desde un astro muy lejano.

Las distancias siderales, que para nuestros científicos suponen una dificultad insalvable, para los ummitas no lo son, y nos explican con todo género de detalles cómo logran vencerlas. Yo no sé si sus explicaciones son en fin de cuentas verídicas o no —porque superan con mucho los límites de nuestra tecnología y ciencia actuales—, pero lo que no se puede negar es que son fascinantes.

Nuestros científicos, sin embargo, no se dignan atender a sus informes y siguen pensando que nuestra tecnología —en la que se incluyen reumáticos cohetes que estallan en pleno vuelo y que caminan a paso de carreta en las infinitas distancias del Universo— es lo más avanzado del Cosmos.

De modo que una parte de mi mente se inclina a creer en la realidad objetiva de la visita de los ummitas y en su presencia física entre nosotros. Pero por otra parte me asaltan dudas. A veces se me parecen demasiado a nosotros. Da la impresión de que los hipotéticos autores del montaje cargaron demasiado las tintas en cuanto a sus rasgos «humanos», para hacernos tragar mejor el anzuelo.

Pero eso mismo es lo que nos pone en guardia.

Sospechamos por ejemplo de sus ideas religiosas. Su tinglado teológico se parece demasiado al nuestro y su UMMO-WOA o Redentor da la impresión de ser una copia descarada de nuestros Cristos. Si la idea de un Dios encarnado dando la vida por «salvar» a su pueblo se nos hace aquí difícil de admitir, el verla repetida en UMMO se nos hace todavía mucho más cuesta arriba.

Además, ciertos rasgos psicológicos de ellos —por ejemplo su gran amor propio cuando no les creemos— nos recuerdan demasiado a los humanos.

Por otro lado cabe la gran posibilidad de que todo el caso UMMO sea un montaje perfectamente concebido y realizado, aunque no por humanos sino por jinas, tal como veremos en el capítulo que le dedicamos a estas entidades. Es decir un caso de seres que proceden con una lógica muy similar a la nuestra y por lo tanto perfectamente inteligible por los humanos, cosa que no suele suceder con la mayor parte de las entidades que se comunican con los contactados; éstos, a la larga no entienden cómo y por qué los «hermanos del espacio» actúan de manera tan errática como suelen hacerlo.

En cambio en el caso UMMO sus acciones son bastante lógicas y comprensibles.

En la primavera de 1987, cuando escribo estas líneas, después de un silencio de varios años, ha habido un reavivamiento de todo el caso, porque de nuevo las personas que años atrás recibieron cartas de los ummitas han vuelto a tener comunicaciones de ellos, por la ordinaria vía del correo. Estaremos atentos a ver cómo se desenvuelven los acontecimientos.

Para todos aquellos lectores que no hayan tenido ocasión de conocer los documentos enviados por los ummitas o relacionados con ellos, he seleccionado a modo de ejemplo, dos de muy diversa índole. El primero, más bien anecdótico, es una carta enviada al señor Enrique Villagrasa, en 1967, en la que se cuenta cómo fue la visita a Madrid de la joven jefa de todos los ummitas que por aquel entonces estaban en nuestro planeta, que residía de ordinario en Australia.

La carta fue escrita por el secretario español que tenían en Madrid v que por deseo expreso de ellos nunca tomó contacto con los destinatarios de las misivas y permanece aún en el anonimato.

La carta dice así:

Muy señor mío:

Hace unos meses le escribí una carta con motivo de una reunión que habíamos proyectado, reunión que, como le diré más adelante, no pudo hacerse. Yo soy el señor que hasta ahora ha venido escribiendo a máquina lo que estos señores procedentes del planeta Ummo me han ido dictando. Quiero recordar que en mi última carta le conté toda mi historia, que si se la contase a muchos creerían que estaba loco, pero usted ya los conoce y puede comprenderme.

Incluso mi mujer que hasta hace pocos días era bastante escéptica y creía que eran agentes de espionaje (ya sabe que cuando a una mujer se le mete algo en la cabeza no razona y no hay quien la convenza con argumentos) a la vista de lo ocurrido ha tenido que rendirse ante la evidencia, pues ahora los que no conozcan este asunto harán bien en no creerlo, pues los que lo hemos vivido, y yo creo que lo he vivido más que usted, tendríamos que estar locos para no admitir tos hechos.

Desde hace unos meses, y después que yo le escribí a usted, han sucedido más cosas.

Vinieron a casa otros señores de Ummo. Conocí a uno que no hablaba y a otro que parecía más viejo y que ha estado mucho tiempo en Sudamérica. Estos días hemos tenido mucho trabajo y eso que sé que ellos también dictan cartas a otro señor. (Se refiere al otro secretario que los de Ummo tenían en Madrid.) Escribí bajo dictado a otros señores a los que antes no habíamos escrito, todos en Madrid excepto uno en Valencia, este último médico también, y los otros son un ingeniero del ICAI, un escritor, un profesor de la Universidad que es profesor en exactas y otros dos que no sé su profesión.

Hablé por teléfono con el profesor de ciencias exactas y estaba muy intrigado; me hizo muchas preguntas y al final me dijo que creía que era yo el que escribía los informes que tratan sobre una pregunta que hizo sobre una cosa que se llama «Teoría de retículos». (Si usted viera lo asombrado que estaba con la respuesta que le dieron . Costó trabajo hacerle creer que yo no había estudiado matemáticas ni era catedrático como él decía.) En cambio ellos han dejado de escribir a señores que antes les conocían, por ejemplo al ingeniero industrial.

A todo esto mi cuñado, ya informado, tuvo un disgusto conmigo, pues opinaba que este asunto podría traernos serios inconvenientes. Pero como a mí si no me dan razones no acepto consejos, le contesté que me dijera qué clase de disgustos podrían ocurrirme, pues yo escribiéndoles a máquina unas cosas que me dictan no hago nada contra la ley. La verdad es que él estaba más asustado que yo puesto que llegó a convencerme de que ellos decían la verdad al asegurar su procedencia del Ummo.

Pero yo a fuerza de tratarlos me he convencido de que son las mejores personas que he visto en mi vida. Ya quisiéramos los de la Tierra ir con esa falta de malicia que van ellos y tan comprensivos e imparciales para comprender las más íntimas cosas. Sólo la dulzura y seriedad con que reprenden y dicen las cosas los retrata. Y no vaya a creerse que son ingenuos; nada más mirarte parece que te penetran.

Pero a finales del año pasado me dictaron unas cosas en que le decían a uno de los corresponsales que una de sus naves inter planetarias iba a venir entre enero y mayo.

Efectivamente, en una visita que me hicieron dos de ellos el domingo 14 de mayo yo noté que algo ocurría, pues me dictaron una carta que me dejó asombrado pues era una carta comercial, dirigida a Australia, pidiendo información sobre unos paneles aislantes termoacústicos.

Nunca me habían dictado nada semejante. Lo más curioso era que ellos me traían unas hojas y sobre timbrado el nombre de una firma comercial madrileña especializada en decoración de locales comerciales. (Por cierto que por curiosidad fui a esa dirección y sé que se trata de un arquitecto a quien nunca habíamos escrito.)

Además comenzaron a venir a casa con más asiduidad a dictarme cosas de tipo científico, pero en cambio se desentendían más de este asunto pues antes, recién escrito un informe, era repasado por el superior de ellos que se llama DEI 98 y me mandaba que lo enviase por correo inmediatamente. Ahora en cambio dictaban más cosas y me daban una especie de agenda con instrucciones para que los fuese mandando más espaciados en fechas distintas a cada persona. Por ejemplo, una cosa que le envío a usted sobre un esquema de los ibozoo uu (física atómica) la he tenido guardada un tiempo esperando la fecha marcada por ellos.

El día del Corpus por la mañana me llamaron a las once. Yo no estaba y se puso mi señora. Dijeron que volverían a llamar a las dos. Se puso al teléfono el señor que es superior de ellos, DEI 98, y me preguntó si podía hablar con mi yie (ellos llaman a las esposas yie) y conmigo a las seis de la tarde para un asunto muy importante para ellos. Le dije que sí y comenté con mi señora muy preocupado, pues él insistió en que no hubiera nadie en casa a esa hora, aparte de nosotros.

A esa hora llegó DEI 98 con otro que yo conocía y al que me presentó como IAUDU 3. Éste no habló una palabra. Nos reunimos en el comedor y DEI 98 nos dijo a mi señora y a mí que esperaban a partir del 31 de mayo o quizás un poco antes, una de sus naves que aterrizaría en Madrid y que con ese motivo habían venido muchos «.hermanos suyos» (ellos se llaman hermanos entre sí aunque no lo sean de sangre) a Madrid.

Deseaban de nosotros lo que él llamaba un gran favor. Nos dijo que al día siguiente llegaría a Madrid la que es superiora jefe de todos los que están aquí en la Tierra. Dijo que venía desde Singapur, vía Londres, y que habían empezado a estudiar su alojamiento y preferían que pernoctase en un domicilio particular antes que en un hotel, subordinando tal plan a que mi señora y yo aceptásemos, pero suplicándonos que no nos sintiésemos obligados en absoluto y que si preveíamos algún inconveniente o sentíamos temor, que lo dijéramos con plena libertad.

Mi señora se apresuró a decir que sí, pero que ella se sentía apurada pues nuestra casa carece de las comodidades de un hotel, pero que dormiría en nuestra cama de matrimonio y nosotros nos arreglaríamos en el sofá-cama o incluso si era preciso nos iríamos a casa de mi madre política. Yo por mi parte dije que la única preocupación era buscar una explicación por si se enteraban los porteros, aunque en realidad no era gran problema diciendo, por ejemplo, que eran amigos que conocimos en nuestras vacaciones de Málaga, de nacionalidad sueca,

DEI 98 advirtió que las que pernoctarían serían dos mujeres, YU 1, hija de AIN 368, y otra «hermana», que por lo que le diré luego, debe ser al mismo tiempo su secretaria y su doncella (luego le contaré, pues tuvimos tiempo de hablar con ella) y nos dijo además algo que nos asombró: que de ninguna manera dormiría en nuestra cama echándonos de allí. Que eligiésemos nosotros una habitación libre y que su hermana dormiría ¡en el suelo! y la otra hermana no podía estar durmiendo mientras ella, la superiora, lo hiciese.

El día 26 de mayo a las siete de la tarde vinieron ASOO 3, hijo de AGU 28, que yo ya conocía, pues me había dictado cosas para varias personas, con el mismo señor silencioso del día anterior. Llevaban una maleta corriente de cuero, muy moderna y de tamaño mediano, que creíamos sería el equipaje de las dos señoras o señoritas que viniesen. Estuvieron charlando con nosotros después de pedirnos examinar todas las habitaciones. Nos dijeron que esperaban hasta el anochecer para hacer una cosa. La superiora llegaría a las diez y media. Nos enteramos también que en la calle esperaban «varios hermanos más» y no quisieron aceptar nada más que agua.

Estaba ya oscureciendo cuando nos rogaron que apagásemos la luz del comedor y abriésemos de par en par el balcón. El que no hablaba español se quedó sentado con los ojos cerrados e inmóvil, como si estuviese hipnotizado, y el otro sacó una pluma estilográfica y ésta empezó a emitir como un zumbido continuo con altibajos, pues les estaban comunicando algo. Mientras, el otro se despertaba de vez en cuando y le hablaba en su lenguaje.

Ya había anochecido. Serían las diez menos veinte y pusieron delante del balcón la maleta y la abrieron. Mi mujer y yo estábamos sentados sin decir palabra y muy impresionados. Como frente a nosotros hay un anuncio de neón de una tienda de electricidad y electrodomésticos, se veía bien lo que estaba haciendo aunque estaban apagadas las luces. Primero miraron bien si había alguien en los balcones que aunque no caen frente a nosotros, en la otra fachada, no están lejos. Luego empezaron a sacar de la maleta unas bolitas como metálicas del tamaño de una pelota de tenis y otras más pequeñas. Yo ya había visto una meses atrás. Es algo extraordinario. Se mantienen en el aire y se dirigen a todas las alturas como dirigidas por radio. Además sacaron otras dos que aunque no se veían bien eran de una forma parecida a las de la figura n.° 2 (ver ilustración n.° 6).

En total sacarían cerca de veintitantas de distintas clases. Una a una las sacaban al balcón y como si fuesen burbujas o globos pequeñitos desaparecían hacia la calle. Por lo menos cuatro pasaron cerca del techo bordeando la lámpara y se metieron en el pasillo de la casa. Luego nos pidieron permiso y se fueron pasillo adentro y oímos abrir la puerta de la calle. Cuando volvieron, la maleta estaba vacía. A todo esto el que no sabía español manipulaba una varilla metálica con un disco en el centro (ver figura n.° 3 de la ilustración n.° 6).

A las once menos cuarto llamaron a la puerta. Lo más asombroso es que estando charlando con nosotros ASOO 3 nos dijo que ya habían llegado a la puerta de la calle, y aunque yo sé que el portal no se cierra hasta más tarde me dijeron que no era prudente que bajase a recibirla.

Salimos a abrir muy nerviosos. Acompañadas de DEI 98 venían dos señoritas. Una de ellas más alta y otra más joven y menudita. Llevaban abrigos de ante muy modernos, de color marrón la chica mayor y verde pajizo la joven que nosotros sabíamos ya que era la jefe. Por cierto que ella misma llevaba un bolso maletín de skay o plástico que ponía BEA, de las aerolíneas inglesas. No llevaban otro equipaje. Las dos eran rubias y llevaban el pelo suelto. Iban vestidas muy modernas pero discretas.

La menudita (que era la jefe), con acento inglés y hablando muy mal el español, aunque se le entendía, se dirigió a mi señora y le dijo algo así como que agradecía de corazón la hospitalidad del país España; pasamos todos al comedor, pero después de haberse despedido los dos señores de antes. En mi vida me he sentido más molesto pues cuando nos sentamos, la señorita YU 1, mi señora y yo, la chica mayor que se llamaba algo así como UU00 ciento veintitantos y DEI 98, que es el hombre que más me ha impresionado en mi vida por su inteligencia infinita, permanecieron de pie, lo cual fue muy violento; y en eso sí hago una crítica, pues aunque se acostumbre entre ellos hacia su superiora, por respeto, debieron darse cuenta que mi mujer y yo estábamos muy violentos.

Por ejemplo a mí, que no se me escapa nada, noté que cada vez que ella les preguntaba algo, ellos contestaban bajando los ojos y como si no se atrevieran a mirarla. Ella es casi una niña. No tendría ni 19 años por lo que sabemos, pero aparentaba 16. La otra aparentaba entre los 23 y los 25. Desde luego lo que más asombraba a mi mujer es que fuese ella, siendo de los más jóvenes de los que estaban aquí (en la Tierra) la que mandase, y no se le ocurrió otra cosa que decírselo. Los tres se rieron y ella nos dijo que no creyésemos que en Ummo mandan las jovencitas; que eso dependía de muchos factores.

Hablamos mucho de las costumbres españolas. Lo único que le repugnó eran los toros. No se habló nada del planeta Ummo. Nos hizo muchas preguntas sobre el régimen español; estaba enterada de muchas cosas, del referéndum y hasta de las Cortes. Yo le dije que nosotros no queríamos entender de política desde que en la guerra me mataron a mi padre los rojos.

Me quedé asombrado de lo que sabía. Mi mujer la escuchaba con timidez sin atreverse a hablar. Ella se dio cuenta y con mucha dulzura comenzó a hablar de la cocina española y de que le entristecía mucho saber que las mujeres españolas leen poco y que no se las forma intelectualmente como a los hombres y que ella estaba segura que la feminidad no se perdía jamás con una educación mayor. Luego miró sonriendo a la otra y ésta abrió la bolsa de viaje y entregó a mi mujer una enciclopedia del hogar maravillosa, con láminas en color y en español.

Cenamos allí. Mi mujer se quedó asombrada pues la forzaron a dejarse ayudar por ellas. Lo que nos asombró más es que comiesen con nosotros; se negaron a tomar vino. Ya nos habían dicho que querían una cena sobria y mi mujer había preparado de antemano patatas cocidas, huevos pasados por agua y para ellos frutas (naranjas y plátanos). Otra cosa violenta que pasó fue que suplicó tanto que al final de la cena se empeñó en lavar ella misma (la superiora) los cacharros y su secretaria se quedó de pie sin ayudar, según me dijo luego mi mujer, que por cierto le pasó la timidez y mientras secaban los platos charlaron mucho.

Yo quedé hablando en la sobremesa con DEI 98. Otra cosa que nos chocó es que antes de ponerse a cenar nos pidieron permiso para descalzarse. La señorita mayor se arrodilló y con naturalidad le quitó los zapatos a su jefa y luego se descalzaron ellos. Durante la cena se sentaron pero no hablaron mientras mi mujer no les hacía preguntas.

Lo más violento fue luego, pues muy discretamente nos pidieron permiso para retirarse. Volvimos a suplicar que se acostasen en nuestra cama o al menos en un sillón que es sofá-cama, pero fue inútil.

DEI 98 se marchó a la calle. Me enteré que iba a un hotel cercano donde había instalado una especie de centro oficial de ellos provisionalmente. Creo que con la sola misión de proteger a la señorita YU 1. Además creo que estuvieron varios dando vueltas por los alrededores toda la noche.

Digo que fue muy violento pues ni siquiera admitió que mi señora le diese una manta. Nos dijo sonriendo que iba a dormir simplemente en el suelo, en el mismo comedor. Nosotros estábamos sin saber qué hacer ni qué decir. La señorita mayor, que hablaba mucho mejor el español que su superiora, nos pidió permiso para «echar una cosa en el suelo» diciéndonos que no nos preocupásemos porque al día siguiente no se notaría nada ni estropearía las baldosas.

Sacó un cilindro como niquelado y salió una cantidad increíble de espuma amarilla que dejó una mancha grande en el suelo como si fuese barniz. No nos atrevimos ni a preguntar. La señora YU se quedó dentro y salimos nosotros tres. La otra dijo que no se acostaría; que se quedaría toda la noche de pie en el pasillo. Cuando entramos en el dormitorio estábamos tan nerviosos y preocupados que no nos atrevíamos ni a desvestirnos. No sé por qué a mi mujer se le ocurrió ponerme más nervioso diciendo que a lo mejor venía la Policía, como si estuviésemos haciendo un crimen o algo malo.

Sentados en la cama y sin hablar, a los veinte minutos va y dice que quería llamar por si necesitaban algo. Luego me lo contó. La chica mayor paseaba a oscuras por el pasillo con los brazos cruzados. En voz baja le preguntó que si era prudente despedirse de ella y preguntarle si quería algo. Le dijo que en efecto era una cortesía y que entrase sin llamar; mi mujer quería llamar con los nudillos pero la otra amablemente le dijo que no, que entrase pues seguro que no dormía todavía. Entraron las dos; el comedor nuestro tiene una mesa larga y hay otra mesita de camilla en un rincón cerca del balcón.

Estaba el balcón entreabierto y la luz apagada, pero mi mujer dice que en el suelo, al lado de ella y de la mesa de camilla, había como un disco algo mayor que una moneda de 50 pesetas que fosforescía mucho y se le veía bastante bien. Ella se incorporó y mi mujer le preguntó que si quería algo pues estaba nerviosa pensando si estaría incómoda. Dice mi mujer que llevaba una especie de bañador. Como la luz era tenue no distinguió de qué. Estaba en el santo suelo sobre la mancha amarilla. Hablaron unas palabras y salieron de nuevo.

En el pasillo habló con la otra. Estuvieron largo rato hablando bajo. Esta «señorita» resultó que estaba casada y que su marido estaba en Ummo y ella vino seleccionada a nuestro planeta. Allí en Ummo era como si dijéramos profesora de una especialidad de matemáticas y su misión en la Tierra no me la supo explicar bien mi mujer, pero parece que estaba relacionada con el estudio de la historia de los físicos que ha habido aquí antiguamente. Estando en México cometió una desobediencia y parece que estaba algo así como castigada a servir de doncella a su jefe. En fin, una historia larga.

Nos levantamos temprano.

Ellas estaban charlando ya en el comedor. Nos pidieron permiso para entrar en el cuarto de baño. Primero se bañó la mayor y YU quedó fuera hablando con nosotros. Luego entraron las dos. Lo más curioso es que mi mujer observó que no habían usado las toallas ni el jabón pese a que el baño había sido utilizado. La mancha amarilla del suelo ya no estaba. ¡Ni con lupa quedaba nada! No quisieron desayunar aunque insistieron en que lo hiciésemos nosotros.

Ocurrió otra cosa. Estando hablando YU 1 con nosotros, ia otra que estaba de pie se puso a mirar y curiosear, volviendo la cabeza, los muebles del comedor. La jovencita se dio cuenta y esta vez en su idioma le dijo algo en un tono que a nosotros nos pareció dulce, pero la mayor, UUOO, se puso colorada, le temblaron los labios y se le humedecieron los ojos. Nosotros aparentamos no darnos cuenta y seguimos hablando.

Se marcharon temprano y regresaron por la noche. No olvidaremos nunca las conversaciones que tuvimos con aquella joven. Mi mujer estaba tan impresionada que me confesó que ahora creía de verdad que fuese de Ummo. Además, el mismo día 27, DEI 98 vino a dictarme varias cosas, entre ellas unas cartas que usted recibiría. Una en la que daba la noticia de la llegada al Brasil, Bolivia y España de unas naves interplanetarias de ellos.

Me dictó más informes y dijo que seguiría haciéndolo el domingo y el martes, pues no sabía si su superiora les daría a todos la orden de marcharse y él sospechaba que sí, pues le constaba que nadie más descendería de la nave y que todos sus hermanos habían recibido órdenes de concentrarse (abandonando los demás países en que estaban) en Brasil, Bolivia y España.

Le pregunté si volverían y me dijo que ni siquiera sabía seguro si partían. Le pregunté si ella lo sabría o esperaban órdenes al llegar las naves y me dijo que no era preciso esperar las naves para conocer las órdenes (ellos llaman a las naves Oauelea ueba oemm). Y que ella lo sabía pero que no acostumbraba a dar explicaciones a los que estaban sumisos a ella. Pero que por si acaso, me dictaría él mismo algunos informes más para que en él caso de marcha los enviase a ciertas personas en determinadas fechas (por cierto, me entregó a máquina otros tres informes para tres personas que residen en París y Lyon, escritos en francés).

Al día siguiente, domingo por la tarde, regresó YU sin su hermana pero acompañada de ASOO 3 y de otro que no conocía, muy joven y que tampoco hablaba español (o no quería hablarlo). Me dieron unos paquetitos para enviarlos v un sobre para mí pidiendo que no lo abriera aún. ASOO 3 me pidió que pasase lo que pasase guardase reserva sobre mi identidad, puesto que si regresaban a la Tierra, yo y otro señor éramos los únicos enlaces en España. YU 1 se despidió de nosotros el martes por la mañana, diciendo que no dormiría más en nuestra casa y que pasaría la noche en los alrededores de Madrid. Vino DEI 98 a recogerla y subieron a un taxi cuya matrícula he apuntado. Estábamos impresionados al despedirlos. Ya no he vuelto a verlos.

Por los periódicos me he enterado de que llegó la nave. En uno de ellos vienen hasta las fotografías. Toda la noche del miércoles estuvimos mi mujer y yo paseando por la Casa de Campo y Arguelles, pues nos dijeron que era más probable la llegada el mismo miércoles que el jueves. El jueves estuvimos hasta las once de la noche por la Ciudad Universitaria y viendo que no veíamos nada, muertos de sueño nos retiramos. A la tarde siguiente nos enteramos en el diario Pueblo y compramos todos los periódicos de la tarde para saber las noticias.

Yo ya no dudaba hace tiempo pero esto, por si quedaba alguna duda, acabó por convencerme y lo mismo a mi esposa. Yo ya no sé si estoy soñando; si no fuese porque están ustedes, los que reciben mis cartas, y mi mujer que los ha conocido y mi cuñado y las noticias de los periódicos, creería que estoy loco. Esto es lo más grande que he conocido en mi vida y si no fuese porque ellos me han suplicado discreción, no me importaría ya que me tomasen por loco y decirlo a los cuatro vientos.

Lo único que me preocupa ahora es una cosa; ¿por qué se han ido así tan de repente y además todos?

El domingo 28 por la noche tuvimos mi mujer y yo con ella otra larga charla. Ella nos dio consejos maravillosos sobre las comidas, sobre cómo educar a los hijos; hablamos de los viajes espaciales de los norteamericanos a la Luna y nos contó cosas de astronomía que nos dejó con la boca abierta, hasta el punto que yo al principio me sentía acomplejado porque ella era casi una chavala; me sentí dominado por ella y no sé cómo salió a relucir todo el lío de Egipto y los judíos.

Yo le pregunté qué opinaba y nos dijo que nos tranquilizásemos, que no habría guerra mundial, pero luego se quedó como pensativa y se miraron ellas dos muy significativamente. Luego, como si se diesen cuenta que habíamos cogido esa mirada, repitió con voz segura que nos tranquilizásemos; que no habría tal guerra.

Pero yo le he dado vueltas a este asunto. ¿Por qué se marcharon todos así tan de repente?

Dicen que las ratas abandonan los barcos que luego acaban por naufragar… Ellos han estado haciendo sus estudios, me estaban dictando informes científicos y otras cosas y de repente. ¿Nos dirían eso de que no habrá guerra por tranquilizarnos, como a los niños se les mentía en tiempo de guerra, antes de un bombardeo? Ellos están muy enterados de política y de armamento. A mí, antes de la explosión de la bomba atómica china, me lo anunció DEI 98 con la hora exacta que luego dijeron los periódicos.

En fin, me he desahogado con usted, pues lo necesitaba. Pienso escribir esta noche otra carta más a otro señor de los que reciben informes.

Deseo expresarle mi amistad pues usted y yo hemos sido testigos de esto.

Perdóneme si no firmo.

Hasta aquí la carta del secretario de los ummitas en Madrid.

Este «documento», como dije, es puramente anecdótico y dista mucho de otros en los que nuestros misteriosos visitantes descienden a profundidades técnicas o filosóficas que rebasan los pensamientos de nuestros científicos y pensadores.

Como segundo ejemplo reproduciré un dibujo enviado por ellos (y publicado por el P. López Guerrero en su libro Mirando a la lejanía del Universo (Plaza & Janes) en el que detallan cuáles son sus sistemas para almacenar información, comparándolos con los nuestros.

LA ESTRUCTURA BÁSICA DE LAS MEMORIAS DE TITANIO (XANWAABUASII DIIO)

«Los computadores digitales de TIERRA utilizan generalmente una memoria central de núcleos magnéticos de ferrita y diversas unidades memoria periféricas de cinta magnética, discos, tambores o varitas con banda helicoidal.

«Todas ellas son capaces de acumular, codificados magnéticamente, un número muy limitado de “bits” (aunque las cifras sean de varios millones). Los tiempos de acceso son en cambio muy aceptables.

»Veamos ahora de un modo elemental la base técnica de nuestros XANWAABUASII (acumuladores de datos en titanio).

»El problema se planteó cuando las antiguas memorias de tipo fotoeléctrico (grandes superficies de selenio donde las cifras eran memorizadas en forma de impulsos luminosos que proyectados sobre esas láminas quedaban registrados en forma de puntos cargados electrostáticamente) fueron insuficientes, por el gran volumen exigido para su ubicación, para acumular los miles de trillones de cifras, que requerían los millones de OB-XANWAII (puede traducirse por “rutinas”) y datos numéricos de un programa de cálculo. (Nosotros no hemos utilizado nunca memorización magnetostática.)

»DAOO 6, hijo de DAOO 4, proyecta por primera vez codificar microfísicamente (ni ópticos ni magnéticos) los datos numéricos o «caracteres» con una base IBOAAYANOA (podría traducirse por “cuántica”).

«Sabernos que la corteza electrónica de un átomo puede excitarse alcanzando los electrones diversos niveles energéticos, que TIERRA denomina cuánticos. El paso de un estado a otro lo realiza liberando o absorbiendo energía cuantificada que lleva asociada una frecuencia característica. Así, un electrón de átomo de titanio puede cambiar de estado en la corteza liberando un IBOAAYA ODU (fotón), pero en el átomo de DIIO (titanio), como en otros elementos químicos, los electrones pueden pasar a varios estados emitiendo diversos tipos de IBOAAYA ODU (fotones o “cuantos”) de diversas frecuencias. A este fenómeno lo denominan ustedes “espectro de emisión característico de este elemento químico” y que permite identificarlo por valoración espectroscópica.

»Pues bien, si logramos alterar a voluntad el estado cuántico de la corteza electrónica del titanio, podemos convertirlo en portador, almacenador o acumulador de un mensaje elemental, un “número”.

»Si el átomo es susceptible, por ejemplo, de alcanzar 12 o más estados, cada uno de esos niveles simbolizará o “codificará” un guarismo del 0 al 12. Y como una simple pastilla de titanio consta de billones de átomos, podemos imaginar la información codificada que será capaz de acumular. Ninguna otra base macrofísica de memoria puede comparársele.

»Los bloques de titanio que utilizamos han de tener una estructura perfecta y un grado de pureza química de rendimiento 100%. Bastaría la inclusión de unos átomos de impureza (hierro, molibdeno, silicio, etc.), para hacer inutilizable el bloque de titanio.

»Ustedes pueden preguntarse, ¿cómo es posible el acceso a uno por uno de esos átomos del bloque para codificarlos excitándolos, o extraer la información (decodificación) acumulada?

»Un esquema o dibujo elemental aclarará las ideas. (Ver ilustración n.° 7.)

»Sobre un bloque de titanio inciden tres haces [simbolizados en el dibujo original con los colores carmín, azul y verde] de sección infinitesimal y frecuencia elevadísima, capaces por tanto de atravesar el bloque sin afectar los núcleos de sus átomos, pero sí las cortezas electrónicas respectivas; se utilizan por ejemplo frecuencias del orden de 8,35.1021 ciclos por segundo y distintas para cada haz. A, B y C son los generadores de frecuencia.

»Estas elevadas frecuencias caen fuera del espectro característico del titanio, por lo que estos haces independientemente considerados no son capaces de excitar uno a uno sus electrones corticales.

»Mas no ocurre así cuando los tres rayos inciden simultáneamente sobre un átomo específico (la H del dibujo). Entonces la superposición o mezcla de las tres frecuencias provoca un efecto de antiguo conocido por ustedes como “batido” o “heterodinaje” que da como resultado una frecuencia mucho más baja y que coincide con cualquiera de las rayas espectrales del titanio.

»El átomo es así excitado, y como los tres haces ortogonales pueden desplazarse en el espacio con gran precisión, localizan uno a uno todos los átomos del bloque.

»El proceso decodificador, obligando a la corteza electrónica a regresar a su estado cuántico inicial, se realiza a la inversa.

»Hemos de hacer las aclaraciones complementarias siguientes puesto que en un afán sintetizador hemos esquematizado infantilmente el sistema.

»1.° En la práctica se utilizan para cada átomo de titanio sólo diez estados cuánticos que corresponden a las rayas espectrales siguientes:

»Esto significa que para cada cifra codificada cuánticamente (base 12) necesitamos excitar no uno sino dos átomos (10 + 2).

»2.° Como una vez codificado el átomo queda reducido a su estado inicial, al contrario que un núcleo toroi-dal de ferrita que brinda su información, sin perder su excitación magnética, un número indefinido de veces, cada cifra codificada se repite unos cientos de miles de veces para poseer acumulada suficiente información.

»3.° Es muy importante que los átomos posean una gran estabilidad espacial en el cristal de titanio, pues cualquier oscilación térmica haría impracticable su lo-calización por los tres haces de alta frecuencia. El cristal de titanio trabaja a temperatura prácticamente igualada al cero absoluto.»

Como el lector puede ver, no se trata sólo de «mensajes» místicos exhortándonos a la paz y al amor, sino de escritos de alta tecnología.

El que he reproducido es uno entre docenas, siendo algunos de ellos bastante más complejos e ininteligibles para alguien que no haya estudiado a fondo la física moderna. Y en muchas ocasiones, como por ejemplo cuando describen la construcción y funcionamiento de sus naves y cómo logran vencer las enormes distancias siderales, los conocedores más profundos de la física universitaria no son capaces de seguir sus fórmulas y explicaciones.

Es una gran lástima que sólo un muy reducido grupo de científicos en el mundo entero se hayan preocupado por investigar algunas de las técnicas que los ummitas nos han comunicado (1). Los prejuicios y la soberbia son males muy enraizados en el psiquismo humano.

Pero a algunos que lo han hecho, les han servido muy bien para fabricar instrumentos con los que no sólo se han adelantado enormemente a su época sino que se han beneficiado económicamente.

Los últimos mensajes que se han recibido versan sobre cosas tan actuales y tan discutidas como el «machismo», algunos aspectos del dogma católico (con consideraciones que resultan demoledoras para éste), sobre el aborto, etc.

Sobre este último tema, por ejemplo, acusan a los humanos de tratarlo de una manera totalmente superficial y apasionada y en su análisis descienden a profundidades ético-filosóficas que se hacen difíciles de comprender para una mente humana que no esté muy evolucionada.

Nos dicen que en temas así hay que adoptar un punto de vista cósmico, mucho más abarcador, que no sólo tenga en cuenta las circunstancias humanas actuales de este planeta sino las de toda la creación, y por eso introducen frecuentemente en la discusión del tema términos como «involución» y «neguentropía» que para la mayor parte de los ardientes defensores o acusadores del aborto apenas si tienen significado.

Con gusto reproduciríamos alguno de estos documentos, pero en las últimas comunicaciones los ummitas nos han dejado saber que prefieren que estos mensajes se hagan circular únicamente y con discreción entre los grupos de personas más preparadas, y que no verían con agrado que se publicasen en los grandes medios de comunicación. Respetaremos sus deseos; y a los que estén más interesados no les sería difícil ponerse en contacto con alguna de las muchas personas que desde hace tiempo están más o menos relacionadas con el asunto UMMO.

Para beneficio del lector narraré otro caso que tiene cierta analogía con el de UMMO. Nos lo cuenta Carl van Vlierden en su libro UFO contact from planet Roldas. A cosmic dialogue (P. O. Box 1395, Pinetown 3600. Rep. de Sudáfrica, 1986).

Un sudafricano llamado F. Edwin W., del pueblo de Pinetown, cerca de la ciudad de Durban, convivió durante dos años como compañero de trabajo, en una empresa dedicada a la fabricación de aparatos de radio, con un individuo llamado George que provenía del planeta Koldas, uno de los 12 que componen una federación de planetas situada en un universo paralelo.

Aunque el caso suena en muchos detalles a pura ciencia ficción y nos recuerda a otros que hemos escuchado a diversos contactados, la verdad es que la persona física del tal George ha sido perfectamente comprobada no sólo por el autor del libro sino por otros investigadores sudafricanos y sobre todo por sus ex compañeros de trabajo.

George, aparte de medir casi dos metros de estatura, de poseer una inteligencia fuera de lo común y una fuerza descomunal, era en todo como un ser humano corriente y en nada se podía ver en él a un ser de otro mundo.

Pescando con Edwin, una noche de 1960, le preguntó si él creía que la Tierra era el único planeta habitado donde había seres inteligentes. Edwin le contestó que era lógico que hubiese más planetas habitados, pero que en aquel momento él no estaba muy interesado en aquel tema sino en conseguir que los peces picasen.

Unos días más tarde George volvió a insistir en el tema y le dijo:

—¿Te convencerías de que hay más planetas habitados si yo te enseñase una de sus naves?

—Si la veo claramente y compruebo que no es de este mundo, claro que me convencería.

—Muy bien. Esta noche vamos a pescar otra vez. Me vienes a buscar.

Llegados al solitario lugar en que solían pescar durante toda la noche, George sacó de su mochila un pequeño aparato de radio de los que se fabricaban en la empresa en que ambos trabajaban. Estiró unas extrañas antenas que él había modificado y en seguida comenzó a oírse una voz hablando en una lengua que Edwin no entendía.

George, que escuchaba con gran atención, le dijo entonces a Edwin:

—Dentro de unos 15 minutos tendremos un OVNI encima de nuestra cabeza.

Apenas habían pasado diez minutos cuando apareció en el horizonte una luz que avanzó hacia ellos rápidamente haciéndose cada vez mayor. En pocos instantes estaba sobre sus cabezas, aunque no a muy baja altura. El aparato de radio seguía transmitiendo aunque ahora de una manera mucho más potente. En cuando el OVNI se detuvo encima de ellos comenzó a transmitir en inglés.

Unos segundos antes, George le había dicho a Edwin que escuchase con atención.

—Edwin, te habla Wy-Ora, el comandante de esta nave. El que está a tu lado, a quien tú llamas George, no se llama así, sino que su verdadero nombre es Valdar y es uno de nosotros que está en vuestro planeta cumpliendo una labor de investigación.

Wy-Ora siguió hablando durante un buen rato sobre diversos temas relacionados con la venida de ellos y la estancia de Valdar en la Tierra y terminó diciéndole si quería dirigir un centro de apoyo a sus actividades, similar a otros 300 que ya tenían por todo el mundo.

Edwin dijo que sí y desde entonces hasta hoy ha dirigido lo que ellos llaman una «Base Q», cuyas actividades han sido ampliamente estudiadas por muchos investigadores del fenómeno OVNI. En el libro a que hice referencia con anterioridad se narra solamente una pequeña parte de ellas y se transcribe una mínima selección de los miles de horas de conversaciones con los seres de Koldas que tienen grabadas.

Estas conversaciones con las naves se hacían primeramente en un pequeño aparato de radio —que se encendía él solo en el momento oportuno— que Valdar le dejó a Edwin, cuando cierto día un OVNI lo recogió en una playa para devolverlo a su planeta. Posteriormente, cuando las autoridades —o ciertos «hombres de negro»— se llevaron el aparato, la comunicación se hacía y se sigue haciendo mediante telepatía, estando Edwin en un estado de trance que Valdar le había enseñado a practicar. (Ver ilustraciones 8 y 9.)

Como dije, las instrucciones y mensajes grabados en cintas que la «Base Q» tiene de los Koldasianos son abundantísimas y versan sobre muchos temas, aunque no descienden a tantos detalles técnicos y científicos como los informes de UMMO.

Según ellas, los Koldasianos están viniendo a la Tierra des-de los tiempos de la Atlántida. Además de las «Bases Q», dirigidas por humanos, tuvieron hasta no hace mucho tiempo alrededor de una docena de «Bases A», repartidas por todo el planeta y dirigidas por Koldasianos. Estas bases eran subterráneas, y en ellas había individuos como Valdar, al cuidado de las pequeñas naves que allí tenían para sus desplazamientos y misiones en la Tierra. Una de estas bases, situada en el Estado de Nevada (USA), fue atacada por el ejército de esta nación en la década de los sesenta, viéndose los koldasianos obligados a repeler el ataque. Desde entonces abandonaron todas sus «Bases A» y se limitan a patrullar con sus ingentes naves a gran altura por encima de nuestra atmósfera.

Una de las cosas más interesantes que Valdar le contó a Edwin fue que cierto día una de sus naves había interceptado a otra de un planeta que no es de su Confederación y que siempre les había mostrado gran hostilidad. Entre los documentos que en ella descubrieron había ciertos planes muy siniestros para los habitantes de la Tierra. Su objetivo era, desde hacía mucho tiempo, crear un clima de violencia entre los habitantes de nuestro planeta, destruir los principios morales y lograr un estado de pesimismo y caos en el que ellos podrían lograr mejor sus últimos fines.

Valdar añadió que según los mismos documentos, sus enemigos se mostraban muy satisfechos porque en los últimos años habían avanzado mucho en su trabajo.

La idea fundamental que se trasluce de todas las grabaciones es que los líderes de la Confederación de planetas quieren convencer a las autoridades de la Tierra para que entren a formar parte de su Confederación, porque esto a la larga traería muchas ventajas para ambas partes, ya que, en lo que a nosotros se refiere, ellos compartirían desinteresada y gradualmente todos sus muchos conocimientos y adelantos.

Sin embargo las autoridades de nuestro planeta, cuando en secreto han sido consultadas, o no han dado crédito a la proposición o la han rechazado. La última de estas tentativas tuvo lugar en setiembre de 1974.

Los líderes de Koldas reconocen que el hecho de haber tantas naciones y tantas discordias en el planeta, dificulta mucho su plan.

Valdar se quejaba a Edwin:

«¿Por qué los dirigentes de la Tierra son tan diferentes de otros? En otros planetas nos han recibido con los brazos abiertos… Nosotros estamos dispuestos a darles toda nuestra tecnología y a comunicarles los secretos del Universo… Sí; los grandes líderes de la Tierra saben de nuestra existencia…, pero no se ponen de acuerdo…»

Como dije, todo el asunto parece una novela de ciencia ficción, pero sin embargo está respaldado por hechos innegables que una vez más nos dejan llenos de dudas.

El gran paralelo con el asunto UMMO es que estos seres se presentan con una apariencia física muy parecida a la nuestra. Según dicen, tienen la capacidad de variar algo de modo que no infundan sospechas, pero fundamentalmente son como nosotros. De hecho alguno de ellos, que al igual que Valdar estuvo destinado en Australia, se casó con una australiana y se la llevó con él cuando le llegó el momento de volverse a Koldas.

Un caso totalmente similar lo veremos en uno de los últimos capítulos de este libro, pero en él yo tuve la ocasión de conocer a la mujer casada con el «extraterrestre».

Y digo «totalmente similar» porque en ambos casos sus físicos, incluida su exagerada estatura, eran muy parecidos. No se trataba de los típicos personajes adamskianos de largas melenas rubias y de piel muy blanca, sino de individuos con facciones ligeramente aindiadas y de piel no demasiado clara.

Todavía podría poner varios ejemplos más de contactos extraterrestres; pero por más que los datos que tenemos de planetas como IargaItibi-Ra, etc., y de abducciones y experiencias biogenéticas como las de Mirassol (Brasil) sean impresionantes y en cierta manera convincentes no podemos menos de confesar que tenemos serias dudas sobre ellos. No de la realidad de los contactos en sí ni de la veracidad de los contactados, sino de la credibilidad de los contactantes, por muy avanzados que sean. (Ver ilustración n.° 10.)

Nos da la impresión de que todas sus comunicaciones, explicaciones y mensajes son sólo pantallas detrás de las cuales se esconden los verdaderos motivos de nuestros visitantes. La explicación de estas dudas nuestras la irá descubriendo el lector en los capítulos siguientes.

(1) Una excepción la constituye entre nosotros el Ingeniero Juan Domínguez Montes que en su libro El Pluricosmos (Librería Agora) se ha adentrado sin prejuicios en el estudio de las fórmulas ummitas y de su profunda filosofía, llegando a conclusiones que tanto en el orden tecnológico como en el filosófico son capaces de enriquecer grandemente los conocimientos y el espíritu humano.

La Granja Humana – texte 10/19

dilluns, 30/09/2019

Caso n.° 8

BOMBEROS CELESTIALES

Terminaré esta serie de casos con uno altamente positivo para borrar el mal sabor de boca que nos pueda haber dejado el anterior y para que se vea que las actividades de estas entidades de las que estamos tratando son variadísimas y en cierta manera impredecibles.

El hecho sucedió en Colombia, en 1976, y me fue relatado por la misma señora a la que le sucedió, que es una persona muy conocida en su país por escribir en uno de los diarios de la capital y tener a su cargo una página entera cada semana, dedicada a temas culturales.

Esta periodista, cuyo nombre es Inés de Montaña, no ha hecho de su experiencia, como tantos otros, un secreto.

El lugar del suceso fue una hacienda llamada Honda, en el Departamento de Tolima, situado hacia el centro de la república de Colombia. Inés de Montaña se hallaba con su amiga Jovita Caicedo, hacia la madrugada, en la vieja casa de la hacienda de sus antepasados, cuando se despertaron sofocadas por el humo y aterradas ante el resplandor siniestro de un gran incendio que avanzaba hacia la casa arrasando árboles y cosechas.

Los peones de la hacienda corrían aterrados por todas partes en busca de hachas y ramas ya que no había agua para apagar las llamas. A los pocos minutos, desde la galería comenzaron a verse en la cresta de la colina unas enormes llamaradas que levantaban hacia el cielo una espesa humareda.

Los peones habían luchado desesperadamente para que el fuego no se propagase pero habían ya desistido ante el avance rápido de las llamas y el enorme calor que producían. La abundante hojarasca seca hacía que aquéllas ganasen rápidamente intensidad y altura y que avanzasen cada vez más aprisa en dirección a la vieja casa de la hacienda, que por ser en buena parte de madera sería devorada en pocos minutos.

Cuando doña Inés contemplaba con desolación cómo el fuego avanzaba rugiendo, «de repente —y cito sus palabras— apareció por Occidente algo inimaginable. Era como un helicóptero de luz.

Venía lentamente y su fulgor no era como el del diamante, sino con tonalidades azulosas y se podía mirar fijamente. Todo mi ser se volvió sólo ojos para contemplarlo.

»—Señora Inesita, ¡mire, mire! —gritaba Jovita.

»—Estoy viendo —fue lo único que pude decir.

«Entonces ella, impulsada por la angustia, comenzó a exclamar levantando los brazos hacia el cielo:

»—¡Señores marcianos, ayúdennos! ¡Esta tierra de la señora Inesita no se puede quemar! ¡Salven los animalitos, que son benditos!

»Yo escuchaba sus súplicas como si vinieran de lejos, mientras aquello —no sé cómo llamarlo— avanzaba opacando las estrellas de aquel cielo de verano. Tuve la impresión de que iba a aterrizar sobre nosotros, pero a la altura de las palmas de coco volvió a elevarse. Se alejó despacio dejando una estela luminosa semejante a la cola de un cometa que se movía armoniosamente, como al compás de un vals de Strauss.

«Desde entonces cuando cierro los ojos para recordar, lo vuelvo a ver como algo jamás sospechado ni soñado en mi vida.»

¿Qué había pasado?

Había pasado lo inexplicable: el OVNI había lanzado una ola de frío intensísimo —cuando la temperatura era de unos 40 grados— que no sólo apagó casi instantáneamente las llamas, sino que puso a temblar a todos los atónitos espectadores. Doña Inés tuvo que ir corriendo a buscar «la gabardina de viajar a Bogotá» y con ella puesta pudo ver cómo las llamas cedían rápidamente.

El OVNI se había detenido primeramente unos segundos y en seguida empezó a moverse muy lentamente a lo largo de todo el frente de las llamas. A medida que avanzaba éstas se extinguían, como si arrojasen sobre ellas toneladas de agua.

Cuando llegaron Luis, Chepe y Julio, los peones que habían estado en el otro lado de la colina luchando para contener el fuego y que por esta razón no habían visto al OVNI, comentaban maravillados cómo el frío repentino había acabado con las llamas.

Doña Inés, en su artículo de El Espectador de Bogotá, recordaba las palabras de Luis:

«Fue que el frío estuvo muy macho. Fue un frío tan templao que se la pudo a las llamas. Yo lo único que pude hacer fue bajarme las mangas de la camisa.»

Cuando el OVNI llegó al extremo de la línea de fuego ésta se había extinguido por completo y únicamente salía un humo mortecino de donde momentos antes brotaban unas llamaradas de veinte metros de altura,

Y termina doña Inés de Montaña su escrito:

«Lo anterior es mi verdad respaldada por el testimonio de cuatro personas que sintieron conmigo el efecto de un extraño fenómeno y porque en más de 30 años nadie ha podido decir que en los centenares de cuartillas por mí escritas haya existido fantasía, ficción o mentira.»

Hasta aquí lo que me narró y escribió doña Inés de Montaña.

Como el lector puede ver, de este hecho soy sólo testigo secundario y tengo que fiarme de la persona que me lo contó. Pero esta testigo directa me dio toda clase de pormenores y nombres de personas con las que yo podría verificar la veracidad de todo lo sucedido. Aparte de que en el diario en que trabajó por muchos años, pude comprobar que gozaba de toda credibilidad y era tenida en muy alta reputación por sus jefes.

De no ser así, no le hubiesen permitido publicar la historia en una página completa.

La Granja Humana – texte 9/19

diumenge, 29/09/2019

Caso n.° 7

VAMPIRISMO SIDERAL

En un capítulo anterior hemos visto cómo el fenómeno OVNI se relaciona con los apagones inexplicables de ciudades y regiones enteras. En éste le presentaremos al lector otra extraña relación del fenómeno —es decir, de las inteligencias que están detrás de él— con la muerte de animales y personas y con su desangramiento. Es una relación en grado sumo desconcertante y por ello muchos investigadores se resisten a aceptarla. Pero para el autor no hay duda alguna, aunque todavía no haya llegado a descubrir con certeza el trasfondo de tan extraños hechos.

Lo cierto es que determinadas entidades no humanas buscan la sangre tanto de los animales como del hombre y en ocasiones algunas de sus vísceras. A veces lo hacen de una manera indirecta, encubriendo su búsqueda con otros hechos concomitantes y sin hacerse visibles de una manera notoria. Pero en otras ocasiones, la procuran de una manera descarada que no deja lugar a dudas.

Como ya he escrito bastante sobre este tema (Defendámonos de los dioses) me limitaré a transcribir unos cuantos párrafos de aquel libro.

El hecho desnudo e irrefutable es éste: los OVNIS acostumbran con cierta periodicidad a llevarse determinadas vísceras y sobre todo grandes cantidades de sangre que extraen de animales —preferentemente vacas y toros— que previamente han sacrificado en granjas.

Estas carnicerías, que siempre suceden durante la noche, han ocurrido prácticamente en todas partes del mundo y las autoridades de unos cuantos países, avisadas por los ganaderos perjudicados, han intervenido activamente para dar con el causante de las matanzas, sin haber llegado nunca a dar una explicación convincente.

El hecho de que nosotros relacionemos estas muertes con los OVNIS no proviene de deducciones, sino de haber investigado personalmente gran cantidad de sucesos de esta índole y de haber oído innumerables testimonios de testigos presénciales.

El lector que por primera vez lea u oiga acerca de esta extraña cualidad de los OVNIS pensará que se trata de una leyenda más. Pero en este caso no se trata de hechos para cuya investigación haya que acudir a tradiciones orales o a viejos libros, sino que lo único que hay que hacer es tomarse el trabajo de leer los despachos que las modernas agencias de noticias publican de vez en cuando en los periódicos.

Y el que ante un hecho tan extraño quiera convencerse, tiene que hacer lo que hizo el autor, quien en cuanto apareció la primera noticia en el periódico acerca de misteriosas muertes de animales (que eran encontrados con extrañas heridas en el pescuezo y en la cabeza y totalmente desangrados), salió para aquella región montañosa a investigar los hechos personalmente. Y no sólo logró oír testimonios, sino que fue capaz de fotografiar vacas que habían sido muertas aquella misma noche por los OVNIS, y que tenían las heridas características de esta clase de muertes.

En los Estados Unidos cobraron tanta notoriedad estos extraños hechos, en la década de los setenta, que hasta llegó a publicarse una revista titulada Mutilations que exclusivamente se dedicaba a reseñar y catalogar estos fenómenos.

En dicha revista se dedicaban casi con exclusividad a hechos ocurridos en los Estados Unidos, pero es de sobra conocido que tales matanzas han ocurrido y siguen ocurriendo en todos los países de los cinco continentes; y de algunas naciones como Francia, Brasil y Sudáfrica, entre otras, hay informes muy detallados fruto de largas investigaciones.

En España, el año 1986, los principales periódicos publicaron noticias acerca de las muertes masivas e inexplicables de animales en Aragón y Navarra, que pasaron inadvertidas entre el torrente de noticias desagradables y sensacionalistas que diariamente genera nuestra desquiciada sociedad.

Transcribo del diario El País un pequeño artículo firmado por Javier Ortega desde Zaragoza:

«Centenares de cabezas de ganado muertas por un animal desconocido en Aragón y Navarra. Un animal desconocido ha matado ya entre 700 y 1.000 ovejas de diversos rebaños en la comarca de Las Cinco Villas y desde hace más de un mes ha sembrado la inquietud y el miedo entre los ganaderos y vecinos de la zona. Por el momento, la misteriosa fiera ha atacado ya en al menos seis municipios de Zaragoza y en algunas de Las Bárdenas en Navarra. El hecho de que el animal no haya sido visto a ciencia cierta por nadie ha dado pie a todo tipo de especulaciones y se habla ya de la fiera de Las Cinco Villas…»

El artículo continúa conjeturando cuál puede ser la causa, pero por supuesto no llega a conclusión alguna. No dice nada de si se les hizo a las ovejas algún análisis después de muertas, pero de habérselo hecho no sería nada extraño que las hubiesen encontrado a todas sin gota de sangre.

Algún periódico de Pamplona dedicó páginas enteras a reseñar todo este para ellos inexplicable suceso.

Y si las matanzas de animales no son admitidas de buena gana, mucho menos lo es que los OVNIS en ocasiones se atrevan a desangrar personas. Y no es admitido o reconocido porque en general los hechos de esta índole son menos abundantes en nuestros días y cuando se dan suelen ser realizados de una manera muy discreta y en regiones apartadas, por lo que llegan muy difícilmente al conocimiento del gran público.

En 1977, cuando me encontraba en la ciudad de San Luis Potosí (a unos 300 kilómetros de la ciudad de México), llegó a mis oídos el primer caso de esta naturaleza: un recién nacido que había sido encontrado muerto, totalmente desangrado. Las extrañas circunstancias del caso me incitaron a una investigación más a fondo, hasta que en seguida descubrí que no se trataba de un caso aislado, sino que era uno entre muchos otros parecidos.

Las circunstancias generales eran éstas: ordinariamente se trataba de recién nacidos o con muy poco tiempo de vida; solían presentar hematomas o magulladuras en la piel, como si a través de ella les hubiese sido succionada la sangre; porque el común denominador de todos era que estaban completamente vacíos de sangre. En algunos casos daba la impresión de que la sangre les había sido succionada a través de la boca, ya que no había heridas ni marcas de ninguna clase en la piel.

Es también corriente que las madres de estos niños sean descubiertas sumidas en un estado letárgico al lado de sus bebés muertos como si hubiesen sido drogadas por alguien mientras realizaba la tarea de desangrar a su hijo. Algunas de estas madres han tardado días en volver en sí y cuando lo hacen se sienten extremadamente débiles. Hay también adultos que dicen —o suponen— que han sido atacados por alguien durante el sueño, porque descubren mataduras y golpes en la piel por todo el cuerpo y sienten también una gran debilidad.

Todos estos hechos sucedieron en el municipio de Landa de Matamoros, en el Estado de Querétaro, en diferentes localidades. Naturalmente la gente comenzó a hablar de vampiros y otras cosas y cundió el pánico entre los humildes habitantes de la zona. Los casos fueron remitidos a las autoridades, las cuales hicieron algunas averiguaciones para ver cuál había sido la causa de las muertes, pero no se llegó a ninguna conclusión definitiva y las mismas autoridades trataron de que se olvidase todo.

Naturalmente uno puede atribuir todos estos hechos a causas naturales, pero sin embargo hay unas cuantas circunstancias que las asemejan mucho a las mutilaciones de animales. Una de esas extrañas circunstancias, que a uno que conozca bien el fenómeno OVNI le dirá mucho, es el hecho de que por esos mismos días los habitantes de la región veían constantemente luces que se movían lentamente en el cielo nocturno; algunas de ellas se detenían encima de los cerros cercanos y hasta encima de las copas de los árboles y hacían movimientos muy raros. La humilde gente del lugar les llama a estas luces (que se aparecen de tiempo en tiempo) «brujas» y de hecho les tienen bastante temor, hasta el punto que practican para defenderse de ellas ciertos ritos mágicos que me describieron.

Todos estos hechos fueron reseñados más de una vez en la Prensa y de hecho conservo un recorte del periódico de la región, El Heraldo de San Luis Potosí, en el que se lee:

«Los casos más recientes tuvieron lugar en Tres Lagunas y Valle de Guadalupe. En el primer lugar una niña de 7 años descubrió por la mañana que su madre, Josefa Jasso de Martínez, dormía profundamente abrazada a su bebé de sólo dos días. Como no acabara de despertarse la niña corrió a avisar a su tía. Cuando llegaron encontraron que el bebé estaba muerto y la madre no recobró totalmente el conocimiento hasta dos días más tarde.»

El periódico cita otro caso en el pueblo de Valle, muy parecido al que acabamos de transcribir: la madre, llamada María Nieves Márquez, fue encontrada inconsciente al lado de su bebé muerto. En ambos casos las madres estaban muy débiles y los bebés no tenían heridas o señales en la piel.

Algo por el estilo se podría decir de tres cazadores canadienses hallados el 17 de noviembre de 1977, con sendas heridas en el cuello y sin gota de sangre, en una solitaria isla del lago Winnipeg (Manitoba). Las noches anteriores había habido una gran actividad de OVNIS en toda la región.

Al leer esto, a algunos «ufólogos» les pasa lo que les pasó a las autoridades de San Luis Potosí, que se enfadaron conmigo y me llamaron la atención porque investigaba estos hechos y «alarmaba a la población». Los «ufólogos» se disgustan y me critican porque los relaciono con sus amados OVNIS a los que en el fondo siguen considerando como los salvadores de la Humanidad.

Para mí fue muy desagradable convencerme de la realidad de los hechos, pero no sería sincero si no le comunicase al lector cuál ha sido el resultado de mis averiguaciones, aunque éstas sean inquietantes.

La Granja Humana – texte 7/19

diumenge, 29/09/2019

Caso n.° 5

EL NIÑO CURADO POR «DIOS»

El caso siguiente puede darnos la clave para explicar de una manera radical el fenómeno religioso. Naturalmente, en el fenómeno religioso hay que tener en cuenta muchísimos otros aspectos, pero creemos que en este caso (y en infinidad de otros similares sucedidos a lo largo de la historia) hay ciertos elementos que son básicos para enjuiciar de una manera radical el interesantísimo fenómeno psicosocial llamado religión.

Sucedió en Perú el año 1960, en un lugar llamado Bailanca, a cien kilómetros al sur de Chimbote y en las inmediaciones de una gran central hidroeléctrica.

El testigo principal (del cual tengo una grabación minuciosa, no sólo del hecho que voy a narrar, sino de otros que anterior y posteriormente le sucedieron en aquella misma región) es un ingeniero yugoslavo, jefe de mantenimiento en la central y persona completamente descreída en lo que se refiere a seres extraterrestres o platillos volantes hasta que le sucedieron los hechos que aquí narramos. Dotado de un carácter muy fuerte y con una profesión muy técnica y muy apegada a las leyes de la materia, es el tipo de persona totalmente opuesto a fabulaciones y a todo aquello que huela a misticismos o realidades no tangibles.

Su primera relación con el fenómeno OVNI fue un apagón momentáneo, a medianoche, en la central.

Cuando salió de la oficina furioso para indagar cuál había sido la causa, oyó que uno de sus ayudantes, llamado Quirós, decía aterrado con voz entrecortada:

—¡Ha vuelto a bajar esa gente extraña!

Cuando se disponía a preguntarle de qué gente hablaba, se dio cuenta de que a pesar de ser medianoche, fuera de la central estaba todo iluminado como si fuese de día. Se dirigió a toda prisa hacia fuera para investigar la fuente de la luz cuando vio en el extremo de la explanada una nave grande en forma de lenteja, y mientras lleno de asombro estaba contemplándola vio a dos individuos que hablaban entre sí, e instintivamente cayó en la cuenta de que ellos eran la «gente extraña» a la que se había referido Quirós.

Sin dudarlo un momento y malhumorado se dirigió hacia ellos y les preguntó qué hacían allí, con qué permiso habían entrado y si sabían las consecuencias tan nocivas que produce un apagón, aunque sólo sea momentáneo. Ellos se sonrieron, trataron de apaciguarlo y le dijeron que no eran responsables del apagón.

Hablaban con él de una manera pausada, queriendo en todo momento quitarle el mal humor que abiertamente demostraba, ya que según él mismo confiesa, les dijo palabras «de las que no se pueden repetir en público». Le dijeron que el momentáneo apagón había sido producido por un gallinazo (una especie de buitre o zopilote que por allí abunda bastante) que había hecho contacto entre dos cables con sus alas abiertas.

Le añadieron que no venían a hacer daño a nadie y que ellos estaban viniendo a la Tierra desde hacía muchísimos años desde su propio planeta llamado Apu.

El yugoslavo, lejos de tranquilizarse con estas explicaciones, prorrumpió en nuevas impresiones contra ellos porque le parecía que le estaban tomando el pelo; les dijo que no les creía absolutamente nada de las tonterías que le estaban diciendo y que tenían que irse inmediatamente de los terrenos de la central.

Sin oír más explicaciones, dio media vuelta y, siempre furioso, se dirigió de nuevo hacia el interior del edificio. Pero antes de entrar, acordándose del extraño vehículo que había visto al extremo de la explanada, se volvió para ver si estaba todavía allí, rodeado de aquella luz tan extraordinaria.

El vehículo estaba entonces elevándose verticalmente; cuando llegó a una altura de unos 1.000 metros, cogió un rumbo más horizontal, aceleró a gran velocidad y se perdió en seguida en el espacio por encima de las altas cumbres.

A pesar de todo lo que había visto, nuestro hombre seguía sin dar su brazo a torcer, aunque no dejaba de darle vueltas en su cabeza a todos los sucesos de aquella noche. Pero no lo comentó con nadie ni cambió en nada sus pensamientos ni su régimen de vida, tratando de olvidar todo el incidente como si hubiese sido un sueño sin consecuencias.

Poco tiempo después, mientras cazaba venados en alturas de la cordillera de los Andes superiores a los 4.000 metros, volvió a tener otro encuentro en el que entró en conversación más amigable con ellos. Tras este segundo encuentro vinieron otros en los que siguió recibiendo nuevas noticias e informaciones acerca del planeta de origen de los extraños visitantes, de la formación de los astros del sistema solar y de muchos otros temas que a él le interesaban y que conservo en la cinta grabada a que hice referencia.

Para entonces ya nuestro ingeniero había depuesto su actitud hostil hacia ellos y se había convencido de que efectivamente se trataba de seres no humanos aunque por sus formas se parecían mucho a nosotros.

Sin embargo quiero hacer hincapié en uno de sus encuentros con los «extraterrestres» que, como dije antes, considero clave para entender un aspecto intrigante de la historia humana.

Cierto día en que nuestro ingeniero se dedicaba a su pasatiempo favorito, la caza, caminando tras el rastro de venados y osos a más de 4.000 metros de altura y en lugares muy escasamente poblados por indios completamente alejados de la civilización, desembocó en un pequeño valle cerrado, rodeado por cerros altos.

Se extrañó al ver un grupito de indios en torno a algo que no podía ver muy bien desde la distancia. A pesar de que él no hablaba quechua, y la mayor parte de aquellos indios no hablaban castellano, se acercó a ellos para ver qué era lo que allí sucedía. De ordinario, en sus cacerías lo acompañaba un empleado de la central, indio puro, que conocía bien el quechua y que le servía de intérprete para comunicarse con los nativos; pero en aquella ocasión no lo acompañaba.

Acercándose más, pudo distinguir que los indios estaban todos reunidos alrededor de un niño que estaba tirado en el suelo y cubierto con una gran cantidad de ropa ya que el frío era intenso y había bastante nieve. El niño daba la impresión de estar muy mal, pues ya no tenía color y todos los indicios eran de que se estaba muriendo.

El ingeniero fue recibido con gran frialdad y desconfianza y cuando preguntó por señas qué era lo que le pasaba al niño le dijeron que se había caído de lo alto de unas rocas y se había fracturado algunos huesos. Viendo el estado de desesperación en que se encontraba y viendo al mismo tiempo la tristeza y resignación de sus padres y familiares les dijo que él se ofrecía a llevar al niño hasta el hospital más cercano si ellos se lo llevaban hasta su jeep que estaba mucho más abajo en la montaña, bastante distante. Los padres del niño se inquietaron mucho con esta oferta de ayuda y cuando el ingeniero les volvió a insistir en que tenía que llevarlo al hospital porque el niño estaba muy mal y en un grave peligro, ellos rehusaron vehementemente.

Intrigado entonces ante aquella actitud de los padres y ante la oposición a que él hiciese algo, a pesar de que se daban cuenta de que el niño estaba muy grave, les preguntó que por qué ellos no querían que fuese llevado al hospital sí sabían que el niño se iba a morir si no lo hacían.

Entonces ellos le contestaron con toda simplicidad algo que el ingeniero logró entender pero que al mismo tiempo lo llenó de estupor:

—Porque «papá» Dios va a venir a curarlo.

Con sus manos señalaban al mismo tiempo hacia lo alto y luego inmediatamente hacia el niño. Él trataba de imaginar qué tenía que ver Dios con todo aquello v seguía persuadiéndoles de que le llevasen al niño hasta su jeep, para que él pudiese transportarlo en seguida al hospital.

Cuando ya había decidido irse y dejar al niño a su suerte, oyó que los indios empezaban a dar exclamaciones y a mirar todos hacia un punto en el cielo. Miró en seguida hacia donde ellos miraban y vio cómo un vehículo, en todo semejante al que él mismo había visto meses atrás en la central hidroeléctrica, se precipitaba a toda velocidad desde la altura posándose suavemente a poca distancia del grupo de indios. Estos lo recibieron con gritos de alegría viéndose claramente en sus rostros que eso era lo que ellos estaban esperando allí desde hacía mucho rato.

En seguida salieron de la nave varios individuos como los que él había visto en otras ocasiones y entre ellos una mujer, que al igual que sus compañeros llevaba un traje de mallas no muy ajustadas. Se dirigieron a donde estaba el niño y con ayuda de sus padres lo llevaron en seguida hacia la nave en la que permaneció por espacio de unos 15 minutos. Al cabo de ese tiempo el muchacho salió por su propio pie por la portezuela de la nave y se dirigió corriendo hacia sus padres, dando saltos y lanzando piedras para que viesen que no sólo había recobrado todas sus fuerzas, sino que ya tenía el brazo completamente bien. Todos los indígenas prorrumpieron en gritos de júbilo mientras rodeaban al muchacho y lo palpaban para ver si estaba completamente curado.

La seudoextraterrestre le explicó al ingeniero cómo habían hecho la operación en tan poco tiempo. Según ella habían desintegrado todas las partículas enfermas y las habían integrado de nuevo, poniendo cada cosa en su lugar.

Dije «seudoextraterrestre» porque, según ella misma explicó, había nacido en nuestro planeta y de muy niña —hacía 47 años— había sido llevada por los de Apu a su planeta, en donde se había aclimatado completamente llegando a ser como uno de ellos.

Lo extraño del caso —que a mi me suscita grandes dudas— es que ella era también yugoslava, ¡y precisamente de la misma región que el ingeniero!, de modo que los dos hablaban en su dialecto. Esto a él parece que no le extrañó nada, sobre todo después de las cosas que ya había visto y que años antes no se las podía imaginar, pero a mí confieso que me deja del todo perplejo, pues este pequeño detalle se me parece mucho a otros .«pequeños detalles» sospechosísimos con los que me he encontrado en otros casos.

Otra de las circunstancias que más nos interesó en toda la larga narración del ingeniero fue la cantidad de veces que él en sus correrías por las alturas de la cordillera en busca de caza mayor se encontró a grupos de indígenas sentados tranquilamente alrededor de extraterrestres, oyendo atentamente la conversación de éstos, que por supuesto les hablaban en un perfecto quechua.

Al parecer en aquellas altitudes, alejadas de nuestra «civilización», la comunicación de los «dioses» con los indios sigue siendo como lo fue en tiempos pasados en todo el planeta, cuando las tribus aborígenes con culturas muy primitivas los consideraban dioses y les rendían algún tipo de culto.

El hecho de estar esperando con el niño enfermo a que ellos bajaran nos dice que de antemano sabían de alguna manera que «dios» iba a venir; bien sea porque solían descender allí en fecha fija

o porque se habían comunicado con alguno de los indios para decirles cuándo y dónde iban a venir o también porque los indios tenían alguna manera de llamarlos y de comunicarse con ellos. Lo cierto es que el ingeniero yugoslavo los sorprendió varias veces en este tipo de reuniones desconocidas por todos los «civilizados» de su país.

De hecho, en una ocasión en que él los había sorprendido y había incluso participado en la conversación, cuando ya los extraterrestres se habían retirado y él se disponía a bajar de la montaña, uno de los jefes se acercó y le suplicó que no dijese nada a las autoridades de lo que había visto allí.

Cuando él le preguntó la razón de esto le dijo que si las autoridades se enteraban era muy probable que mandasen soldados para ver qué estaba pasando allí y que iniciasen alguna investigación y esto probablemente haría que sus amigos del cielo no volviesen más, lo cual a ellos les daría mucha pena porque se sentían muy protegidos con su amistad.

Como dije al principio de este capítulo, este episodio puede darnos mucha luz para enfocar desde un punto de vista nuevo muchos de los relatos bíblicos —sobre todo del Pentateuco— y de todos los libros sagrados de las grandes religiones, lo mismo que puede servirnos para interpretar correctamente la enorme cantidad de tradiciones y leyendas parecidas a ésta de las que está llena la historia de todos los pueblos.

La Granja Humana – texte 8/19

diumenge, 29/09/2019

Caso n.° 6

AVIONES QUE DESAPARECEN

Los casos de aviones y barcos que se pierden sin que vuelva a saberse nunca de ellos son más o menos conocidos por los lectores ya que últimamente muchas revistas se han dedicado a vulgarizar estos temas y sobre todo libros como los de Charles Berlitz (El Triángulo de las Bermudas y Sin rastro(1) han despertado un gran interés en este preocupante tema.

Es natural que cuando un avión o un barco se hunden o caen al mar, no sea nada fácil hallar restos de ellos y lo ordinario será que el incidente se haya debido a fallos normales sin que tengamos que acudir para explicarnos la tragedia a ninguna fuerza sobrehumana o misteriosa. Pero hay casos en que un número de circunstancias nos llevan a la evidencia o por lo menos a una sospecha muy fundada de que la cosa no ha sido natural y de que han intervenido en todo el asunto otras fuerzas para las que no tenemos explicación.

En el mes de abril de 1979 una «Vickers Viscount» turbohélice de cuatro motores, de la compañía «Saeta» del Ecuador, hacía el primer viaje de la mañana en su línea regular Quito-Cuenca (unos 600 kilómetros). Es de notar que ambas ciudades están situadas en sendos valles de los Andes, aproximadamente a 2.300 metros de altura, por lo que el viaje entre ellas no es nada fácil, teniendo además en cuenta que en medio del camino se encuentran dos de los colosos de los Andes, el Chimborazo y el Cotopaxi, que sobrepasan los 6.000 metros de altitud.

Sin embargo, a pesar de la dificultad de la ruta, los pilotos que la cubren están perfectamente identificados con ella por haberla recorrido en cientos de ocasiones y varias veces al día.

Cuando el avión a que nos referimos estaba ya a la vista del aeropuerto de Cuenca, y tras haber pedido autorización para aterrizar, repentinamente dejó de oírse su señal y nunca llegó a tomar tierra, ni allí ni en ningún otro aeropuerto. Es de notar que en aquel instante no había mal tiempo, el piloto en ningún momento dijo que tuviera problemas y la visibilidad era ilimitada en el espacio aéreo que circundaba el avión y de 50 kilómetros en el aeropuerto de Cuenca.

Hice mi investigación de este caso unos veinte días después de que hubiese sucedido. Como no se trataba de un hecho privado en el que hubiese que andar buscando testigos escondidos, antes al contrario estábamos ante un hecho notoriamente público que tenía consternada a toda la nación, me fue fácil acudir a las oficinas de El Universo en Guayaquil, el principal periódico de la nación, y leer atentamente los despachos que constantemente llegaban de las diversas agencias de noticias acerca de cómo se iban desarrollando los trabajos de búsqueda. Pasado un mes no se tenía la más remota idea de adónde había ido a parar el aparato con sus 53 ocupantes, a pesar de la intensísima búsqueda que las autoridades organizaron.

En aquella búsqueda hubo varias circunstancias dignas de tenerse en cuenta. La primera fue que no se trataba de una búsqueda particular organizada por la compañía aérea o por algunos de los familiares de los desaparecidos, sino que se trataba de una búsqueda oficial, organizada por las máximas autoridades del país y por el Ejército del Aire ecuatoriano y en la que intervinieron diversos tipos de aviones y helicópteros, tal como nosotros mismos pudimos comprobar. Aquellos aviones y helicópteros sobrevolaron repetidas veces todos los posibles lugares en que el avión siniestrado pudo haber caído.

Un hecho favorable que teóricamente hacía más fácil la búsqueda es que se sabía con certeza que el avión estaba ya a la vista del aeropuerto de Cuenca y que de hecho se disponía a aterrizar, de modo que el área en que hubiese podido caer, de haberle sucedido un percance repentino, era mucho más reducida que si se hubiese perdido a mitad de la ruta, a mucha mayor altura y en un lugar más indeterminado.

Una prueba de lo eficientes que son estos trabajos de búsqueda desde el aire es el hecho de que durante los rastreos también se perdió una avioneta, y sólo fue cuestión de horas para los demás aviones que participaban en la búsqueda el dar con sus restos en medio de una zona boscosa.

Además, en la desesperación de las autoridades por desentrañar esta desaparición, se acudió a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para que ayudase en el rastreo.

Los norteamericanos despacharon desde Panamá uno de los aviones especializados en este tipo de trabajo, que son capaces de detectar hasta latas de sardinas enterradas a bastantes metros debajo de la nieve. De hecho descubrieron un viejo jeep despeñado en el fondo de una profunda sima, que se había dado por desaparecido hace bastantes años y del cual se había perdido ya casi la memoria. Pues bien, por más que este avión se cansó de pasar y repasar con sus sofisticados instrumentos electrónicos todo el territorio en donde el avión en dificultades hubiese podido caer, no halló rastro de él. Hoy, pasados alrededor de siete años, la extraña desaparición sigue en el mismo misterio.

Sin embargo, la circunstancia más extraña de este caso es la siguiente: Dos años y medio antes, en agosto de 1976, otro avión de la misma compañía «Saeta», exactamente igual a éste del que estamos hablando, en el mismo primer vuelo de la mañana de Quito a Cuenca y prácticamente en el mismo punto, a la vista ya del aeropuerto de Cuenca, desapareció de la misma manera misteriosa y ésta es la hora en que nada se ha vuelto a saber de él y de todos sus pasajeros y tripulantes, por más que se buscó con la misma intensidad con que se buscó el de dos años más tarde.

Y esto es lo que tenía al borde de la desesperación a las autoridades más relacionadas con el suceso.

Naturalmente, no faltaron en la Prensa acusaciones a los dirigentes de la compañía de usar aviones viejos y de tenerlos en malas condiciones. Sin embargo, a juzgar por la documentación presentada por estos mismos dirigentes de la compañía, ésta cumple cabalmente con lo mandado por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional) y con las inspecciones de rigor exigidas para las compañías aéreas que tienen vuelos regulares. El uso de turbohélices en vez de aviones de reacción, en aquel entonces era debido a que la pista de Cuenca no admitía este tipo de aviones.

De acuerdo a su libro de vuelos, el «Vickers» de «Saeta» tenía en el momento de su desaparición 32.000 horas de vuelo desde su fabricación, pero desde el último «chequeo» total que lo capacitaba para seguir volando otras 5.000 horas, apenas había utilizado 981. En el caso que nos ocupa, la última inspección total duró cuatro meses y entre otras cosas se tomaron 2.400 radiografías del aparato con rayos X y gamma para detectar cualquier fallo en su estructura.

De todo esto se puede deducir con bastante probabilidad que de haber habido un accidente éste no pudo deberse a la edad de la aeronave o a falta de mantenimiento.

Otro detalle (al cual le damos mucha menos importancia aunque no deja de ser curioso, pues estos paralelismos los vemos con mucha frecuencia en todo el fenómeno OVNI) es el que cuando se cayó el primer avión de «Saeta» también cayó —al igual que cuando el segundo— una de las avionetas que estaban participando en la búsqueda. Pero tanto en la primera como en la segunda ocasión sólo fue cuestión de horas localizarlas, a pesar de haber caído ambas en medio de una vegetación ecuatorial y en lugares nada fáciles de rastrear.

La Prensa, a los veinte días del segundo accidente y cuando el número de conjeturas y el interés de la opinión pública eran más vivos, publicó una noticia que pasó casi inadvertida, pero que para mí fue un dato más para sospechar que todo el incidente se debió a nuestros «buenos hermanos del espacio», como tantos ingenuos siguen llamándolos todavía, sin tomarse el trabajo de hacer por lo menos alguna distinción.

Según el despacho de Prensa, el piloto de un avión de la compañía brasileña «Varig» que en aquel momento sobrevolaba Cuenca en dirección al Sur, a unos 11.000 metros de altura (es decir, mucho más alto que el avión desaparecido) aseguró haber tenido en su radar al turborreactor y dijo asimismo haber escuchado sus conversaciones con Guayaquil y cuando pidió permiso para aterrizar en Cuenca; pero refiere que cuando momentos después intentó volverlo a descubrir en la pantalla o a escuchar sus comunicaciones con tierra ya no lo logró, extrañándose de su repentino silencio y de su desaparición tan inexplicable de la pantalla de radar, pues en realidad no había tenido tiempo de aterrizar.

También es muy de notar que en el primer accidente, ocurrido en agosto de 1976, ante la imposibilidad de encontrar el avión desaparecido, las autoridades trajeron de Europa al famoso clarividente Croiset, cuya fama como detector de objetos o de personas desaparecidas y como descubridor de criminales es bien conocida en el mundo entero.

Pues bien, Croiset, después de haber hecho todos los esfuerzos posibles, llegó a la conclusión de que el avión «no estaba en un plano físico; sencillamente no estaba en ningún sitio».

Y se da la curiosísima coincidencia de que dos años antes, el mismo Croiset había sido llamado por la Policía de Puerto Rico para que tratase de encontrar a dos niños que habían desaparecido misteriosamente en una montaña llamada El Yunke, en la que ya había habido otras desapariciones y en donde sucede toda suerte de cosas extrañas.

Pues bien, Croiset, después de haber recorrido la montaña y haberse concentrado con mapas y con prendas de los niños desaparecidos dijo prácticamente lo mismo que diría cuando el avión ecuatoriano: «No los veo en este plano físico.» La contestación por supuesto no fue del agrado de los curiosos ni de las autoridades policíacas que lo habían traído desde Holanda, pero recuerdo que para mí fue una confirmación de las dotes de clarividente de Croiset.

A él nadie le habló de las muchas cosas raras que en aquella montaña suceden y trató de hallarlos al igual que hizo muchas otras veces contratado por la Policía de su país para resolver algún caso criminal. La Policía por supuesto no creía en ninguna desaparición causada por «entidades extrañas»; más bien se inclinaba a creer que habían sido raptados por elementos de la Mafia.

Yo tenía la casi completa seguridad de que habían sido abducidos por las muchas misteriosas entidades que habitan aquella frondosísima montaña desde antes de la llegada de los españoles; y las posteriores desapariciones y hechos raros ocurridos en aquellos parajes me han dado la razón. Puede ser que algún día me decida a escribir algo de lo que tengo recopilado acerca de las muchas muertes sospechosas, desapariciones, y avistamientos de toda clase de criaturas extrañas, OVNIS y animales raros que se han producido en el macizo de El Yunke al nordeste de Puerto Rico.

Siguiendo con el tema del avión ecuatoriano, hasta mí llegaron rumores de que la madre de una de las azafatas de vuelo desaparecida en el accidente, había recibido una extraña carta de su hija en la que le decía que no se preocupase por ella porque «estaba bien y en un lugar del que no quería volver». Intenté llegar a la fuente de esta noticia pero no pude y la atribuyo más bien al histerismo colectivo desatado entre la Prensa y la opinión pública ante un accidente tan desgraciado en el que extrañamente se repetían las mismas circunstancias que en el anterior y que además era el sexto accidente aéreo en poco más de dos años.

Sin embargo, sí es totalmente cierto que una de las autoridades más prominentes, directamente relacionada con el avión desaparecido, me pidió una entrevista para que yo le dijese con sinceridad lo que pensaba sobre el asunto y qué posibilidad había de que el avión hubiese sido en realidad secuestrado por un OVNI.

Ante la falta de testigos directos que relacionen la desaparición de este aparato con un OVNI, necesariamente uno tiene que quedarse en el terreno de las conjeturas; pero conjeturas que tienen muchos antecedentes en todas las latitudes del planeta.

Por el mes de octubre de 1978 se perdió en Honduras un avión de una línea comercial con todos sus pasajeros. A pesar de la intensa búsqueda nunca fue hallado. Pues bien, el lector recordará, tal como narramos en un caso anterior, que precisamente en esas mismas fechas hubo en Honduras dos grandes apagones que, como vimos, fueron causados por OVNIS de diversos tipos.

¿Tenemos derecho a sospechar en este caso que los OVNIS no sólo fueron los causantes del apagón —cosa de la que estamos completamente seguros— sino que también fueron los causantes de la desaparición del avión?

Creo que sí, sobre todo si tenemos en cuenta los antecedentes de este caso.

Ante todo tengo que señalar el paralelismo que hay entre la desaparición de los dos aviones ecuatorianos que acabo de reseñar y la de dos aviones británicos con base en las islas Bermudas.

El mes de enero de 1948 el avión Star Tiger, un «Tudor IV» de la compañía «British South American Airways», desapareció cerca de las islas Bermudas.

Pues bien, un año más tarde, es decir en enero de 1949, otro avión «Tudor IV» llamado Star Ariel de la misma compañía «British South American Airways», desapareció misteriosamente entre las Bermudas y Jamaica.

Y bueno será saber que aunque es cierto que todo lo referente al «Triángulo de las Bermudas» se ha exagerado bastante, no deja de ser verdad que de las 60 desapariciones de barcos que Marius Alexander reseña en su lista, sucedidas en todo el mundo, 28 tuvieron lugar en el famoso «triángulo»; y de las 44 desapariciones de aviones, 24 sucedieron en aquellos mismos límites.

Para que el lector se convenza de que no estoy hablando de generalidades le daré noticia de unas cuantas desapariciones concretas de aviones; y aunque lo haré de pasada, podría darle muchos más datos en la mayor parte de los casos.

El 28 de diciembre de 1948 un «DC4», en ruta de San Juan de Puerto Rico a Miami, pidió el permiso habitual a la torre de control para aterrizar en Cayo Hueso. Le fue concedido pero el avión no aterrizó nunca ni se supo más de sus 36 ocupantes.

En junio de 1951 a un «Constellation» que iba de Johannes-burgo a Nueva York, con 40 pasajeros, y que se disponía a aterrizar en Dakar, le sucedió lo mismo.

En 1973 el piloto de un «Caravelle» se disponía a aterrizar en Madeira. Los que esperaban en la azotea del aeropuerto vieron en la distancia al avión cuando enfilaba la pista. Momentos después ya no estaba en el aire y nunca aterrizó. Tengo los datos concretos de alrededor de 29 casos por el estilo, en los que el avión, después de haber estado en contacto con la torre de control, desapareció inexplicablemente.

En los casos hasta ahora referidos los boletines de Prensa no hablaron de OVNIS ni los relacionaron con la desaparición del avión, pero en el caso del caza norteamericano que volaba, en enero de 1964, sobre Alemania del Este, sí. El radar del aeropuerto militar a donde se dirigía, hacía rato que tenía en su pantalla «dos extraños objetos» que seguían muy de cerca al avión. Éste desapareció de repente de la pantalla y nunca se supo más de él.

Entre los hechos de este tipo, el caso clásico es el del Lancastrian Star Dust. Fue el 2 de agosto de 1947. Había sobrevolado los Andes y el piloto se había comunicado ya con la torre de control de Santiago de Chile, anunciándole «buen aterrizaje».

Interrumpiendo estas palabras apareció en la radio una voz fuerte que dijo dos veces y muy rápidamente:

«¡Stendec! ¡Stendec!»

Nadie supo interpretarlas, pero el avión no aterrizó nunca.

Y mucho menos conocido, aunque más esclarecedor, fue el caso de un pequeño avión monoplaza que volaba por encima del Estado de Missouri (Estados Unidos): No lejos de su trayectoria se pudo ver, inmóvil en el espacio, una gran «nave nodriza» en forma de puro.

En un rápido movimiento se acercó al pequeño avión al que inmovilizó en el aire.

En uno de sus extremos se abrió una gran puerta por la que en segundos engulló al avión, que cupo perfectamente aun con sus alas extendidas. Por supuesto, los escasos y asombrados testigos fueron tachados de alucinados y el hecho pasó a formar parte del folklore popular de aquella región y en concreto de las «leyendas» relacionadas con los OVNIS. Pero lo cierto es que del avión no se volvió a saber nunca más, y los padres del piloto están todavía esperando a su hijo.

En las desapariciones de aviones suelen darse varias circunstancias extrañas que también suelen darse en las desapariciones de barcos, que son aún más numerosas.

En primer lugar suelen desaparecer sin haber lanzado ningún SOS. Sencillamente deja de oírse su voz en la radio, aunque hay unos cuantos casos en que se ha oído la voz aterrorizada del piloto pidiendo auxilio; pero hay que reconocer que son una insignificante minoría en comparación con los que se van silenciosamente.

Además estos hechos, al igual que el avistamiento de OVNIS, ocurren en oleadas. No es raro que cuando desaparece un avión en circunstancias misteriosas, desaparezcan otros en poco tiempo de la misma manera.

Varios ejemplos: En el año 1951, en poco más de un mes desaparecieron en Alaska sin dejar rastro 5 aviones, de los que ninguno dijo en algún momento que estuviese en dificultades. En total desaparecieron 81 personas.

El año siguiente, en menos de dos meses, volvieron a desaparecer en Alaska 8 aviones, y tres años más tarde, en 20 días perecieron en las Montañas Rocosas cerca de un centenar de personas en diversos accidentes aéreos. Al igual que en los otros casos, ninguno de estos aviones, que nunca fueron hallados, lanzó la menor señal de alarma por radio.

Se puede decir que en la desaparición de barcos y aviones se da el jungiano fenómeno de la «sincronicidad», que también ocurre en otros hechos paranormales Es frecuente que el mismo día que se esfuma un avión en algún lugar del Globo, desaparezca otro en alguna otra parte que puede estar a miles de kilómetros de distancia. El mismo día en que se perdió el avión de Honduras al que hicimos referencia, desapareció en Australia otro avión en circunstancias extrañas.

Por último es de notar que quienquiera que sea el que se dedica a hacer desaparecer aviones, da la impresión de tenerle cierta inquina a las escuadrillas o formaciones de aviones militares.

En 1952 una escuadrilla de «jets» norteamericanos efectuaba en Corea un vuelo de reconocimiento. Uno de los aviones penetró en una nube y ya nunca salió de ella.

En 1950 se estrellaron simultáneamente, cerca de Washington, 3 cazas norteamericanos. En 1951, el 8 de junio, nada menos que 8 «thunderjets» de la misma nacionalidad, que acababan de despegar, cayeron uno tras otro cerca de Richmond (Indiana) y dos años más tarde otros 4 «thunderjets» cayeron envueltos en llamas desde 3.000 metros en el Estado de Georgia.

En 1955 cayeron a tierra en Lisboa los 8 aviones de una escuadrilla militar portuguesa; el año siguiente le ocurrió lo mismo en Norfolk a 6 cazas ingleses, 5 cazas suecos que cayeron cerca de Estocolmo y 3 cazas holandeses en Alemania.

En julio de 1962 cuatro «F-104» alemanes se estrellaron en las proximidades de Colonia y el año siguiente tres aparatos norteamericanos cayeron simultáneamente en el noroeste de Francia.

El 25 de mayo de 1966, 6 «Mystére IV» cayeron sobre los límites de las provincias de Sevilla y Huelva, que es precisamente el lugar de más avistamientos de OVNIS en toda España… Y así podríamos seguir. Hace casi dos años (primavera de 1987) los periódicos de todo el mundo dieron la noticia de que tres aviones de reacción de los más modernos que tiene Francia se estrellaron simultáneamente.

Como no podría ser menos, los «técnicos» siempre tienen explicaciones para estos accidentes en grupo, pero cuando se habla con ellos extraoficialmente reconocen que es extremadamente raro que la totalidad de una escuadrilla se vaya a tierra y más aún sin haber dado ninguno de ellos por la radio la señal de alarma tal como ha ocurrido en la mayoría de los casos (2). 

Muchos hechos como éstos, repartidos por todo el planeta, van a ir poco a poco haciéndonos despertar y ayudándonos para que en el futuro estemos más atentos a acontecimientos que en otros tiempos quedaban sin explicación y eran pronto olvidados.

Los teletipos y los ordenadores nos están ayudando a conocer y a recordar todos estos hechos y sobre todo a relacionarlos entre sí, al mismo tiempo que nos hacen caer en la cuenta de que este planeta no es tan nuestro como habíamos pensado y de que alguien anda por ahí jugando bromas muy pesadas, haciéndonos creer, por otra parte, que todo ha sido producto de causas naturales

(1) En el libro Sin rastro, Charles Berlitz cita largamente al autor y se haceeco de la abundante información que éste le dio acerca de muchas desapariciones misteriosas que por aquellos años estaban produciéndose en el Caribe y en particular en la isla de Puerto Rico en donde por aquel entonces residía. (N. del E.)
(2) Para todo este tema es muy interesante el libro Desapariciones misteriosas de Patrice Gastón (Editorial Plaza & Janes) del que hemos tomado algunos de los datos de este capítulo.

La Granja Humana – texte 6/19

dissabte, 28/09/2019

Caso n.° 4

APAGÓN EN HONDURAS

Desde hace años se vienen relacionando los grandes apagones de ciudades y regiones enteras con los avistamientos de OVNIS. Sin embargo tengo la impresión de que en ninguno de ellos se ha podido establecer una relación tan clara entre la causa y el efecto, es decir, entre los OVNIS y la suspensión de la energía eléctrica, como en este que le presentaremos al lector.

El crédito de esta excelente investigación hay que atribuírselo enteramente al ingeniero Enrique Castillo Rincón y al señor Samuel Medina. El primero es un conocido «contactado» de Costa Rica, que en varías ocasiones ha viajado a bordo de un OVNI, y de ello son en parte testigos las autoridades de Colombia y Venezuela. Otra prueba de que sus aventuras no son imaginarias podría ser el hecho de que fue llevado casi por la fuerza a Washington por misteriosos agentes norteamericanos. Allí, durante varios días fue sometido a un interminable interrogatorio y devuelto posteriormente en un avión especial a Bogotá. Con ambos investigadores me une desde hace muchos años una gran amistad que me honra.

Los hechos a los que se refiere el presente capítulo sucedieron el 14 y el 27 de octubre de 1978 en Honduras. El 14 hubo un apagón en casi todo el territorio nacional que duró 10 minutos en la zona central y 25 en la zona sur, comenzando a las 18.10 horas.

Antes de exponer las razones que tenemos para asegurar que el apagón fue causado por los OVNIS, queremos hacer algunas reflexiones respecto de otros apagones famosos. Aunque la gente conoce mayormente los dos célebres apagones de Nueva York (en gran parte porque esta ciudad es la sede de las grandes agencias noticiosas del mundo y todo lo que en ella sucede adquiere muy fácilmente notoriedad mundial) ha habido una gran cantidad de apagones igualmente grandes y extensos, que se considera que han sido también causados por los OVNIS. Entre ellos recordamos en este momento dos en Canadá, uno muy extenso en Texas, dos en Argentina, uno en Australia, etc.

Es cierto que en algunos de éstos se han tomado incluso fotos de OVNIS sobrevolando la ciudad a oscuras (Nueva York), cosa que a lo que parece no sucedió en nuestro caso. Sin embargo la abundancia de testimonios, lo concreto de sus observaciones y lo extraño de algunos fenómenos testimoniados por los mismos ingenieros de las centrales eléctricas nos lleva a la certeza de que los dos apagones fueron causados por la obra concertada de varios vehículos espaciales de origen desconocido.

No tenemos más remedio que prescindir de buena parte del material abundante pacientemente recopilado durante 15 días por los señores Castillo y Medina, así como de numerosos testimonios para no hacer demasiado largo este capítulo.

He aquí lo que narró Rogelio Bercian, de 24 años, coordinador de publicidad del periódico La Tribuna de Tegucigalpa:

«Eran exactamente las 18.06. Me encontraba en las inmediaciones del cerro El Picacho revisando mi automóvil, cuando divisé en la lejanía un extraño objeto que se desplazaba a gran velocidad de Sur a Norte. Creyendo que era un avión convencional lo observé con estupor y muy detenidamente, pues iba muy rápido y se acercaba peligrosamente a una zona muy poblada. Desde el sitio en que me encontraba podía ver muy bien toda la ciudad.

De pronto, el objeto describió una rapidísima maniobra casi suicida, en forma de ocho, y pude ver entonces su forma y configuración; se parecía a un gigantesco “bumerán” o Ala Delta, con una luz en el centro muy brillante. En el momento en que bajó y se produjo el mayor acercamiento a la ciudad, y casi sobre el aeropuerto de Toncontín, inmediatamente se fue el fluido eléctrico de la ciudad; vi cómo se empalidecieron todas las luces hasta quedar totalmente apagadas.

El extraño objeto volador ascendió rápidamente hacia el cielo, llevándose “como pegado” a él una cola de luz, después de describir una maniobra inverosímil y de lanzarse casi en línea vertical hacia arriba. Posiblemente el momento en que voló más bajo sobre la ciudad estaría a unos mil metros de altura sobre la zona sur. Las dimensiones aproximadas del objeto que yo vi serían de unos 25 metros de ala a ala y unos 8 metros de largo aunque no puedo calcular el grueso o altura del mismo.»

Este relato fundamental podría ser corroborado prácticamente en todas sus partes por muchos otros testigos.

«Eran aproximadamente las 18.10 cuando salí a tomar el microbús; observé como si una estrella se desprendiera del firmamento y luego hiciera una extraña maniobra, como si estuviera frenando en su caída, cuando de pronto cambió de rumbo, describiendo una media onda, y elevándose rápidamente hasta perderse de vista. En el momento en que frenó la caída, observé como un destello e inmediatamente se fue la energía eléctrica de la ciudad… El objeto que yo vi tenía alas en forma de delta… Puedo decir que era grande…»

Con relación a este objeto Castillo y Medina todavía obtuvieron más testimonios, pero lo curioso es que hubo otras personas que a la misma hora vieron otros objetos extraños en diferentes puntos de la ciudad.

«Varios objetos en el cielo en forma de bola anaranjada de unos dos metros y también un objeto cilíndrico que desapareció haciendo un extraño silbido.» (Luis Silva, 12 años, y una amiga suya también de 12 años; ambos viven en la Colonia Toro tagua.)

Hay que tener presente que la Colonia Torotagua está al sur de la ciudad, en tanto que los relatos de los dos primeros testigos están ubicados al norte, encima de La Leona, que es la subestación que distribuye la energía eléctrica a Tegucigalpa.

Todavía hay más testimonios en los que otros testigos vieron «a eso de las 17.11 minutos» otros tipos de OVNIS en otras partes de la ciudad. Una señora (que no quiso dar su nombre) junto con sus cuatro hijos, más una vecina, vio «dos objetos que se desplazaban juntos a gran altura y de color plateado; después se separaron y tomaron direcciones opuestas».

Otro detalle curioso que coincide con el de otros apagones sospechosos es que al día siguiente se vio «una escuadrilla de OVNIS volando muy alto» y dos días más tarde un profesor del Instituto Central Vicente Cáceres (que también prefirió el anonimato) descubrió en la grama, a la entrada del Instituto, unas extrañas marcas, como si un ventilador hubiese estado flotando a muy poca altura del suelo.

Las averiguaciones hechas por Castillo y Medina con relación a este primer apagón tienen únicamente testimonios de la capital, pero curiosamente, cuando se dirigieron a las autoridades competentes en busca de alguna explicación técnica para el apagón, se encontraron con que éstas les dieron nuevos detalles de «anomalías sin explicación» sucedidas muy lejos de Tegucigalpa, en concreto en la estación generadora de El Cañaveral. Tal como el lector podrá ver en el primer grabado —hecho por un ingeniero de la «ENEE» («Empresa Nacional de Energía Eléctrica»)—, la planta de El Cañaveral dejó de funcionar «después de observarse un extraño resplandor».

Pero no sólo eso, sino que a 200 kilómetros de Tegucigalpa, en la zona sur del país, las estaciones de San Lorenzo y Choluteca también se vieron afectadas. Y como explicaba el ingeniero Martín Baide, jefe de relaciones públicas de la «ENEE»,

«no nos es posible explicar plenamente cómo sucedió el apagón; pues si éste se hubiera generado en la zona sur Choluteca-San Lorenzo, sólo debería haberse afectado ese área y no continuar hasta Tegucigalpa, como ocurrió, pues el circuito se hubiera desconectado automáticamente…».

Y es muy de notar que exactamente un año antes se habían producido varios apagones y fallas a las que, según el mismo ingeniero Baide,

«nunca se les pudo hallar la causa; fueron varios y de muy corta duración, regresando o fluyendo la energía sola de nuevo».

Esto es completamente normal en todos los apagones misteriosos. La energía vuelve a fluir sin que los técnicos sepan cómo.

La síntesis de este primer apagón es la siguiente: En el preciso momento en que varios tipos de OVNIS son avistados sobrevolando Tegucigalpa y cuando precisamente uno de ellos se lanza en picado en las inmediaciones de la subestación de La Leona al norte de la capital, y en el preciso momento en que la planta generadora de El Cañaveral, muy lejos de la capital, se observa un extraño resplandor, se produce un gran apagón que afecta a la mayor parte del territorio hondureño y a la región de León, en la vecina Nicaragua, que está conectada a la red hondureña.

Como colofón diremos que preguntado el ingeniero Baide si veía alguna posible relación entre la presencia de los OVNIS y el apagón contestó: «Personalmente no descarto la posibilidad de que tecnologías superiores a las del hombre puedan ser las causantes de estas anomalías, pues nosotros no hemos podido explicar satisfactoriamente las verdaderas causas de estos apagones.»

Veamos cómo fue el apagón del 27 de octubre.

Si en el del día 14 vemos una relación bastante directa entre los OVNIS y la suspensión de la energía eléctrica, en el del día 27 la veremos aún mayor. (Ver ilustraciones 1, 2 y 3.)

Una de las circunstancias especiales de este apagón, que nos da pie para relacionarlo más con el fenómeno OVNI, es que no fue simultáneo como el del día 14 en las diferentes ciudades que afectó. Y con el agravante de que los respectivos apagones se produjeron precisamente cuando las diferentes ciudades eran sobrevoladas por misteriosos objetos no identificados.

Oigamos en Choluteca (a 200 kilómetros al sur de Tegucigalpa) el testimonio de doña Aída Zúñiga de Oviedo, de 40 años, directora de la Academia Independencia de secretariado femenino:

«A las 6 pasaditas empezó a llover fuerte, con descargas eléctricas al principio… Yo me encontraba en mi oficina cuando una de las alumnas llamada Egdomilia Quiroz fue llamada por una compañera, para que saliera a ver algo muy extraño que emitía destellos entre una gran nube. Su apariencia era como de una palangana gigantesca, que según los cálculos de seis señoritas era como de cien metros de longitud. Era realmente impresionante.

La altura a que se encontraba estático el aparato podía ser de unos 800 metros y se le alcanzaba a ver como ventanillas alrededor; todas las muchachas se pusieron muy nerviosas hasta el punto que dos de ellas casi entraron en histeria gritando. El aparato estaba camuflado con una gran nube o niebla pero se podía ver su forma claramente; parecía como si un vapor saliera de alrededor de él. Una de las muchachas dijo que se parecía al de Encuentros en la tercera fase.

»Estuvo como 10 minutos estacionado en el mismo lugar, sin hacer ruido; sólo salían relámpagos pero no sonaban. Después se empezó a mover y a desvanecerse. Todavía había luz eléctrica pero minutos después se fue toda la luz en Choluteca. Algunas personas creyeron que había un gran incendio en alguna parte de la ciudad, pues la luz que veían era circular v pensaron que se trataba del resplandor del incendio .

»Lo más extraño de todo fue que cuando el aparato se fue dejó de llover inmediatamente. La luz del objeto cambió de color, de rojo amarillo a rosa pálido y desapareció. Varias personas quisieron arrancar sus automóviles y no pudieron. Después que dejó de llover algunos autos prendieron va normalmente… Este momento fue algo aterrador para las muchachas v no lo podremos olvidar jamás.»

Es de notar que la ciudad de Choluteca, al igual que muchas otras del Sur, recibe su energía de la central de Pavana que «inexplicablemente también fue afectada-», según atestiguaron los expertos de la «ENEE». Y asimismo se afectó la vasta región de Nicaragua que se surte de esta misma central.

Exactamente dos horas más tarde hizo su aparición sobre Tegucigalpa un extraño aparato que se dirigió directamente a la subestación de La Leona. De este aparato v de sus maniobras los investigadores recogieron testimonios muy precisos y abundantes.

He aquí lo que contó Miguel Herrero, el operario que estaba de guardia en La Leona la noche del apagón:

«Eran exactamente las 20.06 de la noche, pues acababa de mirar aquel reloj grande eléctrico…, cuando de pronto la imagen de un televisor pequeño comenzó a palidecer hasta que se perdió y al mismo tiempo vi un resplandor azuloso e inmediatamente se produjo una explosión en el patio donde están los transformadores y la distribución de salida.

Quedé como ciego momentáneamente y apenas me recobré me dirigí al patio corriendo y vi que salían chispas de aquella torre donde están los aisladores… Entonces vi que una luz muy cegadora se elevaba hacia el cielo; tuve que cerrar los ojos nueva-mente pues la luz me cegaba y además los ojos desde el comienzo de todo me estaban lagrimeando. Era algo indefinido… Se elevaba con un zumbido.»

Miguel Herrero (que varios días después del apagón todavía llevaba lentes oscuros porque decía que tenía los ojos muy rojos e irritados) dijo que en el momento del apagón estaban desconectados dos circuitos, de modo que no hay explicación posible de cómo pudo afectar todo el país. Según él, las agujas de los tableros de control sufrieron una extraña alteración «como si se hubiera esfumado o perdido la energía».

Al igual que en el anterior apagón del día 14, a lo que parece no fue uno solo el OVNI que sobrevoló la ciudad, sino varios, a juzgar por los muchos testigos que afirman haber visto varios objetos.

Un testigo de excepción, que estando ajeno a todo fue sin embargo el receptor y unificador de muchos testimonios, fue el licenciado Rodrigo Wong Arévalo, subgerente de la emisora Cadena Radio América y director de El Noticiero, en Tegucigalpa:

«Recibí muchas llamadas —en total 12— de personas que aseguraban haber visto extraños objetos voladores; dos de ellos me dijeron haber visto un objeto volador en forma de pulpo —obsérvese cómo todos los testigos coinciden en este detalle aunque lo describan de varias maneras—. Mantuvimos muy bien informado al público de lo que estaba ocurriendo. Yo no sé si decían la verdad: me limité a informar. Algunas de las personas que llamaban estaban realmente excitadas.»

La señorita Julia Martínez Flores, policía femenina del destacamento de La Leona, dijo textualmente:

«Eran las 8.10 de la noche y yo estaba de guardia sola cuando se fue la luz. Salí a la calle a ver qué sucedía y observé unas luces que giraban en el cielo. Vi una luz muy baja que giraba sobre sí misma con un color rojo brillante y estaba más o menos encima de la planta de La Leona; era silenciosa en el vuelo; tenía “colitas” así para abajo; creí que era el fin del mundo.»

El guardián de un edificio de apartamentos, Rosendo A. Ponce, dijo que había sentido un ruido como de choque en el preciso momento en que la luz se fue. Salió y vio una luz como de dos metros muy rara que venía por encima de los cables de alta tensión; pasó como a dos metros de él «silbando de una manera muy rara».

El taxista Roberto Aguilar dijo que había visto una luz muy grande en el cielo.

Cuando lo vio, estaba bajando bastante y lo pudo mirar mejor; se quedó aterrado,

«pues el aparato o lo que fuera tenía forma de pulpo con tentáculos que se movían girando; llegó hasta el sitio de La Leona y de pronto la luz de la ciudad se fue, lo cual me produjo un tremendo escalofrío pues supuse que lo que acababa de ver tenía relación con el apagón».

(Ver ilustración n.° 4.)

Otro detalle curioso de este testigo, que coincide con lo que a todo lo ancho del mundo han dicho muchos otros testigos de OVNIS, es que a su juicio «se trataba de un animal volador».

Estos testimonios, con ser contundentes, son a mi manera de ver secundarios si los comparamos con el testimonio global de la familia Elvir Hernández, que habita muy cerca de la estación de La Leona.

He aquí lo que narró la señora Donatila Hernández de Elvir, de 40 años, ama de casa:

«Eran las 8.10 y me encontraba en la cocina, cuando de pronto vi un resplandor muy extraño que inundó toda la cocina e inmediatamente escuché una explosión, al tiempo que se iba la luz eléctrica. Me asomé en seguida a la ventana que da a la estación de La Leona y cuál no sería mi sorpresa cuando vi un aparato extraño inmóvil encima del árbol de mango; como un metro encima de él.

Tenía un metro de grueso por dos de largo y su forma era de aspecto raro, ya que alrededor del aparato giraban unas barbas metálicas largas de donde salían visos de varios colores; sin embargo, lo que parecía una cúpula estaba quieta; sólo giraban las barbas y el aparato brillaba tanto que no pude sostener la mirada; entonces grité tan duro como pude del miedo que me produjo aquella “cosa”.

Una cosa muy rara sucedió también: en el momento en que la luz violeta invadió la cocina empezó a sonar un extraño zumbido que permaneció en la cocina varios segundos… El color violeta permaneció “pegado” a las paredes de la cocina hasta desvanecerse…»

Elisabeth, de 17 años, hija de Donatila, estaba todavía en posición mejor para ver el incidente ya que cuando después de la explosión el OVNI se acercó al árbol de mango, ella estaba sólo a unos siete metros de él. Prácticamente da los mismos detalles que su mamá, aunque Elisabeth vio el OVNI desde que apareció brillando en el cercano horizonte.

«La luz era tan fuerte y de un azul tan intenso que me cegaba; aparté la cara y me la tapé con las manos porque creí quedarme ciega.»

De hecho estuvo sin poder ver durante varios minutos y cayó en un ataque de histeria y nervios que le duró dos días, con jaqueca y malestar. (Ver ilustración n.° 5.)

Los que dicen que «de los OVNIS no hay pruebas concretas» y que todo es fruto de la mente, es porque desconocen casos como éste en donde docenas de testigos de todas clases coinciden en afirmar v describir el mismo hecho; un hecho concretísimo como es el corte de energía eléctrica en toda una ciudad.

En cuanto a que la afirmación de los testigos no es una «prueba», no lo será en el terreno puramente científico —y aun esto lo podríamos discutir, puesto que los últimos y definitivos testigos de los aparatos de los laboratorios son los sentidos de las personas que los manejan y comprueban— pero sí son una auténtica «prueba» en un sentido humano.

Los jueces de un tribunal condenan o absuelven en virtud de «pruebas» o testimonios que en muchas ocasiones no son tan abundantes ni tan acordes como éstos de los apagones de Honduras.

La Granja Humana – texte 5/19

dissabte, 28/09/2019

Caso n.° 3

BROMA MACABRA

Antes de entrar de lleno en lo que constituye la médula de este capítulo quiero poner al lector al corriente de algunos hechos que le ayuden a comprender lo que narraré al fin y que admito que no es nada fácil de aceptar si no se está en antecedentes.

Por el mes de noviembre de 1978 hice una visita al Estado de Tabasco, en el sudeste de la república mexicana. Pues bien, a poco que uno investigue en aquella región en lo referente a avistamientos de OVNIS o de seres insólitos, se encuentra con una gran cantidad de relatos fidedignos provenientes de todas las clases sociales y de todos los rincones del Estado. Naturalmente que toda esta actividad ovnística no se circunscribe a los límites de Tabasco, sino que es abundante en los Estados vecinos de Campeche y Veracruz.

Nos bastó hacerle una visita a don Santiago Gil para salir de allí con una serie de datos impresionantes de los que él había sido testigo, con todos los peones de su finca, existiendo de ello muchas fotografías —actualmente en poder de un periodista que las guarda con gran celo— que yo pude observar detenidamente.

Uno de los incidentes que más había impresionado a don Chago, a pesar de que él no es fácilmente impresionable después de haber sido testigo de muchas cosas extrañas en su finca, fue el hecho ocurrido el día 9 de septiembre de 1978, muy cerca de las cuadras y casas que constituyen su granja, situada a 78 kilómetros de Villahermosa, cerca del alto de Tulijá.

«Lo primero de todo —comienza diciéndonos— oímos un estruendo enorme, como si un camión hubiese dejado caer de repente toda una carga de grandes tubos de hierro, de los que la “PEMEX” (“Petróleos Mexicanos”) usa para sus oleoductos. En seguida apareció en medio del campo, como a unos 50 metros de nosotros, una gran bola de humo blanco que aplastó el sitio donde cayó, al mismo tiempo que hervía y se iba haciendo cada vez más grande. La bola cayó —nos decía don Chago— precisamente en el sitio en donde yo había estado parado a caballo unos momentos antes, de modo que si no llego a moverme me aplasta.

»En seguida comenzó a moverse lentamente y daba la impresión de que quería levantarse y no podía, porque avanzaba dando saltos y ganando velocidad, pero no lograba elevarse y en su carrera iba arrancando terrones de tierra y hierba del suelo y lanzándolos a gran distancia. Todos estábamos pasmados viendo aquello que no podíamos explicarnos qué podía ser. Sentíamos que era algo que no pertenecía a este mundo y al mismo tiempo nos daba la impresión de que tenía vida propia. En su carrera a saltos llegó hasta el extremo de la finca en donde hay grandes árboles; al llegar a uno de ellos, lo rodeó y repentinamente vimos cómo el árbol, cuyo tronco tenía bien unos 70 centímetros de diámetro, fue arrancado con raíz y todo y allí está todavía para el que lo quiera ver.»

De hecho yo pude ver no sólo este árbol, sino otros muchos a los que les habían desgajado grandes ramas, al igual que una larga cerca de alambre que «la bola» fue arrancando en su carrera y lanzando por el aire a gran distancia. Don Chago se quejaba de que había tenido que reponer como unos cien metros de alambrada.

La cosa por fin logró despegarse del suelo, aunque sin coger altura. Entonces se dirigió hacia las casas, y como iba tan baja chocó contra el techo del jacal que servía de morada a uno de los peones y lo dejó todo inclinado, tal como podía apreciarse en una de las fotografías. Por fin ganó un poco más de altura, y cuando iba como a unos 50 metros del suelo comenzó a echar unos chorros de humo hacia arriba hasta que se perdió de vista en el horizonte.

Y esta noche no fue, ni de lejos, la única vez que don Santiago Gil ha tenido en su finca la visita de extraños artefactos.

En otra ocasión, en 1976, por la noche, se vio encima de la finca una especie de tablero rectangular, vertical, que estaba parado y suspendido en el aire. De repente salió de él un rayo potentísimo de luz muy concentrada que se dirigió hacia las montañas, iluminando un pequeño sector de ellas.

Lo grande del caso es que las montañas a las que se refería don Chago están a no menos de 20 kilómetros, y aquel haz de luz fue capaz de mantenerse compacto en toda esa distancia e iluminar un solo sector de la montaña, como si se tratase de una linterna eléctrica gigantesca.

«Un día, hace como cinco años —nos decía—, fui con mi hijo al río Tulijá y vimos, como a cien metros encima de nuestras cabezas, una especie de cigarro que visto a esa distancia daba la impresión de medir un metro y medio. Tenía unas luces rojas y azules. Pasó muy lentamente por encima de nosotros y se perdió en el horizonte.

»Otro día, estando yo por la noche de cabalgata por mi finca, una luz empezó a darme vueltas y más vueltas, como a cien metros encima de mi cabeza; yo me paraba y les decía que bajasen, que yo los esperaba, pero después de dar muchas vueltas se fueron.

»Otra vez, en 1977, vimos un objeto raro que vino del aire y se metió debajo del agua, en el río. La gente se enteró y vinieron buzos que estuvieron buscando por todo aquello y no hallaron nada.»

Don Chago nos siguió narrando toda una serie de episodios en que tanto él como la mayor parte de los miembros de su familia y empleados de la finca habían sido testigos de las andanzas de los OVNIS. Y, aparte de don Chago, nos encontramos con otras personas que nos relataron avistamientos, aterrizajes y encuentros de todas clases, que se habían producido aquel mismo año o en los años inmediatamente anteriores.

Con estos antecedentes el lector estará más preparado para oír el relato que a continuación haremos, sucedido no sólo en el mismo Estado de Tabasco (que no es muy grande en extensión) sino en la misma región en donde sucedieron los hechos anteriormente descritos.

El caso a que me refiero sucedió en la noche del 9 de enero de 1978. Siete hombres —trabajadores todos ellos de «Petróleos Mexicanos»— se dirigían apretujados, en plan de fiesta, en una furgoneta marca «Gremlin», por la carretera del Circuito del Golfo, de Villahermosa a Cárdenas. Iban muy alegres y dispuestos a divertirse aquella noche, pues acababan de cobrar. Cuando más divertidos estaban con sus chistes y bromas, un tremendo impacto sacudió el automóvil, y todos sintieron en sus rostros el golpear de pequeñas piedras, que luego resultaron ser los minúsculos pedazos del parabrisas, tal como les sucede a los vidrios de los automóviles, que cuando reciben un fuerte impacto se fragmentan en mil pequeños pedazos.

No se habían recuperado de este susto cuando los tres que iban en el asiento delantero comenzaron a gritar al chófer para que se detuviera, porque encima de sus piernas sentían el peso de algo que por la oscuridad no podían saber bien lo que era, pero que daba la impresión de ser un animal grande o un hombre al que le faltaba una parte.

El chófer, presa del pánico, en vez de frenar, aceleró más. Fue un verdadero milagro que en aquellos momentos no chocasen o se saliesen de la carretera, porque lo que se formó dentro del coche fue infernal: gritos de espanto y de desesperación de los de delante por quitarse aquello de encima, empujones de los de atrás al chófer para que se parase, mientras éste apenas si podía ver tras el impacto de los cristales del parabrisas en su rostro. La realidad fue que el vehículo no se detuvo hasta unos tres kilómetros del sitio en donde había sentido el extraño encontronazo.

Para entonces, ya los que iban en el asiento delantero habían podido darse cuenta de que lo que llevaban encima de sus piernas era medio cuerpo humano, al que habían cortado por la cintura. La parte que ellos llevaban era la parte superior.

Cuando por fin se detuvieron, más adelante del pueblo de Loma de Caballo, en medio de la oscuridad de la noche, con una excitación y un nerviosismo comprensibles y sin saber qué hacer, decidieron abandonar allí mismo el cadáver de aquel medio hombre y volver al lugar de donde habían partido.

Naturalmente no fueron capaces de callar lo que les había ocurrido y como resultado de ello a los pocos días estaban todos en la cárcel acusados de haber arrollado a aquel hombre. Todos menos el chófer, llamado Fabián, que posiblemente más atemorizado que los demás, pues era a él a quien iban a echarle toda la culpa del suceso, desapareció sin que pudiesen dar con su paradero. Desde un principio dijo que él en ningún momento había atropellado a nadie y ponía de testigos a todos sus compañeros.

La mitad inferior del cuerpo apareció en un sitio cercano al lugar de la carretera en donde ellos habían sentido el impacto en el parabrisas, con la consiguiente aparición de la mitad superior del cuerpo encima de sus piernas. Pero curiosamente no estaba en la calzada de la carretera o en la cuneta, sino en un campito cercano. El muerto resultó ser un pobre jornalero.

¿Por qué ponemos este caso como provocado por la intervención de algún OVNI, cuando los hombres fueron acusados de haberlo atropellado con su vehículo?

Es cierto que no tengo pruebas concluyentes de que todo el hecho se le deba achacar a los ovninautas; sin embargo, hay muchas circunstancias que nos llevan a sospechar que efectivamente se trató de una broma más de cierto tipo de seres misteriosos, que parece que se dedican a jugar con los hombres, ejecutando a veces bromas tan macabras como la descrita y como otras semejantes que conozco y que no describo aquí porque no las he investigado personalmente como ésta.

Si fuese el primer hecho de este tipo con el que me encontrase, ciertamente tendría mucho reparo en admitirlo sin más, pero desgraciadamente es uno más en una muy larga lista; y esto por más que les pese a los defensores de los «hermanos mayores del espacio» o a los que quieren llevar la investigación del fenómeno OVNI con una metodología y unos estilos científicos «químicamente puros».

He aquí las razones para sospechar que todo el hecho constituyó una broma macabra de este tipo de entidades malignas a las que nos referimos anteriormente.

En principio, los testigos inmediatos del caso —los siete hombres que iban en el auto— juran y perjuran que ellos no arrollaron a nadie y que el cuerpo cayó verticalmente del aire. Y ciertamente es muy difícil que alguien que es arrollado por un coche sea partido por la mitad y que una de las mitades pase por encima del motor y todavía tenga fuerza para destrozar por completo el parabrisas.

Además, se da la circunstancia de que el parabrisas de los «Gremlin» está muy inclinado hacia atrás y ofrece poca resistencia a un objeto que venga de frente, empujándolo más bien hacia el techo del coche. Lo normal es que el automóvil golpee primero a la persona y si no la lanza hacia un lado, acabe pasándole por encima. Sin embargo, admitimos la posibilidad de que hubiese sido arrollado, y no tendríamos inconveniente en dejar así las cosas si no hubiesen concurrido otras circunstancias que hacen el hecho muy sospechoso.

Estas circunstancias nos fueron comunicadas por el hijo de la víctima, al que fuimos a visitar a su casa, aparte de que ya eran conocidas por las autoridades y por los jueces, cosa que en parte motivó el que al poco tiempo los dejasen salir a todos de la cárcel, hasta que se esclareciese todo el extraño suceso.

Lo primero que nos extrañó en nuestra conversación con el hijo del «arrollado», fue que espontáneamente nos dijese que él no creía que su padre hubiese sido atropellado en la carretera por el auto. Las razones que tenía para decir esto eran principalmente dos. La primera era que su padre era un hombre muy casero y tranquilo y no tenía nada que hacer a esa hora de la madrugada en un paraje tan alejado de su casa; ciertamente él no acostumbraba a andar por aquel lugar solitario a aquella hora y menos aún por el medio de la carretera.

La otra razón a la cual su hijo le daba más peso era que su padre no presentaba las heridas normales que tendría que tener alguien que hubiese sido atropellado por un auto, con la violencia con la que se supone que su padre fue impactado.

—A mi padre lo aserraron por la cintura. No sé quién. Pero no lo arrolló ningún coche.

Esta aseveración de su hijo sin que yo le hubiese sugerido nada me electrizó, pues automáticamente recordé otros incidentes similares que conocemos los que estudiamos sin prejuicios el fenómeno OVNI.

Según él, su padre daba la impresión de haber sido cortado cuidadosamente por la cintura con algún instrumento; no había desgarraduras de ningún tipo en las ropas ni en la carne, a pesar de que el corte era en una región en la que necesariamente tendría que haber tejidos colgantes, bien fuese del estómago y sobre todo de] intestino; tampoco había jirones de tela.

Ropa y carne estaban cortadas de una manera rectilínea como si lo hubieran hecho con una gran guillotina o con un cuchillo gigante. Además, todo era extrañísimo porque no había sangre por ningún lado, cuando lo natural es que el hombre se hubiese desangrado completamente dejando un enorme charco.

De hecho, estos inesperados detalles le causaron tanta impresión a su hijo que ya no pudo observar más y llamó a su mujer para que ella se encargase de todo, pues él no tenía fuerzas para contemplar aquello. Su esposa nos corroboró todos estos detalles, incluido algo que tiene gran importancia en toda esta investigación: la falta de derramamiento de sangre. Los vestidos tampoco estaban ensangrentados, lo cual es un detalle muy extraño y altamente sospechoso para ayudar a esclarecer lo que estamos tratando de probar; es decir, la injerencia de algún elemento raro en todo este asunto.

Según me dijo —cosa que no pude comprobar— tampoco había fracturas de huesos, algo que sería de esperar en alguien que había sido golpeado de una manera tan violenta; al haber sido partido por la cintura, el único «hueso» que se rompió fue la columna vertebral y ésta, según parece, estaba cortada limpiamente sin fracturas en las vértebras. Como es natural, ni el hijo ni la nuera del muerto me pudieron dar muchas explicaciones médicas acerca de estos detalles, y tengo que confesar que me quedé esperando el resultado de la autopsia practicada por el forense.

Otro detalle fue que la ropa no sólo no estaba manchada de sangre sino que tampoco estaba desgarrada ni sucia de tierra o polvo. En la hipótesis de que hubiese sido arrollado estas dos circunstancias no tienen explicación, ya que lógicamente tendría que haber sido arrastrado de alguna manera dejando esto huellas inconfundibles en la ropa. Una de las cosas en que tanto su hijo como su nuera hacían más hincapié era precisamente ésta: la camisa cortada como con tijera, sin desgarraduras ni sangre ni suciedad.

La familia simplemente no sabía qué había pasado y me da la impresión de que el fuerte nerviosismo que se apoderó de su hijo fue producto de que de una manera confusa cayó en la cuenta de que aquello no era cosa natural, y en el fondo tenía que ver con brujería o con algo misterioso que él no podía ni imaginar y por eso mismo lo aterrorizaba.

No cesaba de decir:

«A mi padre lo “serrucharon”.»

No quiero relacionar aquí detalladamente este caso con otros semejantes con los que nos encontramos en la abundantísima casuística OVNI. Ello nos tomaría demasiado espacio y nos apartaría mucho del tema fundamental del libro. Pero el lector debe saber que en los anales de los OVNIS se pueden hallar sucesos muy parecidos a este que aquí hemos descrito, y en aquéllos se llegó a la conclusión de que el extraño hecho había sido causado por los tripulantes de un OVNI.

En éste se da la nueva circunstancia de que lo dejaron caer desde arriba encima del parabrisas de un coche en movimiento, con la premeditada intención de que lo rompiese y penetrase en el vehículo asustando a sus ocupantes. Pero aun en este dejar caer desde arriba cuerpos humanos descuartizados hay antecedentes en la historia del fenómeno OVNI y de ello me he ocupado en otro libro.

Los detractores de todo el fenómeno y los eternos dubitantes que siguen diciendo que no hay «hechos comprobados», lo que deberían hacer es leer un poco más y no hablar de lo que desconocen.

La Granja Humana – texte 4/19

dissabte, 28/09/2019

Caso n.° 2
EL JUGUETE IMPOSIBLE

Narraré este caso tal como me lo contó el mismo testigo, que únicamente me dio permiso para hacerlo tras muchas vacilaciones y con la condición estricta de que omitiese todos los detalles que pudiesen llevar a alguien a su identificación.
Hace unos años, hechos como éste eran los que hacían perder credibilidad al fenómeno OVNI y desanimaban a los investigadores que se consideraban a sí mismos «científicos».

Sin embargo hoy, después de 30 años largos, los investigadores más despiertos, y en cierta manera la opinión pública, están ya más preparados para aceptar este aspecto paranormal del fenómeno, lo mismo que se van convenciendo de sus muchos aspectos parafísicos que tanto intrigan y hasta malhumoran a los conocedores de las ciencias físicas.

Omitiré por lo tanto nombres y ubicaciones, tal como me lo pidió el contacto, quien bastante ha tenido ya que sufrir con haber sido testigo mudo por tantos años de hechos tan alucinantes e «imposibles».

Hace algo más de 45 años, cuando nuestro testigo (al que en adelante llamaremos Julio) tenía menos de 10 años de edad, vio encima de sí, en una región en la que siempre ha existido una gran actividad ovnística, algo que flotaba en el aire como a unos 20 metros de altura. Por supuesto que él no tenía idea de lo que era aquello, pues nunca en su vida había oído hablar de semejante cosa, pero su ingenuidad de niño campesino, junto con la natural curiosidad de su edad, lo impulsaron a interesarse por averiguar qué era aquella cosa extraña que flotaba en el aire.

En vez de huir o asustarse se dedicó a observar. Al cabo de un rato sintió que de arriba lo alzaban y en pocos instantes se vio dentro de una habitación circular, con una luz «que no era como la del Sol» y rodeado de objetos y cosas que no sólo no le eran familiares, sino que eran totalmente distintas de todo lo que él había visto hasta entonces.

Aún no había salido de su asombro cuando vio una niña como de unos seis años que vino hacia él muy sonriente y en ademán de jugar y efectivamente en seguida empezó a enseñarle todos los juguetes que ella tenía en aquella casa tan rara.

Julio observaba todo con mucha atención, y aunque se daba cuenta de que estaba viendo cosas que nada tenían en común con lo que él había visto hasta entonces, en la humilde casa de sus padres o en cualquier otro sitio, no estaba atemorizado y sí genuinamente interesado en todo lo que le estaban enseñando. La niña siguió mostrándole sus juguetes hasta que llegó a uno que será el objeto central de este caso.

El juguete era una caja pequeña de unos 20 x 20 x 10 cms. y no tenía nada por fuera que indicase sus enormes potencialidades. La niña ponía sus pequeñas manos sobre ella y en seguida se empezaba a formar en la parte superior de la caja una especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba vertiginosamente, hasta que casi de repente aparecía ante ellos una criatura pequeña, humanoide, como de un metro de altura y una inteligencia semejante a la de un mono. No hablaba y parecía estar muy extrañada del lugar en que se encontraba de repente, como si la hubiesen traído allí contra su voluntad.

La niña era capaz de sacar de la caja cuantas criaturas quería, todas semejantes a la primera, y todas le obedecían sin chistar incluso cuando las volvía a meter, haciéndolas desaparecer dentro de la caja de la misma manera misteriosa como las había sacado. Primero las convertía en una especie de vapor, que repentinamente se precipitaba por una pequeña rendija hacia dentro. Digo que las hacía desaparecer dentro de la caja porque las criaturas evidentemente no cabían dentro, aunque hubiese habido una sola. Daba más bien la impresión de que se desmaterializaban.

Julio pasó un gran rato allá dentro conversando con la niña y viendo las muchas cosas que ella le enseñó, hasta que llegó la hora de irse. Entonces la niña le dijo si quería quedarse con la caja, porque él había mostrado mucho entusiasmo cuando la veía sacar de ella con tanta facilidad aquellos «monitos». Sin pensarlo mucho le dijo que sí y ella se la dio.

Lo bajaron de la misma manera que lo habían subido, y he aquí a Julio poseedor de algo que desde aquel momento se iba a convertir en el centro y en la preocupación de toda su vida.

Naturalmente guardó con gran celo su misteriosa caja y hasta la escondió de miradas demasiado inquisidoras, pero no hizo de ello un secreto inviolable. Gozaba mucho mostrándosela a escondidas a sus amiguitos y recuerda que hacía una especie de pequeño circo (para cuya entrada cobraba un centavo) en el que sacaba alguna de aquellas criaturas de la caja ante el asombro de sus pequeños compañeros de escuela.

Las personas mayores nunca asistían a aquellas «fantasías» de muchachos y hacían en pequeño lo que la sociedad hace en grande: si alguno de sus hijos les contaba lo que había visto, simplemente lo achacaban a «imaginaciones de niños». Aunque también es cierto que Julio nunca sacaba ningún monito cuando había algún adulto presente.

Esto contribuyó a la idea de que todo eran «cosas de muchachos».

Pero sucedió algo inesperado. La niña le había explicado bien a Julio cómo tenía que hacer para volver a meter los «monitos» dentro de la caja, pero Julio, a pesar de que lo intentaba no lo lograba. Las criaturas, en cuanto salían de su asombro inicial, se quedaban durante un tiempo al lado de la caja, como esperando las órdenes de Julio, pero dando muestras de un gran nerviosismo. Más tarde, cuando éste intentaba volverlas a meter y no lo lograba, repentinamente se iban, a una velocidad vertiginosa, y se perdían entre la maleza.

Estas criaturas se convirtieron bien pronto en una pesadumbre para Julio, porque lejos de desaparecer comenzaron a molestarlo y a amargarle la vida. Primeramente cuando él, mediante la imposición de las manos sobre la caja las hacía salir de dentro, las criaturas no salían de una manera tan fácil y natural como lo hacían con la niña, sino que, por el contrarío, cuando se materializaban delante de sus ojos, se mostraban contrariadísimas como si hubiesen sido traídas a la fuerza de otro sitio y comenzaban a mirar a todas partes y a dar señales de gran intranquilidad buscando por dónde huir, y de hecho lo hacían en cuestión de segundos, con unos movimientos eléctricos, sin que se dejasen agarrar ni tocar de nadie.

Más bien se mostraban hostiles a la gente, aunque la gente mayor parecía no verlos. Sin embargo, los niños y los animales, sobre todo los perros, los veían muy bien y huían a toda velocidad ante ellos.

Al cabo de un tiempo estas criaturas comenzaron a acercarse a la casa de Julio y a todas horas merodeaban por los alrededores. A veces se acercaban a él (la única persona con la que hacían esto) y hasta llegaban a tocarle, mostrando muy poco respeto por él: hasta se atrevían a hacerle bromas muy rudimentarias y de mal gusto.

Durante años, cuando Julio iba de un lado a otro por el campo, ellos lo acompañaban, aunque siempre a cierta distancia. La gente no los veía pero, como dije, los animales sí, y se alejaban en seguida cuando ellos se acercaban, dando señales de gran miedo o inquietud.

Julio no sabía qué hacer, y esto a lo largo de los años se ha convertido en un calvario para él, pudiendo decirse que ha marcado fatídicamente toda su vida.

En la actualidad él ya no tiene la caja consigo; la arrojó al mar amarrada a una piedra, muy lejos de la orilla, porque parece que lo que atraía a las criaturas era la caja y de hecho hace tiempo que éstas ya no lo visitan.

En un determinado momento de nuestra larga conversación —aunque posteriormente lo he visitado más veces— me dijo Julio con acento apesadumbrado:

«Créame, lo que yo quisiera es morirme.» A mi pregunta de por qué, me contestó, siempre con el acento de un hombre que lleva encima de sí un gran peso o una gran preocupación:

«Ya no quiero ver más cosas extrañas. Lo que quiero es descansar.» Todo esto me dejó con muchos interrogantes en la cabeza. En realidad, me dio la impresión de que aún tenía más cosas que decir, que se reservaba, y que ellas eran las que le causaban todo ese cansancio de vivir.

Él relaciona estas criaturas con ciertas desgracias que han sucedido por aquella región y cree que son capaces de hacer mucho mal y que de hecho lo hacen algunas veces. Según parece, en la actualidad merodean cerca de un lugar en la montaña, en donde por un tiempo tuvo escondida la caja, y es peligroso para la gente acercarse por allí. Me mencionó en concreto varias muertes que él creía habían sido causadas por ellos.

Aunque hace ya bastantes años que hizo salir a la última criatura de la caja, da la impresión de que está preocupado y apesadumbrado por las más de cien que hizo salir y que ahora pueden convertirse en una amenaza pública. Me pareció que se sentía culpable de haberlas traído a este mundo, pues se ve que las criaturas son forzadas a venir a un sitio en donde se sienten fuera de su ambiente y están como penando, sin encontrar cómo volver a su mundo, y él tampoco puede hacer nada.

Éstas no son las únicas aventuras de Julio como contactado del más allá. Aparte de estos seres misteriosos, Julio ha estado en varias ocasiones en contacto con naves de otros mundos y con sus tripulaciones. Pero sobre todo me contó algo que es de un gran interés para la temática general de este libro y que veremos aflorar de nuevo en capítulos posteriores.

Para los desconocedores del tema y para los incrédulos sistemáticos es algo que resta credibilidad a todo este asunto, pero para los que hace años andamos en esto, es algo que, por el contrario, la acrecienta.

Julio me contó con gran reserva que en dos ocasiones ha sido forzado a tener actos sexuales con mujeres extrañas, que aunque se parecían mucho a las humanas, no eran sin embargo exactamente como ellas. Uno de estos incidentes que se produjo en lo alto de una montaña, tiene algún parecido con el caso clásico de Vilas Boas, en Brasil, aunque en el caso de Julio todo sucedió fuera y no dentro del OVNI.

El lector podrá pensar que todo esto son fantasías, pero Julio tiene testigos, si no para probar que todos los detalles de lo que dice son absolutamente ciertos, sí para atestiguar que los OVNIS pasan a escasos metros del techo de su casa cuando él dice que van a pasar y algunos otros hechos extraños. Su mujer y dos de sus hijas así me lo atestiguaron y me describieron cómo era el objeto que pasó a cámara lenta a muy pocos metros de la azotea de su casa. Otros vecinos pueden atestiguar lo mismo.

En cuanto a los «muñecos» de la caja, todavía queda algún sesentón que se acuerda de ellos. Dos años más tarde de haber recibido estas confidencias de Julio consulté mi libreta de notas, donde tenía apuntados los datos concretos que él me había dado. Allí estaba el nombre de uno de sus amigos de la infancia que había visto en varias ocasiones cómo él sacaba aquellas criaturas de la caja. Julio sabía que vivía en un barrio específico de una ciudad distante como unos sesenta kilómetros, y me dio un detalle concreto por el que se podía localizar. Me dijo que él había perdido todo contacto con esta persona desde hacía muchos años, pero yo me decidí a buscarlo y corroborar así tan extraña historia.

Me tomó casi un día entero dar con el, pero por fin lo encontré. Le hablé de su infancia, de su pueblo natal y de Julio.

En cuanto se lo nombré y le pregunté si recordaba el circo que montaba, sonrió y moviendo la cabeza con un ademán de incredulidad dijo rotundamente:

—Aquel cabrón no sé cómo lo hacía.

—Pero ¿qué hacía? —dije yo.

—Tenía una caja de zapatos de la que sacaba unos monos, que la primera vez que los vi delante de mí, dispensando, me lo hice por los pantalones.

—¿Y se acuerda cómo eran?

—Mire usted. Yo era muy niño. Y me fui muy pronto de aquel pueblo. De eso hace como 50 años y apenas si me acuerdo. De lo que sí me acuerdo es que yo los vi en sólo dos ocasiones, y me dieron tal miedo que por la noche soñaba con ellos y me despertaba llorando y me iba corriendo a la cama de mis padres. Y como esto pasó varías veces ellos me prohibieron andar con Julio.

—Pero ¿cómo eran aquellos monos? —insistía yo.

—No recuerdo bien. Casi no me atrevía a mirarlos. Eran tan altos como yo y feísimos, con unas orejas en punta. Y se movían a una velocidad que a veces desaparecían de la vista. Era como si fuesen eléctricos.

—¿Y qué pasaba con ellos?

—Pues no sé decirle.

—¿Y cómo los podía sacar de una caja de zapatos, si eran tan altos como usted?

—Eso me pregunté después muchas veces. Entonces era tan pequeño que no me lo cuestionaba, aparte del mucho miedo que les tenía. En cambio había otros muchachos algo mayores que le decían que -sacase más. Aunque tampoco debía de parecerles raro lo que hacía.

Apenas si le pude sacar más datos. Pero lo que me contó fue suficiente para convencerme que lo que Julio me había narrado no eran invenciones suyas.

Posteriormente, después de haber escrito las líneas anteriores y en el mismo país en que reside Julio, he entrado en contacto directo y asiduo con una persona, gran investigador de estos fenómenos, que me ha corroborado en muchísimos detalles muchas de las cosas que Julio me ha contado, con la particularidad de que esta persona no conoce a Julio ni tiene noticia alguna de las cosas que le han sucedido.

Esta persona, cuya casa está bastante aislada en la montaña, ha visto en muchas ocasiones a unos extraños seres que en líneas generales coinciden con los de Julio; y no sólo los ha visto, sino que ha empezado a tener alguna relación con ellos, a pesar de que le he advertido que a la larga es peligroso para los humanos relacionarse con este tipo de criaturas.

(1) Después de escritas estas líneas me he vuelto a comunicar con esa persona,precisamente para saber cómo le iba en su relación con dichas criaturas. Me ha dicho que tuvo que mudarse de aquella casa, porque en cuanto estaba solo enella, aparecían las criaturas y lo asediaban de tal manera que llegó a cogerles miedo. 

La Granja Humana – texte 3/19

divendres, 27/09/2019

PRESENTACIÓN DE LOS CASOS

Unas breves palabras que sirvan de introducción a la serie de casos que a continuación le
presentaremos al lector.

La mayor parte son producto de mis muchas andanzas e indagaciones por diversas naciones
de América. Excepto el primero, que es un caso histórico, los demás son contemporáneos en
los que yo he interrogado a los testigos y en ocasiones he acudido con ellos a los mismos
lugares en donde habían sucedido los hechos, tratando siempre de llegar al fondo de la
verdad.

La razón de exponerlos es para probar que en la actualidad siguen sucediendo las mismas
cosas que siempre se nos han presentado como «leyendas» o habladurías folklóricas.

Los casos son muy variados como variada es la actuación de estas entidades en nuestro
mundo. De ellos se puede decir lo que de todo el fenómeno: que son contradictorios entre sí;
porque los hay explicables y con cierta lógica, y del todo inexplicables; los hay positivos y
negativos, llegando algunos a ser hasta tiernos mientras que otros son horripilantes. Pero
todos son reales y de ello doy fe.

Sin embargo los casos de ninguna manera son la esencia de este libro, tal como sucede con
otros que tratan del fenómeno OVNI, en los que el autor se limita a presentar los hechos que
conoce dejando al lector sin saber qué pensar ante tan dispares actuaciones.

Al igual que tampoco es el propósito principal de este libro el tratar de convencer al lector de
que los casos son auténticos y de que los hechos no se deben a errores o falsas
interpretaciones, o que «todo proviene de la mente» y que en definitiva el fenómeno es real.
Es una lástima que todavía se siga perdiendo el tiempo en eso y buscando pruebas para
convencer a los inconvencibles.

La esencia de este libro la constituyen las conclusiones a que el autor ha llegado después de
analizar éstos y muchos otros hechos en los cuales no aparece el OVNI por ningún lado y sin
embargo proceden de la misma gran causa de la que proceden los OVNIS, el fenómeno
religioso y muchos otros hechos paranormales que se dan en este mundo.

Privar al fenómeno OVNI de su contenido psíquico, parafísico y hasta trascendente es no
tener idea de lo que es el fenómeno. Lo mismo que creer que los milagros de todas las
religiones son puramente «divinos» sin tener nada que ver con los fenómenos que estudia la
parapsicología, es ser simplemente un pobre fanático; y negarse a admitir que en este mundo
hay muchos hechos extraños que contradicen las teorías científicas más serias, es ser un
miope cerebral aquejado de «ciencifitis».

Presentamos todo este mosaico de hechos extraños e inexplicables para que de una vez por
todas se nos rompa nuestra dura cabeza de «racionalistas puros» contra ellos y nos
convenzamos por fin de que los humanos no somos los señores del mundo y los reyes de la
creación, y de que la Naturaleza y el cosmos son libros en los que tenemos todavía mucho
que aprender.

Caso n.° 1
EL DOCTOR TORRALBA
Comenzamos la presentación de casos con uno del que no puede haber duda ya que
pertenece a la historia del Siglo de Oro español. De él no se ha escrito mucho, pero sí lo
suficiente como para que no queden dudas de la existencia del personaje y de las hazañas
en que su vida se vio envuelta, aunque en la manera de explicarlas discrepamos bastante de
las conclusiones de los historiadores que han tratado el tema.
El principal testigo de la existencia de este individuo es nada menos que Cervantes, quien
hace decir a Don Quijote, subido a su Clavileño:

«Acuérdate del verdadero cuento del Licenciado Torralba a quien llevaron los diablos en
volandas por el aire, caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma
y se apeó en Torre de Nona… y vio todo el fracaso, asalto y muerte de Borbón, y por la
mañana estaba de vuelta en Madrid ya, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual
asimismo dijo que cuando iba por el aire mandó el diablo que abriese los ojos y los abrió y
se vio tan cerca a su parecer del cuerpo de la Luna que la pudiera asir con la mano y que no
osó mirar a tierra por no desvanecerse.»
En efecto, Cervantes, permitiéndose alguna licencia literaria o inexactitud histórica al explicar
los hechos, se refiere al doctor Eugenio Torralba, famoso médico español del siglo XV-XVI,
quien después de haber vivido en Roma bastantes años y después de haber ganado allí
gran fama por sus artes curatorias, se trasladó a la Corte española y se relacionó con toda la
nobleza y con las altas jerarquías eclesiásticas, a las que siempre les ha gustado mucho
codearse con los poderosos.
Era natural de Cuenca y a su vuelta a España pasó la mayor parte del tiempo en Valladolid,
en donde mayormente radicaba la corte ya que Madrid aún no se había afianzado como
capital de España.
Allí era famoso no sólo por las extraordinarias curaciones que hacía, sino por un extraño
amigo que tenía, llamado Zequiel, del que corría la voz que no era un ser de este mundo.

He aquí cómo lo describe Marcelino Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos
españoles:
«… se le apareció al doctor como Mefistófeles a Fausto, en forma de joven gallardo y blanco
de color, vestido de rojo y negro y le dijo: “Yo seré tu servidor mientras viva.” Desde
entonces le visitaba con frecuencia y le hablaba en latín o en italiano y como espíritu de bien,
jamás le aconsejaba cosa contra la fe cristiana ni la moral; antes le acompañaba a misa y le
reprendía mucho todos sus pecados y su avaricia profesional.

Le enseñaba los secretos de plantas, hierbas y animales, con los cuales alcanzó Torralba
portentosas curaciones; le traía dinero cuando se encontraba apurado de recursos, le
revelaba de antemano los secretos políticos y de Estado, y así supo nuestro doctor, antes de
que aconteciera, y se los anunció al cardenal Cisneros, la muerte de Don García de Toledo
en los Gelves y la de Don Fernando el Católico y el encumbramiento del mismo Cisneros a
la regencia y la guerra de las comunidades.

El cardenal entró en deseos de conocer a Zequiel, que tales cosas predecía; pero como era
espíritu tan libre y voluntarioso, Torralba no pudo conseguir de él que se presentase a fray
Francisco (Cisneros).»
(Es de notar qué ya en el nombre que se atribuía a sí mismo el misterioso personaje se da el
primer paralelo entre él y los «extraterrestres» de nuestros días, que de ordinario escogen
para sí mismos nombres que se parecen a algún personaje famoso o a algo relacionado con
el contactado. En la España del siglo xvi había que estar muy claro en cuanto a ortodoxia y
sobre todo en cuanto a carencia de trato alguno con el demonio ya que la Inquisición
amenazaba, y no de broma, con sus santas mazmorras. El nombre «Zequiel» se parece
mucho a uno de los cuatro profetas mayores — Ezequiel— y al mismo tiempo recuerda en
su desinencia los de los arcángeles, con los que Zequiel daba la impresión de querer ser
relacionado, para huir de toda posible relación con Satanás.)
La descripción que el doctor Torralba hace de Zequiel, coincide con lo que muchos de los
modernos «contactos» nos dicen de los personajes que los visitan o que los transportan en
sus naves. Uno de los rasgos físicos más notables de Zequiel era el ser muy blanco y muy
rubio, cualidades casi normales en los «extraterrestres buenos» de hoy día, ya que los
«extraterrestres malos» suelen ser descritos mucho más frecuentemente por los «contactos»
como feos, cabezones y de piel oscura o de colores raros.
El primer contacto del doctor Torralba con Zequiel fue más bien indirecto, ya que se
comunicaba con un fraile de la Orden de Santo Domingo, que vivía en Roma, y al que se le
aparecía de ordinario en fechas relacionadas con las fases de la Luna. Un buen día, el fraile
le preguntó a Zequiel si tendría inconveniente en tomar bajo su protección al doctor Torralba
—a quien el dominico le estaba muy agradecido pues lo había curado de una molesta
enfermedad— y Zequiel le contestó que no tendría inconveniente y desde entonces quedó
sellada la amistad que los uniría por toda la vida,
Por supuesto, durante toda la vida de Torralba, porque Zequiel, a juzgar por sus
manifestaciones, continuaría viviendo aún por mucho tiempo después de la muerte de su
protegido, lo mismo que había vivido por mucho tiempo antes de que él hubiese nacido.
Como ya hemos visto, Torralba, a causa de sus muchos conocimientos de medicina, tenía
abiertas todas las puertas de la Corte y su fama llegaba hasta el extranjero, de donde venían
a curarse con él. En 1525 fue nombrado médico de la Corte de Doña Leonor, reina viuda de
Portugal, pero su estancia en aquel país duró poco, aunque el tiempo que estuvo hizo
maravillas.
Y no sólo por sus conocimientos en medicina era Torralba famoso, sino por lo mucho que
sabía de teología, que por aquellos años alcanzaba en España un gran florecimiento.
Gustaba de discutir los tópicos teológicos con distinguidos profesionales, frailes en su
mayoría, a pesar de que él era laico y no se había distinguido por sus estudios en esa
disciplina.
Zequiel instruía al doctor en toda suerte de cosas y a veces no sólo a él sino a otros amigos
que se lo pedían, aunque muy raramente se dejaba ver de ellos. En una ocasión, un tal
Camilo Ruffini, natural de Nápoles, le pidió a Torralba que le dijese a Zequiel que le diese
una fórmula para ganar en el juego. Zequiel, que en otras ocasiones se había negado
rotundamente a semejante cosa, en ésta accedió y le dio una especie de fórmula que
consistía en unas letras cabalísticas; jugó Ruffini con ella y ganó la no pequeña cantidad de
cien ducados. El mismo Zequiel le aconsejó que no jugase al día siguiente, porque era Luna
menguante y perdería.
En Roma, Torralba gozaba de gran amistad con no menos de diez cardenales, y varios de
ellos acudieron en más de una ocasión a él para que intercediese con su protector en favor
de ellos.
Un detalle curioso es que Zequiel reprendía a su protegido porque éste cobraba, y no poco,
por las curaciones que hacía, valiéndose de los conocimientos que él le había dado. Le
decía que no debería cobrar, pues a él no le había costado nada adquirir esos
conocimientos. Al mismo tiempo, lo censuraba cuando lo veía triste por falta de dinero. Sin
embargo, curiosamente, después de estas reprensiones, Torralba solía encontrar en su
cama o en algún lugar inesperado, cantidades de monedas  que le servían para salir de los
aprietos financieros en los que se encontrase.

Con el paso de los años, la confianza de Torralba en su protector y la superioridad que en él
fue desarrollándose, lo llevó a mantener menos en secreto sus extrañas relaciones, al
mismo tiempo que se atrevía a cosas mayores sin preocuparle que ello fuese a levantar
sospechas en la Inquisición acerca de la identidad de su misterioso amigo.
Como nos decía don Marcelino, con frecuencia hacía predicciones de sucesos que luego
resultaban exactas. Uno de los episodios que más puso en guardia a los inquisidores fue la
detallada descripción que hizo del famoso «Saco de Roma» que ocurrió el 6 de mayo de
1527. Torralba, ante un grupo de admirados hombres importantes de la Corte en Valladolid,
describió minuciosamente los detalles del saqueo y hechos tan importantes como el degüello
del Condestable de Francia, Carlos de Borbón, y el encarcelamiento del Papa en el castillo
de Santángelo. Preguntado que cómo lo sabía, dijo con toda tranquilidad que «porque él
había estado allí».
Cuando tras varias semanas llegaron las noticias oficiales a la Corte, confirmando todos los
detalles que el doctor Torralba habíadado, la Inquisición se sintió obligada a llamarlo a
declarar. Éste fue el inicio de todos sus males. Fue encarcelado y tras tres años de prisión,
en los que se preparaba el acta de su proceso —la administración de la justicia era entonces
tan lenta y tan mala como en nuestros días— fue sentenciado a sufrir tormento, volviéndose
entonces contra él o abandonándolo todos sus amigos eclesiásticos y de la Corte, algunos
de los cuales, como el cardenal Volterra y un general de cierta Orden religiosa, le habían
suplicado en años anteriores que les cediese la protección de Zequiel.

Y como vimos, hasta el cardenal Cisneros le había pedido en cierta ocasión que le
presentase a Zequiel, cosa a la que éste se negó. Se ve que conocía mejor que Torralba a
los políticos y a los jerarcas eclesiásticos.
La manera como el doctor Torralba explicaba sus viajes se asemeja mucho a lo que algunos
contactos modernos nos dicen, y muchísimo a lo que leemos de las brujas. En una ocasión,
en 1520, estando en Valladolid, le dijo a don Diego de Zúñiga su gran amigo —otro peje
noble que luego fue el que lo denunció a la Inquisición— que él se iba a ir a Roma «por los
aires, cabalgando en una caña y guiado por una nube de fuego», cosa que en efecto hizo,
ya que al día siguiente de decir esto estaba en Roma.
Mucho más interesante fue la descripción de cómo hizo el viaje de ida y vuelta de Valladolid
a Roma, en 1527.

He aquí cómo lo cuenta Menéndez Pelayo:
«Salieron de Valladolid en punto de las once, y cuando estaba a orillas del Pisuerga, Zequiel
hizo montar a nuestro médico en un palo muy recio y ñudoso, le encargó que cerrase los
ojos y que no tuviera miedo, le envolvió en una niebla oscurísima y después de una
caminata fatigosa, en que el doctor, más muerto que vivo, unas veces creyó que se ahogaba
y otras que se quemaba, remanecieron en Torre Nona y vieron la muerte del Borbón y todos
los horrores del saco. A las dos o tres horas estaban de vuelta en Valladolid… Antes de
separarse, Zequiel le dijo al doctor: “Desde ahora deberás creerme cuanto te digo.”»
Sería demasiado largo transcribir todos los pormenores de la vida del doctor Torralba. En los
anales de la Inquisición, en donde se narra todo su proceso, hay muchos otros detalles que
nos dan derecho a ver en él a un auténtico «contacto» del siglo xvi.

Naturalmente, las circunstancias en que él vivió son las que condicionan su descripción de
todo el fenómeno, con ausencia de detalles técnicos de instrumentos, aparatos o vehículos
espaciales. En cambio sí se hace curioso el uso de un palo para cabalgar sobre él, que
lógicamente tenía que resultar tan sospechoso para los inquisidores, como el uso de
fórmulas cabalísticas o la relación con las fases de la Luna, y hasta la aparición repentina de
un pequeño ser, sucedida a instancia de Zequiel en Madrid. De todos estos detalles
podríamos hablar mucho, pero no es éste el lugar para hacerlo.
Por supuesto que la ciencia oficial (en este caso representada por el famoso psiquiatra
español doctor López Ibor) no cree que los hechos narrados por el doctor Torralba y
admitidos por la Inquisición sean verdaderos, y de hecho le llama a Torralba «gran
embustero y loco» y dice de él que eso les sucede a los que «mienten mucho en diferentes
tiempos», añadiendo que lo hizo por «necios caprichos o locuras perniciosas».
Discrepamos radicalmente del doctor López Ibor. Una vez más la ciencia, por sus mismos
principios parciales y en cierta manera miopes, se autolimita incapacitándose para poder ver
la realidad. Ésta es la razón por la que repetidamente sostengo que hay ciertos campos en
los que los investigadores tienen que seguir sus indagaciones sin preocuparse demasiado
de lo que la ciencia oficial diga, ya que ésta lógicamente será la última en enterarse de cuál
es la realidad. La psiquiatría, en concreto, dará un paso trascendental cuando se entere de
cuál es la realidad que hay detrás de los hechos descritos por el doctor Torralba.
Si él fuese el único en contar semejantes cosas yo sería el primero en atribuir todas sus
narraciones a pura fantasía. Pero a lo largo de la historia y en nuestros mismos días ha
habido y hay innumerables hombres y mujeres que nos cuentan cosas semejantes. Y
muchos de ellos, al igual que Torralba, tienen pruebas para demostrar que lo que dicen es
verdad. Lástima que en muchas ocasiones la ciencia prejuiciada no tenga oídos para
analizar esas pruebas.
Por aquellos mismos años, en tierras de Navarra y La Rioja se decían cosas muy parecidas
de un eclesiástico, el cura de Bargota, cerca de Viana,
«que hacía extraordinarios viajes por el aire, pero siempre con algún propósito benéfico o de
curiosidad, como por ejemplo el de salvar la vida a Alejandro VI contra ciertos conspiradores,
el de presenciar la batalla de Pavía, etc., todo con la ayuda de su “espíritu familiar” cuyo
nombre no ha llegado hasta nosotros».
Y para que el lector vea que semejantes hechos no son puras habladurías fruto de la mente
calenturienta del pueblo, le diremos que el año 1527, un año antes de la prisión de Torralba,
la Inquisición de Navarra celebraba un juicio contra veintinueve brujas a las que condenó por
delitos de hechicería, entre los que estaba el «volar por los aires».

Y vea el lector lo que el sesudo Menéndez Pelayo dice al respecto:
«El juez pesquisidor quiso certificarse de la verdad del caso y ofreció el indulto a una bruja si
a su presencia y a la de todo el pueblo se untaba y ascendía por los aires, lo cual hizo con
maravillosa presteza, remaneciendo a los tres días en un campo inmediato.»
Es decir que según las actas, se elevó realmente por los aires y por allá anduvo nada menos
que tres días. Pero en vez de estudiar seriamente cómo podía realizar semejante proeza o
en vez de darle por ello una medalla como a la primera mujer astronauta, el fanatismo de
aquellos jueces hizo «que las brujas fueran condenadas a azotes y cárcel de resultas de
toda aquella barahúnda».

Para los jueces o para don Marcelino, elevarse por los aires únicamente era «una
barahúnda». Así procede la ciencia prejuiciada y así ha procedido y sigue procediendo la
justicia en nuestros días cuando los jueces están imbuidos de principios religiosos fanáticos.
Y las brujas navarras tuvieron suerte, porque algunas de Zaragoza «fueron relajadas al
brazo secular (es decir, fueron quemadas vivas), en 1536, tras larga discordia de pareceres
entre los jueces».
El lector pensará que todas éstas son «historias» en el sentido peyorativo de la palabra.
Pero debe saber que en nuestros días sigue sucediendo lo mismo, aunque naturalmente no
pasen cosas así todos los días y precisamente donde él está.
Yo para poder ver algo por el estilo tuve que tomarme el trabajo de viajar hasta el centro de
Portugal, en Ladeira do Pinheiro, en donde la vidente María da Conceiçao se había ya
elevado en el aire en no menos de dieciséis ocasiones, perdiéndose en algunas de ellas
entre las nubes, en presencia de cientos de devotos que rezaban fervientemente el rosario.
Yo no fui tan afortunado como para ver tamaño prodigio, pero sí pude ver cómo comenzaba
a elevarse en el aire hasta una altura como de medio metro, pasándose en seguida a una
silla en la que estuvo en trance unas dos horas.
Y en el campo de la ovnística, es famoso el caso de un paracaidista que tras haberse
lanzado de su avión tardó tres días en llegar a tierra, sin poder recordar dónde había estado
en todo aquel tiempo.
En los capítulos finales de este libro, el lector encontrará a modernos doctores Torralba con
sus correspondientes «Zequieles».

Pero para describir sus biografías no tendré que acudir a ningún historiador, porque yo
mismo he sido testigo directo de sus increíbles hazañas.

La Granja Humana – texte 2/19

divendres, 27/09/2019

LOS DUEÑOS VISIBLES DE ESTE MUNDO

Puesto que en todo este libro vamos a hablar de los dueños invisibles de este mundo, creo
será oportuno hablar antes de sus dueños visibles, que en un aspecto no son más que
marionetas de los invisibles.

Sería un infantil error creer que todo lo que pasa en nuestro mundo está dirigido desde el
«más allá», por «divinas providencias» según cree el cristianismo o por algún tipo de espíritus
entrometidos a los que por razones desconocidas les gusta entremezclarse con las vidas y las
actividades de los humanos. El quehacer diario de los hombres y de las naciones lo forjan una
serie de personajes de los que nos ocuparemos en este capítulo.

Esto no quiere decir que en determinadas ocasiones tal o cuál suceso, que aparentemente se
debe a causas humanas perfectamente conocidas, no tenga otras completamente distintas de
las aparentes. Pero, hablando en general, podemos decir que las cosas de cada día suceden
por causas humanas, en las que el hombre actúa libremente pudiendo haber actuado de una
manera completamente diferente.

Algo por el estilo se puede decir de la marcha de la historia. Sin embargo, en este particular
ya no podemos ser tan tajantes, pues cuando los acontecimientos se magnifican o a medida
que éstos son considerados durante un período mayor de tiempo, el hombre pierde dominio
sobre ellos y la marcha de la historia se hace errática. El hombre parece tener dominio sobre
un acontecimiento o varios concatenados; pero, a la larga, la marcha de la historia
pareceobedecer a leyes que se escapan a su voluntad. Ésa es competencia de los dioses,
que lejos de darle protagonismo al hombre lo convierten en animal de granja; o, mejor, en
soldado de filas: le dan una espada o un fusil y lo ponen a matar por una causa sagrada a sus
hermanos o a los animales o a todo lo que se ponga por delante. Esa ha sido la larga,
estúpida y triste historia de la Humanidad.

Pero volvamos a los forjadores de la historia diaria; a los dueños visibles de este mundo; a
los causantes de las infantilidades y los horrores que los periódicos del mundo entero recogen
con prontitud y nos presentan con alborozo todas las mañanas en sus primeras planas.

Podríamos dividirlos en cuatro clases: políticos, militares, maníacos del dinero y fanáticos
religiosos. Examinémoslos uno por uno.

Los políticos son unos maníacos del poder puro. No gustan de las armas ni de la violencia
física, pero les gusta mandar. Les encanta ser vistos, ser tenidos en algo, ser consultados.
Por eso se derriten de gusto ante las cámaras de televisión o ante un micrófono. Tienen por lo
general personalidades psicopáticas; sienten que les falta algo dentro de sí y por eso quieren
vivir en olor de multitudes. Temen y aman a los periodistas porque éstos tienen el poder de
destruirlos o de convertirlos en ídolos de la sociedad. Y a su vez los periodistas —inclui-dos
los directores de los diarios— tienen debilidad por los políticos, porque son como los bufones
nacionales que les proporcionan gratis todos los días noticias frescas con las que llenar las
páginas que serán devoradas con avidez por la masa de papanatas seguidores de partidos.

Algún día alguien tendrá que hacer un estudio psicoanalítico de la curiosa simbiosis
periodismo-política y más concretamente periodista-político. Se aman y se odian; se necesitan
y se detestan; se construyen y se destruyen mutuamente. Ahí están los recientes casos
«gate»: los políticos engañando a los periodistas y éstos destruyendo a los políticos. Pero a la
larga no pueden vivir los unos sin los otros. Son los amantes de Teruel.

Se ha dicho que el poder corrompe especialmente a los políticos. Pero esta corrupción no se
refiere precisamente al mal uso

o a la apropiación de fondos ajenos, sino al cambio total de mentalidad y costumbres que en
ellos se opera una vez instalados en los puestos en los que se hacen invulnerables.

Se corrompen porque dicen sí a cosas a las que antes habían dicho de entrada que no; se
corrompen porque no cumplen lo que habían prometido y porque usan la demagogia igual que
sus predecesores; y los más encumbrados se corrompen porque pierden por completo el
contacto con el pueblo y ya no defienden tanto los intereses de éste cuanto los propios y los
del partido, y su gran meta se convierte en mantenerse en el poder.

Por eso, viendo la frecuencia con que esta metamorfosis se da en los políticos una vez que
cogen el mando, uno llega a pensar que no es que el poder los deforme, sino que ya llegan a
él deformados.

Pero —buenos o malos— la verdad es que los políticos tienen un enorme poder para torcer o
enderezar los rumbos de la sociedad y aun para hacer feliz o desgraciada la vida de los
individuos.

En las alturas, el político profesional pierde la perspectiva de la sociedad y la ve de una
manera completamente diferente. Le sucede lo que a los que van en avión: desde arriba ven
las cosas de una manera distinta; en cierta manera mejor y en cierta manera peor. No
reconocen los lugares que desde abajo conocen muy bien, porque desde arriba no se ven las
fachadas de las casas; sólo se ven los tejados. Desde las alturas del poder no se ven las
caras de la gente y sus necesidades diarias y concretas; se ven sólo los déficits de los
presupuestos. No se ve al individuo; se ve la sociedad, la nación, el Estado. El hombre
concreto se difumina, se pierde, y el político se olvida de él, flotando como está en nubes de
coaliciones, alianzas, pactos y de luchas para mantenerse en el puesto.

Los políticos que llegan a las grandes alturas organizan con frecuencia viajes rituales de
visitas mutuas, con gran pompa y acompañamiento, ofreciéndose ramos de flores, solemnes
recepciones con pases de revista a filas de pobres esclavos en-fusilados, discursos en
estrados alfombrados, y grandes banquetes. En esto nunca fallan. La parte más importante de
estas visitas de Estado y las serísimas reuniones de trabajo de los grandes estadistas radica
en un gran banquete en el que no se repara en gastos. Ya no se acuerdan de que los que
pagan esos banquetes son sus convecinos; pero ellos hace tiempo que no tienen convecinos,
porque se aislaron del pueblo común y viven en casas apartadas y muy bien custodiadas. Lo
único que tienen es compañeros de partido o de candidatura electoral.

Ellos creen que quien paga esos banquetes es «Hacienda», que es sólo una palabra; y
además ya han tenido la precaución de incluirlos en el «Presupuesto General del Estado» que
son otras tres palabras impersonales.

Los políticos, desde las alturas del poder, se olvidan que lo que los hombres y mujeres de su
nación y los del mundo entero quieren ante todo es paz, pero ellos gastan millonadas en
comprar armas para tener tranquilos a los militares. No se acuerdan de que lo que los
hombres y mujeres piden, después de la paz, es un puesto de trabajo y los políticos destinan
miles de millones a obras suntuarias, a palacios de ópera —para que se deleiten unos pocos
que no trabajan—, a conmemoraciones de descubrimientos, a préstamos a sus amigos
políticos de otros países, mientras millones de hombres concretos, conciudadanos suyos en
otro tiempo y para los que los aniversarios de descubrimientos y las óperas suenan a música
celestial, siguen padeciendo su incultura, arrastrando su desesperanza por las calles de
nuestras ciudades y mendigando mensualmente la limosna estatal. Pero la gente normal no
quiere limosnas; quiere un puesto de trabajo para ganarse su pan.

Los políticos desde sus alturas megalomaníacas no caen en la cuenta de que es un tremendo
error que en una familia se le compre un piano a uno de los hermanos cuando hay otro que no
come lo suficiente. Hace años hice un terrible descubrimiento, una tarde gris, a la puerta de
las Naciones Unidas en Nueva York, después de una gran recepción de gala: salían los
embajadores de las diversas naciones, y cuanto más miserable era el país que representaban,
más elegante era el «Cadillac» de su embajador.

Es cierto que los políticos no son los dueños totales de este mundo y tienen que compartir el
poder con los otros miembros de la «fraternidad negra» —como dicen los esotéricos—, pero
¡cuánto mejor irían las cosas si llegados al poder no se deshumanizasen tanto!

Analicemos ahora a los militares, los segundos dueños visibles de este mundo.

Los militares son los sucesores de los hombres de las cavernas, pero uniformados. Al
contrario que a los políticos, les encanta la violencia. Creen que todo se puede arreglar a
golpes. Les fascinan las armas, su juguete favorito, y se pasan la vida pidiéndoles a los
políticos que les den más. Y éstos dedican una enorme cantidad de dinero del pueblo a
comprarles armas de las que lo mejor que se puede esperar es que no sirvan para nada,
porque si sirven será para hacer la guerra o para matar al propio pueblo que las pagó. Los
políticos se las dan a regañadientes, pero piensan que así estarán tranquilos en sus cuarteles,
jugando con ellas, olvidados de alzamientos y rebeliones, y los dejarán a ellos jugar a sus
escondites políticos.

En un principio, los militares profesionales aparecieron en las sociedades para defenderlas de
sus enemigos externos. Pero como hoy ya casi no hay enemigos externos que amenacen con
invadirnos, y como ellos siguen conservando el mismo instinto primario de violencia y pelea,
vuelven sus energías hacia dentro y cada cierto tiempo caen en la tentación de apalear a sus
conciudadanos. En vez de ser los defensores de la paz son una amenaza constante contra
ella. En una democracia moderna la gente tiene más miedo a los militares de dentro que a los
enemigos de fuera. Y en caso de que surgiese alguno, los militares llamarán a los
universitarios, a los obreros y a los campesinos, les pondrán un fusil en las manos y los
mandarán a pelear. Y seguirá siendo verdad la vieja copla:

La bala que a mí me hirió también rozó al capitán. A él lo hicieron comandante y a mí… para
el hospital.

Los militares tienen de ordinario una visión simplista de la patria, de la moral y de la vida toda,
y tienden a aplicar los estilos y el talante del cuartel a la vida familiar y social, sin caer en la
cuenta de que el espíritu castrense tiene la imaginación castrada y anda a contrapelo de la
fraternidad humana. El estilo castrense es sólo bueno para el cuartel, pero es funesto para la
sociedad. Acaba con la creatividad y hasta con la cultura, y termina engordando sólo a unos
cuantos vivales con galones o sin ellos.

Cuando los abusos y errores de los generales-ministros, el descontento ciudadano y las
enormes deudas externas hacen tambalear el régimen castrense, los militares,
patrióticamente, entregan el poder y se refugian en los cuarteles. Pero ni aun asídejan de
amenazar con volver a coger el garrote. Ése ha sido el triste espectáculo de casi todas las
naciones sudamericanas en los últimos cincuenta años.

El poder de los militares no es sutil como el de los políticos. El poder de los militares es
fuerza bruta. Son las balas que perforan la blanda carne humana y son los cañones que
destruyen hogares o las bombas que borran ciudades del mapa. Los políticos tratan de
convencer, aunque lo traten mintiendo, pero los militares no. Los militares ordenan, porque
ellos se sienten el orden y la ley, y el que no piense como ellos está equivocado, es comunista
y por lo tanto hay que silenciarlo como sea.

Por eso, cuando ellos tienen el poder está prohibido pensar libremente. Se puede pensar,
pero siempre dentro de los parámetros castrenses.

Con el dinero que los militares del mundo entero gastan cada año en comprar y mantener
armamentos, y con el dinero que los Gobiernos de todo el mundo gastan en pagar a los
militares (que lo mejor que pueden hacer es no hacer nada) se podría acabar con la pobreza
que padecen tantos millones de personas en el mundo y se podría elevar enormemente el
nivel de vida de los ciudadanos de todos los países. Pero en este particular la Humanidad no
ha superado la época de las cavernas y tiene una mentalidad troglodítica en la que el garrote
y la violencia son una necesidad y una manera habitual de convivencia.

Sobre este atribulado planeta pesan como una losa los grandes y pequeños «Pentágonos»,
dirigidos por auténticos maníacos de la violencia, que ya no sólo amenazan la paz de sus
propios países, sino la del mundo entero con sus bombas de neutrinos y sus guerras de las
galaxias. Su paranoia bélica ha llegado a tal punto que, alentada por la imbecilidad de los
Reagans y de los Gorbachovs de turno, se ha atrevido a poner sobre las cabezas de todos los
habitantes del planeta verdaderos monstruos apocalípticos, que vagan silenciosos por el
espacio y que en cualquier momento pueden caer del cielo sembrando la muerte sobre
millones de inocentes. La esquizofrenia de unos pocos dementes ha revivido el viejísimo mito
del maná divino, convirtiéndolo en una lluvia infernal.

La enfermedad que padecen estos maníacos de la violencia es actualmente la principal
amenaza de la Humanidad. Mientras existan individuos que creen que la mejor manera de
arreglar las cosas es a golpes y matando, la Humanidad seguirá enferma de angustia.

Pasemos a otros «señores del mundo»: los maníacos del dinero. Son de dos clases: los
legales y los ilegales.

Los ilegales tienen menos poder en cuanto a gobernar el mundo; más bien contribuyen de
una manera indirecta a aumentar el caos reinante. Son los chulos de gran estilo que quieren
vivir a costa de la sociedad y se organizan en mafias financieras y en grupos secretos que
chantajean y estafan a la sociedad de mil maneras diferentes, con el solo fin de conseguir
dinero y vivir bien. A veces lo hacen a lo grande y profesionalmente, y a veces por la libre y en
pequeña escala.

Por culpa de unos y de otros vivimos entre rejas, la sociedad tiene que gastar millones en
policías y guardias, se arruinan empresas y hay atracos en todas las esquinas de las grandes
ciudades.

Si estos gángsters disfrazados de personas honorables llegan en alguna parte a conseguir el
poder político —tal como ha sucedido en algún gran país latinoamericano—, entonces el
asesinato, la extorsión, el peculado y toda suerte de crímenes se convierten en el pan nuestro
de cada día, practicado por las dignísimas autoridades, y en todo el país comienza a sentirse
una profunda angustia y un olor a podrido.

Pero de ordinario estos chulos de la sociedad no suelen ambicionar el poder político y en
cuanto consiguen el dinero lo mandan a Suiza —el país-cloaca que vive de encubrir a todos
los grandes ladrones del mundo— y se van a calentar sus barrigas al sol de Miami.

Algún día habrá que instituir la pena de muerte para es-tas sanguijuelas que viven voluntaria
y conscientemente de exprimir la sangre a sus conciudadanos.

Pasemos a los maníacos del dinero legales, que en buena parte son tan perniciosos como los
ilegales. Suelen estar parapetados en los grandes Bancos, grupos, trusts, holdings,
financieras, etc., y desde sus lujosos despachos acristalados, en lo alto de los rascacielos,
manejan con unos hilos sutilísimos pero muy eficaces el gran «guiñol» de la política nacional e
internacional. Los políticos, muy serios, gesticularán, harán declaraciones o bailarán, según
estos mefistófeles financieros les tiren de los hilos.

A veces, cuando quieren ayudar a uno de ellos porque lo ven más útil para sus intereses, lo
empinan desde abajo con préstamos abundantes, para que sea más visto y tenga ocasión de
gritar más y convencer a un mayor número de borregos electores. Y si no gana en las
elecciones, los buenos y generosos banqueros son capaces de no cobrarle intereses por el
préstamo. Porque los hombres de la Banca, a pesar de ]o mucho que los critican, también
tienen su poquito de corazón.

La relación entre la política y la Banca es, a pesar de las apariencias, mucho mayor de lo que
parece. Los políticos tratan de no hostigar demasiado a la Banca para que ésta pueda hacer
sus negocitos con paz de espíritu (y en los lugares donde las cosas están más corruptas, para
que ésta les devuelva en metálico sus «permisos» y su laissez faire). Y a su vez la Banca
financia con intereses tolerables —los normales son intolerables— las campañas de los
políticos, y sobre todo los acoge en su seno cuando un golpe infausto de la suerte los
desbanca del poder y tienen que abandonar lo que irónicamente se llama el «servicio público».
Los despachos de los grandes Bancos suelen ser el puerto seguro en el que finalmente han
recalado muchas veces naves políticas rotas. Las buenas acciones de los políticos, el Señor
las suele recompensar con buenas acciones bancarias.

Para los maníacos organizados del dinero lo más importante en el mundo es acrecentarlo.
Que a causa de sus exigencias una nación vaya al caos o una empresa o individuo se
arruinen, eso les tiene sin cuidado a los grandes mogoles de las finanzas. Lo único que
cuenta para ellos son los dividendos y por eso están muy atentos a los buenos negocios. La
docena de guerras que hay en la actualidad en este loco planeta son una auténtica mina de
oro para los traficantes de armas, y la Banca, aconsejada por políticos y militares, financia a
todos los bandos para que no se termine el negocio aunque la gente siga muriendo. Y si se
terminase están dispuestos a prestarles dinero para que entierren decentemente y según los
ritos sagrados a sus muertos.

Desgraciadamente para ellos, se les acabó el pingüe negocio de décadas pasadas, que
consistía en prestar dinero en condiciones abusivas a naciones subdesarrolladas en las que
gobernaban políticos rapaces. Los banqueros prestaban aun a sabiendas de que aquel dinero
endeudaba aún más a la nación porque iba a parar a las cuentas privadas de los presidentes,
ministros y generales ladrones que tanto han abundado en la historia reciente de los países
en desarrollo. Los gobernantes patriotas y decentes que han heredado esas deudas de
ignominia harán muy bien en no pagar un dinero que unos políticos ladrones le robaron a
unos banqueros estafadores.

Los grandes Bancos se parecen a los buitres carroñeros: cuanto más carne podrida hay, más
gordos están. Engordan a costa de las empresas «ejecutadas», de la esclavitud de los
acreedores acogotados por sus intereses desmedidos y de no se sabe qué turbios manejos
financieros que producen la inexplicable paradoja de que cuando la economía nacional está
por los suelos las ganancias de los grandes Bancos están boyantes. Y ahí están los
periódicos y las estadísticas para probarlo.

Los pequeños Bancos que se arruinaron fue porque se pasaron de listos y cayeron en las
propias trampas que ellos les habían puesto a sus clientes.

Y por fin enjuiciemos al último miembro de la «fraternidad negra»: los fanáticos religiosos.

No hay en el mundo cosa que haya separado más a los humanos y que los haya hecho
pelear y odiarse tanto como las religiones.

Aunque los líderes de las diversas religiones se jactan de que lo que todas ellas predican en
el fondo es el amor y la justicia, y por lo tanto contribuyen a la unidad del género humano, los
hechos a lo largo de los siglos nos dicen todo lo contrario: la historia está tejida de guerras
ocasionadas pura y simplemente por la religión.

Además predican el amor y la justicia cada uno a su manera; los predican rodeados de una
serie de circunstancias diferentes que impiden que ese amor y esa justicia se extiendan a
todos los hombres.

Las religiones son creencias y ritos ideados por ciertos individuos que oyeron o creyeron que
oían voces del más allá, que les dictaban lo que los hombres tenían que hacer para
«salvarse». Todas las religiones sin excepción provienen de apariciones de entidades
celestiales de las que alguien fue testigo. Es decir, las religiones no provienen del hombre,
sino de fuera del hombre, de algo o de alguien que se la impuso al hombre haciéndole creer
cosas y practicar ritos que en muchas ocasiones van contra un elemental sentido común.

Y el vidente-fundador, como un niño, creyó las tonterías que le dictaron y organizó toda su
vida y la de sus seguidores en función de estos «mandamientos» venidos de un «más allá»
nebuloso.

Las religiones juntan a grupos de hombres al hacerles creer las mismas cosas y al propio
tiempo los separan de otros que creen en «dogmas» diferentes. Y como cada uno de los fieles
de una religión cree poseer toda la verdad y ser el fiel seguidor de la voluntad de Dios, mira a
los otros que no creen igual como a sospechosos y enemigos de Dios, v en otros tiempos se
sentía con el derecho y la obligación de perseguirlos v hasta de matarlos. Porque Dios —el
Dios que él tiene en su cabeza— es el dueño de toda vida. Las religiones engendran un «odio
santo» al pecado y como consecuencia a los pecadores que lo cometen.

En tiempos pasados los reinos e imperios eran con frecuencia teocráticos; el rey era al mismo
tiempo sacerdote o estaba investido de algún poder sagrado. Dios lo bendecía especialmente
y él se sentía como su representante, lo cual lo facultaba para hacer lo que le diese la gana.

Hoy día, si bien esta situación sigue dándose en los países menos desarrollados, en
Occidente ya pasó a la historia y los jefesreligiosos son una casta aparte de los líderes civiles.
Éstos siguen todavía mostrando cierto respeto farisaico hacia los jerarcas religiosos, pero en
el fondo lo único que les interesa es que no inciten a sus fieles contra las medidas de gobierno.

Los líderes religiosos de Occidente va no pretenden directamente «gobernar» a sus
feligreses, pero dictándoles pautas para «vivir conforme a los mandamientos de Dios» les
gobiernan las vidas de una manera más profunda de lo que lo hacen los gobernantes civiles.
Éstos se quedan en lo externo de las costumbres, mientras que aquéllos van al fondo de las
conciencias.

En los países subdesarrollados, la fuerza que tienen los líderes religiosos es enorme y
funesta. Sin armas y sin dinero, basándose únicamente en amenazas y promesas referentes a
la otra vida, tienen un poder total sobre las vidas de las pobres gentes. En gran parte el
subdesarrollo de esos países y su falta de progreso se debe precisamente a los
mandamientos de sus respectivas religiones que no les dejan usar su mente con libertad. Y en
muchas ocasiones las religiones «predicadoras de la paz» son precisamente las causantes de
que no la haya. El infierno que es en la actualidad el Oriente Medio es la mejor prueba de lo
que estoy diciendo.

«Irán e Irak se destrozan mutuamente con una santa ferocidad inspirada por Alá, superando
ya la espantosa cifra de medio millón de muertos. Irak por vengar viejas ofensas patrias de los
iraníes y éstos por la extensión de una santa revolución islámica. Drusos y cristianos se matan
animados por un heredado rencor religioso. Los palestinos se aniquilan entre sí por razones
patrióticas entremezcladas con razones religiosas. Siria y Libia colaboran en la guerra santa
contra el Gobierno cristiano del Líbano. Norteamericanos y franceses vuelan por los aires a
impulsos de una dinamita empapada de odio racial y religioso. Y en la base de todo este caos,
y como origen de él, el ciego fanatismo religioso de Israel que un buen día y contra todo
derecho (inspirados por las palabras de Yahvé, ¡pronunciadas hace ya 4.000 años!)
despojaron de su patria a los palestinos, convirtiéndolos en un pueblo errante y desesperado.
De víctimas del salvajismo nazi, los israelíes se han convertido en los nazis del Oriente Medio.

»¿Por qué todo este horrendo infierno del Líbano? Por ideas “sagradas” fomentadas por
líderes religiosos, y defendidas con furor por fanáticos descerebrados, que en vez de usar su
cabeza se dejan llevar por sus sentimientos.» (Defendámonos de los dioses, cap. 9.)

Éstos son los «visibles señores del mundo».

Con tales señores ¿se puede extrañar alguien que la historia humana haya sido el conjunto
de horrores que ha sido, y que en la actualidad, cuando ya nos consideramos poseedores de
una tecnología avanzadísima, tengamos a medio mundo convertido en un volcán de guerras,
con millones de personas pasando hambre, con docenas de especies de animales
extinguiéndose cada año, con lagos, mares y ríos envenenados, y con la mayor parte de los
bosques enfermos por la atmósfera contaminada?

El hombre verdaderamente racional y con sentimientos llora ante tal panorama. Pero «los
visibles señores del mundo», tan tranquilos, siguen adelante con sus «guerras de las
galaxias» o jugando a las «reuniones cumbre» sin que sean capaces de llegar a ningún
acuerdo, inflando artificialmente los intereses y los precios del oro, y hasta emitiendo nuevas
Encíclicas sobre dogmas olvidados, con las que intentan seguir teniendo atontadas las
mentes de los fieles o alentando a los que detonan coches-bomba para defender la gloria de
Alá.

¿Quién nos librará de semejantes señores? Y puesto que no han venido de fuera sino que
son de nuestra propia carne y sangre, será lógico que nos preguntemos: ¿por qué, en cuanto
el ser humano se encumbra, se vuelve un verdugo para sus hermanos y se deshumaniza
tanto?

¿Por qué, aunque entre estos señores los haya rectos y con buena voluntad, las maquinarias
rectoras del mundo, las reglas sociales por las que se gobierna el planeta, las grandes
instituciones internacionales, los mayores centros del saber donde se trazan los nuevos
rumbos de la Humanidad, se han hecho tan egoístas e inhumanos a pesar de sus
pronunciamientos contrarios, y se han olvidado tanto de la paz, la justicia y el amor, que son
los valores fundamentales a los que todo ser humano aspira?

Creo que la solución a tan importante pregunta —aunque la ciencia oficial no lo quiera
admitir— está en lo que diremos en el resto de este libro. Está en los «señores invisibles» de
los que los «visibles» no son más que meros servidores, que lo único que hacen es obedecer
las órdenes que aquéllos les dictan, aunque lo hagan inconscientemente las más de las veces.